Raíchali

Éxodo centroamericano: migración y esperanza

Recuento de la Caravana Migrante

El pasado 20 de octubre, una numerosa caravana de personas migrantes entró en territorio mexicano. Eran cerca de 7 mil personas, en su mayoría provenientes de Honduras. Un par de días después vendría una segunda caravana, menos numerosa, pero con la misma convicción de cruzar hacia México.

Luego, vendría una tercera caravana. Luego una cuarta. Las caravanas multitudinarias se han convertido en un éxodo que hasta el momento suma cerca de 10 mil personas centroamericanas, hombres, mujeres, niños, niñas y hasta bebés que han nacido en el camino, quienes no busca otra cosa que un lugar donde vivir, donde trabajar, donde establecerse, pues las carencias en sus países les han orillado a convertirse en delincuentes ante los ojos de autoridades mexicanas y estadounidenses.

Foto: Ximena Natera para En el Camino

La policía mexicana les ha rociado gas lacrimógeno, les ha perseguido como si fueran presas que someter, les ha hecho retroceder en las aguas del río Suchiate con la ayuda de un helicóptero federal, casi ahogándoles en el cauce y el gobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes, les ha prometido transporte a la Ciudad de México, para luego retractarse y comparar el asunto con una “papa caliente”.

Mientras tanto, en Estados Unidos, el presidente Donald Trump ha anunciado que desplegará más de 5 mil soldados en la frontera con México para evitar el ingreso de las personas migrantes; es decir, están siendo calificadas como una amenaza a la seguridad nacional. Trump asegura que en las caravanas hay narcotraficantes, traficantes de personas e, incluso, terroristas; sin embargo, también ha reconocido que no tiene pruebas de ello.

Todo esto ha generado una gran discusión a nivel nacional, que puede palparse en redes sociales, donde las opiniones se polarizan entre quienes piden generar empatía y solidaridad para con las personas migrantes y, por otro lado, quienes exigen mano dura a las autoridades para sacar del país a estas personas, acusándolas de cometer delitos y querer robar oportunidades de trabajo en México.

Foto: Ximena Natera para En el Camino

Sin embargo, la migración, más que un fenómeno emergente que sale a la luz pública con la Caravana Migrante, es una crisis humanitaria que lleva décadas sucediendo en todo el país.

Para acercarnos a la migración desde el estado de Chihuahua, donde cada vez es más evidente el flujo y estadía de personas centroamericanas, Raíchali acudió a la Casa del Migrante, albergue ubicado en la capital del estado, el cual fue inaugurado en noviembre de 2016 por la asociación 1 de 7 Migrando A.C., donde se brinda asilo temporal y asesoría legal a migrantes tanto nacionales como centroamericanos.

Foto: Chiapas Paralelo

“Todo lo hacemos con una necesidad”

Marlon viene de Honduras donde trabajaba como agricultor, sembrando maíz y frijol. Lo que ganaba al vender la cosecha, no le alcanzaba para darle una buena vida a sus cinco hijos. Decidió dejar el país y adentrarse en México. Su meta actual es cruzar hacia los Estados Unidos, pero no quiere apresurarse, desea hacerlo de la manera más segura posible.

“Mi plan es pasar hacia Estados Unidos, pero tampoco quiero llegar muy improvisado, quiero llevarla despacio porque hace no mucho tuve una enfermedad aquí en Chihuahua. Yo iba ya a salir para allá arriba y luego me fui pa’ la vía y me enfermé, llamé una ambulancia, no me hicieron caso”.

Cuando Marlon fue rechazado en los servicios de salud por su condición de migrante ilegal, fue una mujer integrante de un grupo religioso quien le ayudó. Ella acudía a dar comida a los migrantes debajo de un puente en la ciudad de Chihuahua y ahí conoció a Marlon, a quien proporcionó su número telefónico para alguna emergencia. “Ella llamó una ambulancia y me llevó a hospitales y ahí me atendieron”, cuenta Marlon.

Cuenta que está muy agradecido con la Casa del Migrante, donde ahora sigue una dieta para estar mejor físicamente y por fin emprender el viaje a los Estados Unidos. Así como a él le ha ido mejor en la ciudad de Chihuahua, su esperanza es que a los integrantes de la Caravana Migrante les vaya bien.

“Todos venimos buscando una solución de tener una mejora acá. Ellos vienen sufriendo mucho, vienen muriendo. Ya murieron dos personas, estuvimos escuchando por medio de internet. Muchos niños están sufriendo de todo ahí: hambre, frío…

…Unos que los apoyan, otros que no los apoyan. Que el gobierno no los apoye, sería doloroso para mí, porque todo lo hacemos con una necesidad. Yo dejé mi familia allá, tengo cinco hijos en Honduras, esas son mis necesidades que me traen para acá”.

Documentos y criminalización

Armando también es hondureño, tiene 47 años. Lleva 4 años en México, dos de ellos en el estado de Chihuahua, donde ha podido trabajar en carreteras, lo cual le ha permitido conocer varios lugares de la región como Casas Grandes, Janos, Ciudad Juárez y Chihuahua capital. Esta última es la que más le ha gustado. Si él pudiera, se quedaría a vivir en Chihuahua y volvería a la empresa donde laboró, pero eso no es posible sin documentos que le permitan hacerlo legalmente.

“En México hay trabajo para todos, es muy grande, un país que ejerce trabajo para todos. De hecho evito personas mexicanas quejándose de que no hay trabajo. Sí hay trabajo. El único problema con nosotros que inmigramos de nuestros países son los documentos. A muchas personas que salen de Honduras les gustaría quedarse trabajando aquí en México, pero un documento no nos deja que nos ubiquemos”.

De los 4 años que Armando ha estado en México, ha intentado dos veces regularizar su situación para poder laborar, pero en ambas ha sido rechazado. Además, por su tiempo de estadía, ya no califica para solicitar una visa humanitaria y el asilo político también le fue negado.

“Y pues uno siempre queda con la fe de que algún día puedes tener ese documento para sentirte libre, caminar por cualquier lugar. No sólo para el trabajo se necesita, cuando uno no tiene ese documento, como que se siente acosado, porque tú no sales con toda esa energía, toda esa adrenalina para afuera, porque dices: si voy pa’ fuera, ¿qué me puede pasar? Si me encuentro con inmigración, no tengo un documento que darle. A veces hay personas que nunca han sido criminales y el mismo gobierno los hace criminales”.

Nadie abandona por gusto

Armando tiene dos hijos, de 9 y 11 años. Viven con su mamá en Baltimore, gracias a que tienen la nacionalidad norteamericana. Cuando Armando habla de ellos, su voz, que ya de por sí es pausada y reflexiva, se vuelve aún más seria y no esconde la melancolía que siente de pensarlos.

“Como he estado alejado de ellos no he podido darles mi cultura. Hablan muy poco español. No es que no les guste hablar español, sino que en su familia no pueden enseñarles. Espero poder enseñarles mi cultura y puedan hablar español. Me gustaría estar con ellos, como se debe. Pero te voy a decir una verdad: si yo tuviera una oportunidad de poderme hacer legal en Estados Unidos Mexicanos, yo me quedo aquí con todo gusto, porque me siento alegre, emocionado”.

Sus hijos, tan al norte. Su país, antes en el centro del continente, ahora parece tan al sur. Son tan sólo dos puntos cardinales que recuerdan lo que un migrante tiene que dejar en su camino hacia una mejor vida, nunca por gusto o siquiera por voluntad propia. Las condiciones de pobreza y violencia que sufre Centroamérica ha desplazado a estos miles de seres humanos hacia el norte, movidos por la esperanza.

“Yo no veo que en ningún país del mundo haya familias que quieran abandonar sus propiedades. Es por algo. Y por algo es que viene esa caravana para acá. Esas personas vienen buscando un futuro mejor. También tienen necesidad y abandonaron su país; alguna razón han de tener”.

“Se comenta que el presidente Donald Trump ha amenazado a Honduras con quitarle la ayuda que le da a Honduras; nosotros como inmigrantes, estaríamos alegres de que la quiten, porque esas ayudas, si es verdad que llegan, llegan al Congreso; al pueblo, no llegan. Entonces, si la quita, nos da lo mismo, no afecta al pueblo. El pueblo, si llegan, sigue afectado; y si no llegan, seguimos en lo mismo”.

¿Qué significa la migración?

“Cuando uno inmigra de su país es triste, porque dejas un país donde tú naces, dejas amigos, compañeros de lo que sea, dejas tu familia, dejas todo tirado. Claro, a la vez, te viene una emoción muy fuerte, porque tú vienes para otros lados a buscar un futuro. Es muy bonito salir de un país porque vamos a superarnos y esa es la emoción que sentimos por si algún día podemos regresar a nuestros países”.

Al informarle sobre la gran cantidad de mensajes que circulan en redes sociales sobre el temor de un sector de la población mexicana de perder trabajos debido a la oleada de migrantes, Armando sonríe un poco antes de enviar su mensaje:

“A los compañeros mexicanos no tengan temor del trabajo, que Dios dio para todos y que vamos a estar bien todos. Que, al venir esas personas, si se quedaran aquí, más bien va a crecer más México, porque al ellos trabajar también van a gastar. Migrar para mí significa querer salir adelante, tener a nuestras familias mejor, ayudarlos”.

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