Chihuahua

miércoles 6 julio, 2022
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    A las calles, por una prensa viva y libre

    Siempre es el momento de conjuntar nuestras demandas, unirnos como gremio periodístico y luchar por mejorar nuestras condiciones laborales. Y también lo es ahora. La única organización reconocida histórica y legalmente que cuenta con la posibilidad de defender los derechos laborales de manera vinculante es el sindicato.

    Por Asamblea Tenemos que Hablar

    Fotografía de Portada: Raúl Fernando Pérez / Raíchali / Chihuahua

    Las calles están siendo tomadas.

    El asesinato de nuestros colegas trabajadoras y trabajadores de medios de comunicación en México nos motivó este lunes 14 de febrero de 2022 a salir a las calles por segunda ocasión en el año para manifestarnos en casi 20 puntos de la república. Con sus fotos en mano y sus sillas vacías, con rabia.

    El reclamo es muy concreto: desde Tepic, Chilpancingo, Cancún, Oaxaca o Chihuahua, entre otros puntos, demandamos justicia ante sus asesinatos y un alto a las violencias sistemáticas que se ejercen contra el gremio. En lo que va del 2022 las agresiones criminales, estatales y empresariales han cobrado la vida de cinco personas comunicadoras, todas asesinadas fuera de la capital del país: en territorios vulnerables donde no existen garantías mínimas de dignidad para el periodismo.

    Comprendemos la lógica de la fuerza criminal que detona las armas de fuego con que murieron nuestrxs compañerxs y estamos convencidas de que necesitamos elaborar una comprensión sistémica y multifactorial del problema: quien acciona las pistolas es apenas el último eslabón de una violencia estructural que somete a quienes trabajamos en medios a una altísima y a veces irreparable vulnerabilidad.

    Entre estos componentes, la situación de precariedad laboral en que lxs dueñxs de los medios obligan a realizar su trabajo a la mayoría de comunicadoras y comunicadores del país contribuye a las condiciones de riesgo en que ejercemos el debate, la crítica y el diálogo en la comunidad que supone o debe suponer el periodismo.

    En 2019, una encuesta que realizamos a 385 colegas del país reveló que, al serle asignada alguna cobertura en una región hostil o peligrosa, un 61.5 por ciento de las y los periodistas involucrados no participó de una evaluación de riesgos previa a su envío, mientras que un 26.7 por ciento señaló ignorar si tal análisis había sido hecho por sus superiores.

    Ante una lesión, un secuestro o incluso la muerte durante una cobertura, el 36.4 por ciento de las personas consultadas dijo desconocer si su empresa se haría responsable, mientras que un 47.5 por ciento sí tenía certeza de que los patrones no actuarían al respecto.

    Un 85 por ciento de los y las trabajadoras de medios encuestadas señalaron que la patronal no les otorgaba seguro médico para accidentes y enfermedades en coberturas de riesgo; y todavía más, a un 26.2 por ciento de las personas que participaron en el cuestionario ni siquiera se les había dado una credencial que acreditara su identidad y pertenencia al medio, para que mínimamente pudieran identificarse en zonas riesgosas de cobertura.

    Y se suman otras afrentas: aumento de las jornadas laborales, reducciones salariales, falta de prestaciones y de seguridad digital o física, carencias en el acceso a la salud mental, entre muchas otras. Poner un alto a cada una de estas violaciones a nuestros derechos forma parte de algunas de las demandas que escuchamos decir una y otra vez en las reuniones de periodistas, en movilizaciones, en redacciones, en salas de prensa, en redes sociales.

    La Asamblea Tenemos Que Hablar surgió en 2019 como un espacio de conversación y conocimiento de nuestras condiciones; hoy se ha consolidado como un colectivo de solidaridad gremial desde el que luchamos contra las indignas condiciones laborales que vivimos, con diversas herramientas, incluidas la camaradería, la risa y el afecto.

    Nuestro primer paso ha sido reconocernos como trabajadoras y trabajadores explotados y precarizados en todo el país.

    El asesinato de colegas ha despertado nuestra acción y en este actual contexto de emergencia se nos presenta una clara oportunidad para ir más allá de la digna rabia y articular nuestra fuerza política como clase inconforme con una explotación reiterada durante décadas.

    Hemos comenzado a generar un sentido común: la necesidad de organizarnos de manera permanente y no sólo como reacción ante los asesinatos de compañerxs, identificando que la explotación y la precarización laboral son los primeros pasos de un camino que culmina en estos crímenes.

    Lo que vivimos en estas dos jornadas nacionales de protesta, las del 25 de enero y el 14 de febrero, son andanzas de una voz que comienza por identificarse, reconocerse, saludarse y llamarse a crecer: es impostergable constituirnos como una fuerza política definida en la defensa de nuestro derecho a la vida, al trabajo digno, a poder realizar un ejercicio seguro de nuestro oficio. Debemos, pues, configurarnos desde una unidad significativa, capaz de transformar nuestra realidad y la de los y las colegas.

    En la ATQH hemos concluido que la única organización reconocida histórica y legalmente que cuenta con la posibilidad de defender los derechos laborales de manera vinculante es el sindicato.

    Conocemos de primera mano la estigmatización que asedia a este tipo de grupos, e incluso algunos de nosotrxs hemos sufrido el charrismo y corporativismo sindicales. Sin embargo, también somos conscientes de que la democratización de estas agrupaciones laborales es una tarea no sólo pendiente sino insoslayable de los y las trabajadoras del país; además, nos reconocemos capaces de ejecutarla.

    Un sindicato democrático debe garantizar el cumplimiento de nuestras demandas como gremio, algunas ya puestas sobre la mesa: dignidad salarial, jornadas laborales justas, respeto a las prestaciones de ley, acceso a la salud mental, a la vivienda, condiciones de seguridad digital y física, entre muchas más.

    Somos capaces de revelar los entramados de la corrupción y el juego político en nuestras líneas, somos capaces de solidarizarnos desde nuestras plumas con las causas justas, somos capaces de colocar nuestros trabajos periodísticos en certámenes de importancia; somos capaces de eso. Y también somos capaces de organizarnos.

    Siempre es el momento de conjuntar nuestras demandas, unirnos como gremio y luchar por mejorar nuestras condiciones laborales. Y también lo es ahora.

    Este contenido fue publicado por Pie de Página y retomado por Raíchali, ambos integrantes de la Alianza de Medios de Periodistas de a Pie. Puedes ver aquí la publicación original.


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