Felipe Arguelles, originario de la Sierra Tarahumara, relata a Raíchali cómo perdió su trabajo en la Quesería Dos Lagunas, tras sufrir una lesión en la pierna. La empresa le exigió renunciar con acusaciones falsas y le pagó menos de lo que indica la ley.
Por: Redacción Raíchali
Cuauhtémoc, Chih. – Salir de la Sierra Tarahumara para buscar un trabajo digno en la ciudad se ha convertido en una situación de abusos para muchos jóvenes indígenas. Felipe Arguelles, un joven rarámuri de la comunidad de Cieneguita de las Barrancas, municipio de Guachochi, vivió en carne propia la cara más cruel del sistema laboral cuando consiguió empleo en la reconocida empresa Quesería Dos Lagunas, ubicada en la ciudad de Cuauhtémoc.
En entrevista exclusiva para Raíchali, Argüelles detalló cómo un dolor en la pierna se convirtió en su sentencia de despido. El joven sufrió acoso laboral, discriminación y un presunto despido injustificado que lo dejó sin seguridad social y con graves problemas de salud.
Felipe Argüelles trabajó un mes en la empresa, en el área de derivados lácteos, específicamente en la elaboración de yogures y queso amarillo. Su jefe directo, un hombre llamado Martín García, lo supervisaba en un empleo que, aunque formal —con contrato de por medio—, duró apenas un mes.
De pronto, comenzó a tener un dolor fuerte en una pierna, que requirió atención médica. “El dolor en mi pierna era tan fuerte que ya no podía ni caminar”, recuerda el joven. La empresa tiene servicio médico y acudió a éste. “Fui dos veces a la enfermería de la empresa, pero sólo me daban pastillas que no me hacían efecto. El dolor era demasiado fuerte”, lamenta.
Ante la gravedad de su estado, Argüelles decidió acudir al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Avisó a su jefe, Martín García, que iría a consulta. “Me dijo que estaba bien, que fuera por la tarde. Fui a la primera cita y me dieron otra para el día siguiente.
Cuando regresé de la segunda cita, lo corrieron. “Me acusaron de robar días que no trabajé”. Al presentarse nuevamente en la quesería, Felipe Argüelles fue interceptado a la salida por su jefe, quien lo canalizó directamente al área de Recursos Humanos sin darle oportunidad de registrarse el día 10 de marzo en año en curso.
“Me hicieron firmar una renuncia. Cuando la leí, decía que yo había estado cobrando los días que no trabajé. ¡Mentira! Yo nunca pedí eso. Solo pedí unos días de reposo para recuperarme”, denuncia con indignación.
Felipe asegura que nunca se le permitió dialogar con la licenciada de Recursos Humanos. “Me corrieron con dos faltas, pero todos sabían que estaba enfermo y fue al IMSS. Nunca me dieron chance de presentar un justificante”, añade.

Al final, le dieron un finiquito de 3 mil pesos. “Me pagaban por semana 2,700, pero con descuentos me quedaban como 2,200 o 1,400. Ese dinero que me dieron al correrme no era ni lo que me debían de la semana. No me dieron ningún papel, ningún comprobante. Solo el dinero”, refiere.
El abuso no comenzó el día de su renuncia. Durante el corto tiempo que laboró en Dos Lagunas, Argüelles dice que sufrió actos de discriminación por parte de sus propios compañeros y supervisores. “Una compañera me gritó que me parara cuando me senté porque estaba cansado. Un compañero me dijo que me sentara, que éramos iguales. ¿A quién le hago caso? Al final me senté y ella me vio feo. También cuando iba aprendiendo, en vez de enseñarme, me regañaban por no ser rápido”, relata.
Felipe asegura que esta situación no es un caso aislado. “Mi hermana sigue trabajando ahí, y amigos me han dicho que la empresa es muy canija, que maltratan mucho a la gente. Sigue habiendo rechazo contra los indígenas. No nos dan los mismos derechos, no nos permiten hacer bien nuestra labor”, afirma.
El IMSS le programó una segunda cita para el 29 de marzo, pero Felipe ya había sido despedido el 26. “Me dijeron en el Seguro que aún tenía 2 o 3 meses para ir a consulta porque mi seguro seguía activo, pero pensé: ‘¿y si me cobran? No tengo trabajo ni dinero’”, explica. Así que ya no ha vuelto por temor a que le cobren.
Un llamado desde la Sierra Tarahumara
Felipe hace siete horas en camión de su comuidad hasta Cuauhtemoc y viceversa. Cabe destacar que el trasporte sólo llega a la comunidad de Samachique el municipio de Guachochi y de allí todavía tiene que pedir aventón. Son dos horas de camino hacia la comunidad y caminando son de 8 a 10 horas hasta Cieneguita de las Barrancas.
Todo por un trabajo que, asegura, no respeta sus derechos. “Lo que viví en Dos Lagunas no es justo. Nosotros los rarámuri salimos buscando un mejor futuro, pero nos encontramos con empresas que nos explotan, nos discriminan y nos botan cuando nos enfermamos. Debería haber leyes que nos protejan, que todo sea igual para todos”, sentencia.
Actualmente, Felipe dice que sigue sin trabajo y con miedo de volver al IMSS por posibles cobros. “Ahora me duele el pecho, pero ya no sé ni a dónde ir”, concluye.
Raíchali intentó contactar a representantes de Quesería Dos Lagunas y al señor Martín García para obtener su versión de los hechos, pero no hubo respuesta por parte de representantes de la compañía.
El artículo 3o de la Ley Federal del Trabajo considera una violación a los derechos laborales cuando una persona está incapacitada por enfermedad o accidente y es despedida o reemplazada, o se le niega el regreso al trabajador. La relación laboral sólo se suspende temporalmente y el puesto debe ser respetado.
Al término de una incapacidad por riesgo de trabajo: el patrón debe reubicar al trabajador en un puesto acorde a sus nuevas capacidades si la incapacidad es permanente parcial. Despedir a un trabajador por estar incapacitado (salvo el caso legal de incapacidad permanente total) es considerado un acto discriminatorio y, por tanto, un despido injustificado.
Asimismo, el artículo 48 establece la indemnización por despido injustificado: tres meses de salario salarios vencidos más prima de antigüedad. Y el artículo 127 en su fracción IV, dice: Los días de incapacidad por riesgo de trabajo se cuentan cómo días laborados para el reparto de utilidades (PTU).

