La ampliación de la autopista Colima-Manzanillo ha provocado el desplazamiento de familias enteras de La Salada, Tecomán. Entre maquinaria y polvo, se alza la voz de la familia Garibay García frente a lo que parece ser el olvido.
Texto y fotografías por Elizabeth Vázquez / @maeliz_v / ZonaDocs
La Salada es una localidad rural perteneciente al municipio de Tecomán, en el estado de Colima. Aunque cuenta con alrededor de 50 habitantes registrados, su valor para el sector público no proviene de su tamaño, sino de su posición geográfica: el asentamiento se ubica sobre el corredor de la autopista Colima-Manzanillo, una de las vías logísticas más importantes del occidente de México, lo que ha puesto al poblado en el centro del desarrollo urbano colimense.
Fue en noviembre de 2024 cuando la gobernadora de Colima, Indira Vizcaíno Silva, dio el banderazo de arranque a la ampliación de cuatro a seis carriles en la autopista Colima-Manzanillo, en el tramo correspondiente a La Salada, bajo un discurso de progreso y modernización. Los trabajos de construcción comenzaron en octubre de 2026 como fecha límite, antes del fin del sexenio de la gobernadora, y representan una inversión superior a los 4 mil 970 millones de pesos.
“Todo te vamos a tumbar, dijeron. Te vamos a comprar todo y ustedes se van de aquí”, recuerda Don Alfonso. Eso le advirtieron los encargados de las negociaciones entre los habitantes de La Salada y los responsables de la ampliación carretera, con quienes llevaban meses intercambiando propuestas.
Alfonso y su familia habían asentado raíces en la comunidad desde los inicios de su ascendencia, habiendo sido dueños de diversas propiedades en el espacio. Justo al borde de la zona de construcción se encuentra la casa familiar de Don Alfonso y su esposa; esa misma casa perteneció a sus padres, y al lado estaban las casas de sus hermanos. Hubo un tiempo en el que fueron vecinos: vivían uno junto al otro entre las mismas arboledas en las que compartieron su infancia. Ahora, lo que algún día fueron hogares, no es más que terracería.
“Ahí había una casa, allá había otra y a este lado había otra. Eran dos hermanos míos: uno vivía aquí y otro allá tenía su casa. No se querían salir, pero de todos modos los sacaron. A mi hermano le dieron 3 millones 200 mil, pero su casa abarcaba todo. Estaban otros más allá, que también eran mis hermanos. Tenían una casita nada más, de dos recámaras y ya. A ese le dieron más poquito. Podrían haber sido 5 millones, pero resulta que a nosotros no nos dijeron de eso hasta después. Cuando nosotros negociamos por lo nuestro, a mí me dieron 3 millones por la casa”.
A partir del 26 de noviembre de 2025, la obra entró en una etapa decisiva: las jornadas de trabajo se extendieron de las 6 de la mañana a las 11 de la noche, y se habilitaron cinco rutas alternas para vehículos ligeros.

Cuando demolieron los primeros cimientos de la familia Garibay García, Don Alfonso no se encontraba en casa.
“Ese día no me acuerdo dónde andaba, pero cuando vine ya estaba limpio. Ya no tenía nada… nomás tomaron un video, quién sabe quién, y fue cuando vi que ya habían tumbado el baño. Las otras casas sí las vi cuando las tumbaron”.
Don Alfonso describe los meses posteriores a la demolición como una convivencia forzada con el polvo que levanta la maquinaria: “Amanecía con la nariz como tiesa, de tanto polvo que respiraba, porque casi siempre duermo la mayor parte de la noche aquí, entre las matas. Antes todo estaba cubierto de árboles, hasta la orilla de la carretera. Y nomás llegaron y acabaron con todo. Se acabó”.
Otra situación, posiblemente derivada de la desaparición de la arboleda, es el cambio de comportamiento del clima y atmósfera del lugar: sobre todo, del agua. “Antes llovía muchísimo, corría el agua para abajo. Se llenaba el depósito y corría el agua. Ahorita ya con trabajo se llena; más bien ni se llena, porque se acaba temprano, como a las 11 o 12 del día”.
Finalmente, el desplazamiento no solo cambió el paisaje alrededor de la casa de Alfonso: también modificó su rutina familiar. Mientras él se queda en el terreno familiar, su esposa, Rosa, se mueve entre el lugar y una casa rentada: una rutina incómoda que intenta responder tanto a las necesidades prácticas como emocionales de la familia. “Ha cambiado la forma en que vivimos: como quien dice, vivimos separados. Ella renta allá, y aquí, como quien dice, yo estoy solo”.
Jubilado y con problemas en las rodillas, una ya operada, y con prótesis, Don Alfonso describe sus días como una paz interrumpida: el ruido y el polvo de la obra han trastocado la plenitud de lo que fue su felicidad.
La Secretaría de Infraestructura, Desarrollo Urbano y Movilidad (Seidum) anunció cierres totales de circulación en ambos sentidos, del kilómetro 15 al 25, los días 23 de febrero y los lunes 2, 9, 16 y 23 de marzo de este año, en horario de medianoche a las 5 de la mañana, por trabajos de alta precisión en el kilómetro 20+400. Estos cierres también afectaron a las y los vecinos, cuya movilidad se ha visto interrumpida: “Yo agarro la camioneta y me voy, pero hay gente que aunque tenga carro le sale más económico agarrar el pasaje”, comenta, haciendo referencia a los autobuses cuya ruta va de la capital colimense hasta Tecomán. Estos ya no hacen paradas directas en La Salada, a menos que se reúna un grupo lo suficientemente grande como para justificar el movimiento.

Por esto y más, el martes 12 de mayo los habitantes de La Salada bloquearon la maquinaria e impidieron el avance de la obra, exigiendo la presencia de directivos de la empresa Pinfra para establecer una mesa de diálogo. Frente a esto, Naye Mendoza, una de las vecinas de la familia Garibay García y miembro del comité de vecinos, declaró:
“Estamos aquí haciendo un paro porque no nos han resuelto nada. Nos han afectado las calles, han hecho trabajos y no nos dicen cómo van a reparar los daños. Seguimos igual que al principio, o peor, mientras su obra sí va avanzando”.
Ante el bloqueo, el alcalde de Tecomán, Armando Reyna, se reunió con habitantes de La Salada para escuchar sus preocupaciones sobre la seguridad y las condiciones en que se desarrollan los trabajos. En el encuentro también estuvo presente la directora de Protección Civil del municipio, Karla María Ruiz Vaca, y el alcalde expresó su disposición para dar seguimiento a los planteamientos ante las instancias correspondientes.
Para Don Alfonso lo que se mantiene en juego en estas negociaciones es la promesa de una compensación que no termina de llegar, respecto al trabajo en las veredas y la situación de salud que enfrentan los habitantes: “Dicen que guardemos las notas del médico. Y se supone que ellos las iban a pagar. Y las guardan, sí, pero no hay resultados. No sé si algún día vayan a cumplir, ¿verdad? Decían también que iban a traer a un médico, ¿y cuándo? No, nada, no han traído nada”.
Esta situación es una de las más apremiantes, pues varios de los habitantes del poblado se han visto afectados, siendo la misma Mendoza un claro ejemplo de esto, al tener dos hijos con asma que reporta, han empeorado exponencialmente desde que la obra inició su fase más disruptiva.
Adicionalmente vivir junto a la autopista ahora también significa convivir con los accidentes y con lo que la carretera deja a su paso:
“Allá se volteó un coche. Cayó casi hasta media ladera. Y aquí, una camioneta se bajó hasta el puentecito. Ahí llegó. Uno ya está acostumbrado: aquí han tirado muertos y todo. Aquí está la parada, ahí donde era. Una vez trajeron un taxi, creo que era un taxista. Lo trajeron y lo tiraron en la noche. Ahí amaneció. Aquí pasan muchas cosas”, comenta, señalando los alrededores de su propia casa.

El martes 12 de mayo los vecinos de La Salada bloquearon los trabajos de ampliación de la autopista que ejecuta la empresa Pinfra, denunciando los incumplimientos y afectaciones ya mencionadas, y que a la fecha, no han sido atendidas. Este conflicto se mantiene en el centro de la obra que el gobierno federal y estatal presumen es una pieza clave para modernizar la conectividad de Manzanillo, “el puerto más importante de México”.
Sin embargo, para los habitantes de La Salada, el ritmo acelerado de este ideal no ha venido acompañado de la atención que exigen: el bloqueo de mayo y las denuncias expuestas a lo largo de este reportaje ponen en evidencia la fractura entre el discurso oficial de progreso y los derechos de quienes viven en el trayecto de las máquinas.
***
Este contenido fue originalmente publicado en ZonaDocs, integrante de Territorial alianza de medios. Aquí puedes ver su publicación.

