Chihuahua

miércoles 12 agosto, 2026

Violencia vicaria: el feminicidio silencioso

Frente a una problemática que persiste, el libro “Violencia vicaria: muerte por goteo o feminicidio moral” reúne investigaciones y testimonios que explican los mecanismos de revictimización institucional, los procesos judiciales prolongados y la falta de respuestas efectivas para proteger a víctimas de violencia vicaria

Por Elizabeth Vázquez / Zona Docs

Jalisco– La violencia contra las mujeres continúa representando uno de los principales desafíos en materia de derechos humanos en México. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), siete de cada diez mujeres de 15 años o más han experimentado al menos un tipo de violencia a lo largo de su vida. Entre las distintas manifestaciones de esta problemática, la violencia vicaria ha comenzado a visibilizarse como una expresión particularmente compleja por el daño que ocasiona tanto a las mujeres como infancias y adolescencias.

En Jalisco, la violencia vicaria fue reconocida legalmente en 2024 mediante reformas a la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y al Código Penal del Estado. Sin embargo, para las investigadoras que han documentado este fenómeno, el reconocimiento jurídico representa apenas el primer paso frente a una problemática que continúa atravesando los ámbitos familiar, judicial e institucional.

En ese contexto, surge “Violencia vicaria: feminicidio moral o muerte por goteo”, una investigación colectiva en la que participa la Dra. María Teresa Prieto, coordinadora del Doctorado en Gestión de Paz y Prevención de las Violencias del Centro Universitario del Sur (CUSur) de la Universidad de Guadalajara, junto con el Dr. José Claudio Carrillo Navarro, la activista María del Refugio Reynoso Medina y el investigador Carlos Filiberto Cuellar Dávila.

Especializada en estudios sobre violencia de género y cultura de paz, la Dra. Prieto explica que este proyecto surge ante la necesidad de comprender este fenómeno, que comienza a ser un problema constante y grave dentro del estado de Jalisco: “Somos, se ha denominado, el primer lugar de violencia vicaria en el país. Jalisco desgraciadamente tiene el primer lugar en violencia. Y por eso nos llamó la atención el tema”. 

Aunque el término “violencia vicaria” fue oficialmente acuñado en 2012 por la psicóloga clínica y forense Sonia Vaccaro, durante años permaneció prácticamente ausente del debate público y de las políticas institucionales. La categoría permitió nombrar una violencia que, hasta entonces, era interpretada únicamente como un conflicto familiar común dentro de las discusiones por la custodia de hijas e hijos.

La doctora Prieto explica que esta forma de violencia tiene una característica central: el objetivo no son únicamente las infancias: “es una violencia que se ejerce contra los hijos, pero cuya finalidad es dañar a la madre”. 

Añade, además, que se trata de una violencia de género ejercida específicamente por hombres contra mujeres, donde las hijas, los hijos, otros familiares (e incluso los animales de compañía) pueden convertirse en instrumentos para ejercer control.

“Los progenitores dañan a sus seres queridos, principalmente hijos e hijas, pero también pueden dañar a familiares y hasta mascotas de la mujer. Aquí el objetivo es tener control y dominio de la mujer. Se utiliza a terceros para dañarlos. Por eso dicen que es una violencia por interpósita persona. O sea, te daño a ti, pero te daño lastimando a tus hijos y a lo que tú más quieres”, explica la investigadora.

Advierte también que este proceso no comienza cuando existen disputas legales por la custodia, sino mucho antes, desde las primeras relaciones afectivas:

“Esta violencia la podemos ver desde el noviazgo. Muchas veces, por la romantización del amor, no lo vemos. Decimos: ‘me cela porque me quiere’, ‘me intimida porque me quiere’. Entonces muchas veces está invisibilizada la violencia desde el noviazgo”. 

Para Prieto, estas conductas suelen normalizarse debido a patrones culturales profundamente arraigados. “Minimizamos esa violencia pensando que es porque nos quieren o nos aman. Es parte de una educación patriarcal que nos dieron”, menciona al respecto. 

Este libro, entonces, reúne una investigación cualitativa basada en entrevistas a profundidad realizadas a veinte mujeres que han experimentado violencia vicaria en el estado de Jalisco. A través de la metodología narrativa, el equipo buscó recuperar las experiencias de las víctimas para identificar patrones comunes en las distintas historias. 

Como parte de los hallazgos, la investigadora señala que doce de las veinte mujeres entrevistadas reportaron que sus parejas cuestionaron constantemente su capacidad para maternar; diez fueron desacreditadas frente a sus hijas e hijos; once vivieron la sustracción, retención u ocultamiento de niñas y niños por parte del agresor; mientras que seis enfrentaron amenazas de perder la custodia o incluso amenazas de muerte dirigidas hacia sus hijos e hijas. 

“Una de las cosas que hemos observado más detalladamente es que seis de cada veinte hombres han amenazado con llevarse a los niños y a las niñas y quitar la custodia, pero también han llegado al extremo de amenazar a la pareja con matar a los niños. Eso ya es muy grave porque ahí ya están incurriendo en una amenaza de muerte hacia niños y niñas”, señala la investigadora, destacando la importancia de poner en el foco público este tipo de violencia, también como estrategia de prevención. 

Dra. María Teresa Prieto, coordinadora del Doctorado en Gestión de Paz y Prevención de las Violencias del Centro Universitario del Sur (CUSur) de la Universidad de Guadalajara

Además de la violencia ejercida por las exparejas, la investigación documenta un patrón preocupante que se repite en los relatos de las mujeres entrevistadas: la revictimización dentro de las instituciones encargadas de garantizar el acceso a la justicia.

Durante el trabajo de campo, explica la doctora Prieto, los testimonios dieron cuenta de procesos judiciales prolongados, denuncias cruzadas, pérdida de custodias y un trato institucional que, lejos de ofrecer protección, termina profundizando la violencia de manera considerable.

“Los colectivos de mujeres nos dicen que el 80 por ciento de ellas ha sufrido la sustracción de menores o pérdida de custodia, gran parte por procesos estancados y denuncias falsas de sus parejas o exparejas. También las mujeres sienten y han denunciado que recibieron maltrato en oficinas públicas”.

La investigadora añade que la investigación también recupera denuncias sobre presuntos actos de corrupción durante procesos familiares y estrategias legales utilizadas por los agresores para revertir las denuncias presentadas por las víctimas: 

“Nos encontramos también que varios de los hombres han hecho trámites legales en contra de la mujer, tanto civiles como penales. Ellos primero las denuncian a ellas para evitar que se les castigue por sus acciones”, comenta la Dra. Prieto, señalando una laguna legal importante que debe considerarse por los sistemas de justicia para garantizar la protección de las víctimas de violencia vicaria. 

Para Prieto, estas prácticas dificultan que las mujeres puedan romper los ciclos de violencia y acceder a mecanismos efectivos de protección dentro de México.

Finalmente, la especialista señala que la violencia vicaria adopta múltiples manifestaciones y no se limita a la agresión física. Se expresa también mediante intimidaciones, violencia psicológica, económica, patrimonial y emocional, todas dirigidas a producir el mayor daño posible.

“La golpean donde más le duele: precisamente, los hijos. La violencia vicaria toma muchas formas; no nada más física, emocional o psicológica, sino también palabras hirientes, acciones intimidantes, gestos agresivos”. 

Esta forma de violencia, explica, también vulnera el principio del interés superior de la niñez, al utilizar a niñas, niños y adolescentes como instrumentos para ejercer control sobre sus madres. Por ello, considera indispensable que las instituciones encargadas de atender estos casos cuenten con perspectiva de género y conozcan el fenómeno:

“La violencia vicaria no puede seguir siendo invisibilizada, ni tratada como una excepción, ni como algo normal. Primero se debe proteger a la víctima porque se puede llegar hasta un feminicidio”. 

En ese sentido, advierte que muchas de las personas servidoras públicas que reciben las denuncias desconocen tanto el concepto como el marco jurídico que protege a las víctimas.

“Requerimos de un sistema judicial con enfoque de género, porque muchas veces quienes atienden a estas mujeres no tienen un enfoque de género ni medidas efectivas. Desconocen desde el concepto hasta el reglamento y las leyes que protegen a estas mujeres. Esto lo han dicho las mismas mujeres que van a poner una denuncia, que son revictimizadas dentro de fiscalías. Las van matando poco a poco”.

El libro, por eso, lleva en su título “muerte por goteo”; esta es una expresión que busca explicar el desgaste progresivo que viven muchas mujeres mientras enfrentan, en ocasiones a la vez, procesos legales, la separación de sus hijas e hijos, violencia económica y amenazas cotidianas.

La investigadora explica que ese deterioro no sólo afecta la salud emocional de las mujeres, sino también su economía, su proyecto de vida y el vínculo con sus hijas e hijos

“No nada más es que les quitan a sus hijos; económicamente las van desgastando, emocionalmente, físicamente se van deteriorando. Muchas de estas mujeres viven medicadas para soportar todo lo que están viviendo”. 

Aunque la violencia vicaria suele centrarse en el daño ocasionado a las mujeres, la investigación subraya que niñas, niños y adolescentes también experimentan consecuencias profundas. La separación forzada de la madre y la utilización de las infancias como mecanismo de control generan afectaciones psicológicas que pueden prolongarse durante años.

“Las mujeres que viven esta violencia sufren problemas de autoestima, deterioro de su capacidad de atención y concentración, trastornos de estrés postraumático, ansiedad, depresión, miedo e incluso ideación suicida”: Estas afectaciones, añade, también alcanzan a las niñas y niños.

Aunque Jalisco ya incorporó la violencia vicaria a su marco legal, Prieto considera que la legislación, por sí sola, no resolverá el problema si no va acompañada de políticas públicas, capacitación institucional y atención especializada. Para la investigadora, erradicar esta violencia exige una respuesta coordinada entre instituciones públicas, sistema judicial, academia y sociedad.

“La erradicación de la violencia vicaria requiere un compromiso colectivo de las instituciones, tanto públicas como privadas, para garantizar una respuesta efectiva con perspectiva de género y visibilizar y condenar estas prácticas”. La académica insiste en que el principal reto sigue siendo dejar de minimizar una violencia que puede comenzar con conductas normalizadas durante el noviazgo y escalar hasta formas extremas de control, aislamiento y violencia feminicida.

“Consideramos que no hay justificación para ninguna forma de violencia en un entorno familiar y, sobre todo, debemos defender los derechos de niñas y niños, que son quienes sufren más ante esta situación”, concluye. 

Se puede acceder al libro de manera gratuita en este enlace: https://qr.view.page/uploads/pdf/E6ooQr_c4c3e4e8224a1239.pdf

***

Este trabajo fue publicado originalmente en Zona Docs que forma parte de Territorial Alianza de Medios. Aquí puedes consultar su publicación.

banner donar
Déjanos tus comentarios

Recientes

spot_imgspot_img

Notas relacionadas