La campaña del miedo

Columna de Alex Fish
Foto tomada de Internet

Chihuahua.- Los tiempos de crisis, aunque dolorosos, son una oportunidad para sacar provecho. Nadie estaba preparado para la pandemia, nadie imaginó que esto podría pasar aquí y ahora, incluso entre diciembre y enero algunas chicas de nuestra colectiva (Mujéricas Chihuahua) manifestaron su preocupación por lo que estaba pasando en Wuhan y varias comentamos que tardaría en llegar a América latina y seguramente para ese entonces ya habría una vacuna. Obviamente no sucedió así.

Y, ahora, aquí estamos entre el confinamiento, el bombardeo de noticias falsas o no, las cadenas de whatsapp y los ataques virales contra las feministas “¿Dónde están?”, preguntan, “¡desaparecieron! por qué no están afuera combatiendo el coronavirus?!”, repiten como si hubieran encontrado el hilo negro contra el feminismo, como si fuera lo mismo que salir a combatir a Thanos; como si la pandemia se combatiera afuera y no desde nuestras casas y trabajos.

El coronavirus lo infectó todo: el feminismo, la campaña política, los pleitos partidistas, la religión y sus discursos de odio, el futbol, el alcoholismo, la economía mundial, las teorías conspirativas de genocidio generacional y por supuesto el lavado de imagen de quien le importe tener limpia su imagen.

Actores políticos que ganan bastante bien regalando gel antibacterial con sus nombres y/o miserables despensas a la gente que consideran vulnerable ¡obvio! es más sencillo comprar despencitas que legislar para que las empresas respondan oportunamente a la contingencia y den seguridad laboral a sus empleadxs; es más fácil regalar cubrebocas en lugar de preguntarle a la gente que necesita y trabajar para solucionar el problema de raíz que es la desigualdad económica. ¿Cómo? si a quienes responden sus intereses es a aquellos que tienen la prioridad de seguir manteniendo la desigualdad porque se benefician de ella.

Luego viene este otro actor político llamado la iglesia, experta en capitalizar el miedo, la incertidumbre y la ignorancia de la gente para convertirla en odio y canalizarla contra aquello que desaprueba. “¡Es un castigo de dios!”, dicen. Para empezar ¿de cuál dios? en China hay otros dioses, en India otros tantos y tantas, en Alemania otros.

Abundan videos religiosos en donde anuncian de nueva cuenta (ahora sí) que es el final de los tiempos y que su dios está por regresar, es una celebración para ellxs porque aparentemente ven confirmadas sus creencias de que el juicio final está cerca, al parecer es más importante tener la razón que lamentarse por las muertes y las políticas públicas que no están a la altura de la calidad de vida necesaria para enfrentar una pandemia mundial.

Y como resulta tan sencillo juzgar a las feministas, bueno, imaginen que cada que una mujer o niña es violentada nos alegramos porque ahora es más probable que se haga feminista. Así de espantoso me resulta cuando veo a creyentes asegurar que es un castigo esta pandemia.

No profeso ninguna religión, pero no tengo problema con que exista gente creyente porque es parte de la libertad de cultos, lo que me molesta es el constante bombardeo que hacen en cualquier espacio; estoy en un grupo de compra-venta de muebles usados porque busco una silla de oficina ¡no porque quiera ver el santo evangelio de la santa cruz sangrante cada media hora!

Esta indiferencia partidista que sólo tiene interés en sacar provecho de la situación, las religiones atentando contra la salud pública para ver quién reza más fuerte y tiene la razón, no les culpo, todes buscamos respuestas y una forma de dejar la carga en manos de algo superior que nos cuida y conoce porque nos ama, pero desobedecer las recomendaciones sanitarias no es la forma (¡ah verdad! ¿qué se siente?; la presión de la hiper productividad de salir como súper humanx del encierro, las tareas de cuidado triplicadas que incluyen el estar desmintiendo las cadenas de whatsapp que violentan a nuestros adultos mayores y darles contención emocional (desde nuestro propio caos emocional) porque deben saber que les amamos y no vamos a permitir que nada les pase sin dar guerra antes; es deshumanizante y extenuante.

 ¿Cómo enfrentarse al miedo? preparándose emocionalmente para lo peor, pero organizándose para combatirlo. No podemos solucionar los problemas del mundo y en realidad no tenemos por qué debido a que no tenemos los medios para hacerlo, sin embargo, tenemos nuestro cuerpo, nuestra casa, nuestro espacio y nuestra red cercana para cuidarnos entre todxs. Hay que aprovechar el miedo como lo que es, un detonante energético que logró sacar a la gran mayoría del mundo de su zona de confort para mostrar crudamente la realidad en la que estábamos viviendo.

Si miramos al norte el panorama es desolador, miles de personas pobres y no blancas muriendo masivamente, sucedía desde antes, pero la brutalidad de la pandemia desenmascaró la brutalidad del sistema. Mientras la población en situación de cárcel (en un número jamás visto en la historia de EUA) enfrenta la pandemia como una sentencia de muerte; la población blanca se manifiesta armada en las calles para exigir su derecho a salir a cortarse el cabello. El chetto que tienen por presidente amenaza a China, el precio del petróleo colapsa, un doctor francés se atreve a decir que deberían experimentar sus vacunas con la población de países africanos como si la historia mundial de la medicina no fuera lo suficientemente racista; la industria maquiladora que nos vendieron como progreso le compra la salud a sus empleadxs a un miserable precio y refuerza el impacto de la pandemia.

Y, así, un ser invisible sacude el mundo y su sistema capitalista.

La temida fase tres está aquí y cuando pase, también la brutalidad del sistema seguirá aquí ¿esa es la normalidad que queremos recuperar?

Columna de opinión por Alex Fish

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