Chihuahua

domingo 5 febrero, 2023
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    La revocación de mandato: Ni subestimarla, ni sobrevalorarla, ni personalizarla.

    Por: Horacio Almanza Alcalde para Raíchali

    Fotografía de María Ruíz / Pie de Página

    Chihuahua.- Las conquistas democráticas logradas hasta ahora en el mundo son pírricas, pero son lo que tenemos y nos han ayudado a no hundirnos o regresar a regímenes absolutistas. Desafortunadamente aún persisten no pocas dictaduras y democracias controladas por el gran capital, mientras otros países parecen haber comenzado el camino del totalitarismo, como Hungría, Nicaragua y Turquía. Pero en México no debemos decir de esta agua no beberé.

    La democracia representativa es el sistema político-electoral predominante y el que hasta el momento ha ido de la mano armónicamente con el sistema político-económico prevaleciente, conocido como capitalismo. Hasta regímenes absolutistas como China, Vietnam y Cuba (dos de los cuales he tenido la oportunidad de conocer) se ostentan como sistemas que de una u otra manera representan las aspiraciones de sus gobernados, por ello también cabe sospechar de la capacidad de representatividad de las llamadas democracias.

    Es chocante la idea de que los actuales políticos nos representan y también pocas dudas hay que aspiramos a una profundización de la democracia en la que las personas se involucren protagonicamente en la resolución de sus propios asuntos en tanto colectividades y sociedad con preocupaciones comunes.

    Un camino claro en este sentido es el de la democracia participativa, que en nuestro país no está ni siquiera en pañales.

    Numerosos instrumentos se han puesto en marcha por gobierno y ciudadanía en distintos países y localidades con exitosos resultados. Hay que decir que esto no ha ocurrido sin la férrea resistencia de las clases gobernantes que ven en la democracia participativa la erosión de su poder para seguir actuando con harta discrecionalidad. Los avances existentes son realmente más a pesar de los políticos que gracias a ellos, y si en algún momento se da, su realización debe ser atribuida a las luchas y la presión sociales.

    Estos pasos, sin embargo, son importantes porque constituyen grietas del poder político que abre espacios, que al ocupar y apropiarse de ellos sirve de ejemplo de que las cosas se pueden hacer mejor que bajo el régimen de los partidos.

    Hay ya inclusive casos de democracia directa en México que han mostrado vencer a los desafíos más grandes del presente como la inseguridad del narco, el ecocidio y múltiples flagelos como son, entre otros, los casos de las policías comunitarias de Guerrero, la Comuna de Cherán y los caracoles zapatistas, las tres “casualmente” sustentadas en los sistemas horizontales de gobierno indígenas. Los partidos no quieren que sepamos de esto.

    Sin ir más lejos, la democracia participativa representa una serie de prácticas, valores e instrumentos para que las y los gobernados tengan mayor incidencia en la vida pública, muchas veces con alcances positivos insospechados.

    En México acabamos de vivir un polémico momento con la implementación de la figura de revocación de mandato.

    Como era de esperarse atizó la polarización y fundamentalmente vimos posturas exacerbadas: están quienes la vieron como la evidencia palpable de un excepcionalmente democrático gobierno de Andrés Manuel Lopez Obrador y, por otro lado, para quienes fue una simulación que representa más acumulación de poder y autoritarismo del actual presidente.

    Por ambos lados hay argumentos, unos más sólidos que otros, pero lo cierto es que estas dos posturas irreductibles están encuadradas y atrapadas en la actual coyuntura, como si no hubiera pasado, como si no hubiera futuro.

    Las conquistas democráticas y libertades con que contamos hasta el momento, que posiblemente pasamos desapercibidas, son producto de luchas y grandes sacrificios, y el hecho que agentes de Estado hayan cedido para incorporarlas a la ley, ni es atribuible a ellos, ni en su comienzo gozaron de toda credibilidad y confianza.

    Pienso por ejemplo en la vuelta a la democracia de países que entre los 80’s y 70’s vivieron dictaduras o regímenes títere de los EEUU, como Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, Honduras ó Chile, la lista es más larga. Seguramente el primer experimento democrático post-dictadura fue considerado por muchísimas personas como una simulación, y muy probablemente lo fue de alguna manera.

    Ciertamente, por ejemplo, existía mucha continuidad del régimen de Augusto Pinochet al de Patricio Aylwin, pero a la postre ese paso permitió que personas y proyectos como los de Michelle Bachelet y ahora Gabriel Boric llegaran al poder, que si bien y como dirían varios compañeros radicalillos, ese “No es el camino”, pero ciertamente representan una diferencia considerable respecto sus políticos de ultraderecha y esa diferencia es palpable en la vida de innumerables personas y familias.

    En otras palabras, ese mecanismo político electoral (que en su momento fue visto como simulación) fue reapropiado por la sociedad a partir de las revueltas estudiantiles y los masivos movimientos que sacudieron Chile, y fue usado de otra manera y con otros fines.

    Considero pues, que las pasiones en uno y otro sentido que levanta Lopez Obrador pasarán. El se irá, otros llegarán, pero el mecanismo de la revocación de mandato permanecerá y podrá ser usado, si se quiere, como advertencia a futuros políticos corruptos, con muchas posibilidades de verse obligados a renunciar por la presión social expresada en la consulta. Quien lo vea como ilusorio, que voltee a ver otros países no muy lejanos. Esperemos que la presión social siga obligando a los políticos a caminar en el sentido de la democracia participativa y que el voto y la revocación de mandato no sean los únicos instrumentos institucionales que tengamos a disposición para poner y quitar políticos, esperemos que el ejercicio de la democracia participativa, y sobre todo directa, continúe y crezca. De cualquier forma estos son logros ciudadanos, no concesiones alegres de los políticos en turno, ni propiedad de un personaje.

    No, quizás ni la democracia representativa ni la participativa “son el camino”, ¿Acaso hay un sólo camino? Quisiera ver quien es la persona con la verdad absoluta para que nos explique cuál es ese camino único. Todo tipo de avance hacia una auténtica desconcentración del poder son caminos válidos en sí mismos, especialmente si vienen desde la base social.

    Termino haciendo un sentido reconocimiento a las personas, colectivos y organizaciones encabezadas por Paquita Jiménez Barrientos que lograron desde la ciudadanía misma que Chihuahua cuente con una excepcional Ley de Participación Ciudadana que bien podría ser referente para una ley equivalente a nivel nacional. Esta ley ya ha dado resultados en Chihuahua, ya permitió echar abajo oscuras propuestas de luminarias, ha dado lugar a varias audiencias ciudadanas en torno a temas sociales y ambientales críticos, y provee de muchos más instrumentos de democracia participativa que están esperando ser puestos en práctica en el estado de Chihuahua, entre ellos el de la revocación de mandato. ¿Daremos ese paso a nivel estatal?

    HORACIO ALMANZA ALCALDE ES ANTROPÓLOGO SOCIAL, PROFESOR INVESTIGADOR DEL CENTRO INAH CHIHUAHUA, ACTIVISTA Y COLABORADOR DE VARIAS ORGANIZACIONES DE DERECHOS HUMANOS.

    Facebook https://www.facebook.com/lacho3

    Twitter @lachochichimeca

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