Raíchali

El sentido social en el arte de la exposición “Bajo la Lluvia”


Por: Juan Jaime Loera Gonzalez

Bajo la lluvia es el nombre de la intervención artística del conocido fotógrafo David Lauer instalada en una de las salas del Museo Casa Chihuahua, Centro de Patrimonio Cultural.

Es una excelente muestra del sentido social del arte que nos invita a todos nosotros a reflexionar sobre los desafíos actuales que enfrentamos como civilización, y más concretamente los efectos de la deforestación y destrucción de uno de los espacios con más biodiversidad del país; la Sierra Tarahumara.

Al entrar en la sala, el espectador puede apreciar una división en dos grandes áreas: la primera más amplia y espaciosa que, en retrospectiva, hace recordar elementos de la belleza de los bosques de la Sierra Tarahumara.

En ambos costados de sus paredes se muestran selectos dípticos y trípticos fotográficos que presentan detalles de la diversidad del bosque, formas caprichosas de cortezas, hongos y paisajes de pinos y otras especies de flora; proyecciones en la pared de imágenes de danzas rarámuri acompañado con la música ritual correspondiente.

El techo, adornado con imágenes de nubes y cielo donde cuelgan cientos de conos de pinos, hacen sentir que uno se encuentra dentro de un tupido bosque.

Lo visual, la música, el ambiente y los conos de pinos ayudan a percibir la Sierra. Hay una fotografía que me llama poderosamente la atención por encima del resto. Muestra una imagen dolorosamente frecuente en la localidad de Baborigame; dos hombres, tal vez padre e hijo, cruzando un camino de terracería y observando a lo lejos cuatro camiones de
carga repletos de gruesos troncos retirándose a la distancia.

Un recordatorio del extractivismo imperante en la Tarahumara que mercantiliza los recursos naturales como productos sujetos a compraventa, sin considerar la compleja y frágil relación que existe entre especies, ecosistemas y la vida humana.

A la segunda área de la sala, se accede a través de un espacio angosto formado entre dos grandes mamparas con imágenes de troncos de pino cortados. Un espacio que al cruzarlo imprime una extraña sensación de la magnitud de la tala y deforestación del bosque. Este segundo espacio es más sombrío y recuerda al visitante los peligros de tala inmoderada y
de la extinción de especies – incluida la humana- si se continúa con el mismo paso.

Los conos de pinos son sustituidos por cientos de casquillos percutidos de balas de grueso calibre, cuelgan del cielo y el suelo se cubre de ellos en donde extrañas formas de plantas parecen emerger del metálico suelo. Sin duda una alegoría del nombre de la intervención, bajo la lluvia de plomo y la lluvia de pinos, ambas imágenes que suelen convivir en la Tarahumara.

Los sonidos de metralletas y motosierras se escuchan y construyen otro de
los ambientes frecuentes en la tarahumara, la violencia, la deforestación y destrucción de territorios.

La instalación logra perdurar en la memoria. Es un producto trascendental del proyecto “Donde alguna vez se erguían gigantes: Visiones del bosque chihuahuense” apoyado por el Programa de Estímulos para Creadores de Arte (PECDA) 2018-2019 de la Secretaría de Cultura del Estado de Chihuahua.

En él, se transmite el conocimiento de David de más de 28 años recorriendo la Sierra Tarahumara, sus territorios y conociendo sus habitantes.

El sentido social del arte, que yo veo en la intervención Bajo la lluvia, se encuentra encarnado en varias aristas. Primero, la intervención artística de David refleja su amor por la biodiversidad y el bosque, y también por su preocupación por las problemáticas que aqueja, no sólo a este pulmón de México, sino a toda nuestra civilización por la creciente violencia estructural sufridas en la Sierra Tarahumara que ejerce el modelo económico dominante contra formas de vida humanas y no humanas.
Segundo, la intervención transmite un mensaje social profundo, un llamado, y una esperanza.

El mensaje es a que seamos conscientes del peligro que corremos si dejamos que la economía de lógica capitalista, extractivista y concentradora de riqueza se posicione por encima de la diversidad biológica y de proyectos civilizatorios que florecen en diversos rincones del planeta. Esto es muy evidente con el mensaje de la creciente y alarmante deforestación y violencia ejercida por el narcotráfico, que diversifica sus negocios con la
tala legal e ilegal en la zona.

Los incendios intencionales, los despojos, la tala indiscriminada
y la complicidad son expresiones concretas de las múltiples facetas de violencias que se viven en la Tarahumara.

El llamado, es a asumir una perspectiva holística y relacional con el bosque. En corrientes de estudio antropológico actuales, son comunes las perspectivas que asumen la realidad como parte de asociaciones múltiples y heterogéneas donde las fronteras usuales entre lo social y lo natural se desvanecen.

Así, los bosques, capturados por los lentes y la sensibilidad de David, pueden ser considerados como compleja red de balas, pinos, sierras
eléctricas, caminos, indígenas, talamontes, prácticas de resistencia y de violencias.

Todo se encuentra relacionado, conectado y mediado de múltiples maneras.
Es imposible no mencionar las asociaciones existentes de la intervención de David Lauer; la protección y cuidado de la biodiversidad de la Sierra Tarahumara, y los retos globales que ahora nos aquejan como el Covid-19 y el calentamiento global.

Y es que la emergencia sanitaria que ha trastocado la vida cotidiana de todo el planeta está íntimamente relacionada con la deforestación y la pérdida de biodiversidad en la zona.

“La aparición de la COVID-19, ha puesto de relieve la íntima conexión que existe entre la salud humana y nuestra relación con el mundo natural”, dijo el Secretario General de las Naciones Unidas en su mensaje con motivo del Día Internacional de la Diversidad Biológica el 22 de mayo.

Cuanto más biodiverso es un ecosistema, más difícil es que un patógeno se propague rápidamente o domine. Por tanto, la pérdida de biodiversidad brinda la oportunidad de que los patógenos pasen entre los animales y las personas.

La acción humana ha reducido la biodiversidad y modificado las estructuras de la población de vida silvestre a un ritmo sin precedentes. Las Naciones Unidas señalan que, en los últimos 50 años, la población humana se ha duplicado, el tamaño de la economía mundial casi se ha cuadruplicado y el comercio mundial ha aumentado unas diez veces.

A este ritmo, se necesitarán los recursos de 1,6 planetas Tierra para satisfacer la demanda de los humanos cada año, y más especies están en riesgo de extinción que en ningún otro momento.

La deforestación, la invasión de hábitats de vida silvestre, la agricultura intensiva y la aceleración del cambio climático han alterado el delicado equilibrio de la naturaleza. Hemos cambiado el sistema que naturalmente nos protegería y hemos creado condiciones que permiten la propagación de patógenos, incluidos los coronavirus.


Por último, la intervención Bajo la lluvia transmite también una esperanza; que su mensaje y su capacidad de persistir en la memoria de quien la visita y conoce es punto de encuentro no sólo de reflexiones, sino de acciones que deben de crearse y reunirse entorno a un fin común.

La defensa de la biodiversidad y el respeto a las formas culturalmente diferentes de los pueblos indígenas son rutas cruciales para mantener esa esperanza viva y para finalmente persistir como civilización.

Espero que el padre e hijo de Baborigame que ven alejarse los camiones llevándose los pinos de sus territorios sientan que también existe esa esperanza, por el bien de todos.

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