Chihuahua

jueves 17 septiembre, 2026

Maestra ódami organiza fiestas patrias para familias desplazadas

Felipa Chaparro, educadora de CONAFE y de origen ódami, organizó un convivio por el 16 de septiembre con personas desplazadas, en el que pudieron danzar por primera vez desde que dejaron su territorio, madres de familia con sus hijas e hijos

Por Leo Barro y Carlos Fierro / Raíchali

Aldama, Chih. En medio de casas construidas con soga y palos amarrados, sin agua, luz ni drenaje, un grupo de mujeres indígenas hablantes de ódami vivió este 15 de septiembre un momento que jamás imaginaron: ver a sus hijos e hijas danzar, escuchar sus pies sonar en el piso y sentir que, por un instante, las tradiciones que creían perdidas volvieron a latir.

La actividad surgió por iniciativa de la docente Felipa Chaparro —conocida por sus alumnos como Ely—, maestra de educación bilingüe del Consejo Nacional de Fomento Educativo (CONAFE), quien desde el año 2025 atiende a los niños desplazados asentados en la colonia Los Leones, a un lado del aeropuerto de la ciudad de Chihuahua.

La maestra identificó que las familias habían dejado de celebrar las fiestas tradicionales y de usar la vestimenta típica. “Como educadora quiero implementar de nuevo la vestimenta y que no muera la tradición”, explicó.

Ely Chaparro es originaria de Baborigame, municipio de Guadalupe y Calvo. Antes de dedicarse a la enseñanza, trabajaba como cajera en un Oxxo. “Me motivó trabajar en CONAFE al saber que había personas de mi comunidad hablante ódami, ya que me siento en familia cuando hablo mi lengua y más por sentirme apoyada por los padres de familia que necesitaban educador para sus hijos”, mencionó.

Actualmente está por concluir la preparatoria con el objetivo de estudiar pedagogía y obtener más conocimiento para compartir.

La maestra reconoció que los niños aún no muestran mucho entusiasmo, ya que las costumbres tradicionales no les han sido inculcadas de forma constante. Consideró que se trata de un proceso gradual: “ya ellos van a ir aprendiendo poco a poco”.

Para dar contexto a la celebración de las fiestas patrias, la docente explicó a la comunidad, no solo a los alumnos sino también a las madres de familia, la llegada de los españoles y el mestizaje con los pueblos indígenas, así como el Grito de Dolores, adaptando la explicación a una población de la sierra que en muchos casos no ha tenido acceso a educación formal sobre estas fechas.

La docente, además de organizar la actividad del 15 de septiembre, explicó todo en lengua ódami, tanto a los alumnos como a los padres de familia.

Siete familias desplazadas por la violencia

Los alumnos y las madres de familia fueron desplazadas de manera forzada de la comunidad La Pomosa, en el municipio de Guadalupe y Calvo, buscaron asilo en la ciudad de Chihuahua desde hace tres años, dejaron sus tierras sin tener la certeza de regresar algún día.

Sin saber hablar español, iniciaron una nueva vida. Son siete mujeres con sus hijas e hijos (cuatro adolescentes y los demás niños y niñas desde 1 y 12 años). Como pudieron, llegaron a la capital del estado, donde tenían conocidos de su comunidad en quienes podían apoyarse. Su primera estancia fue en la colonia Cerro Grande, aunque por poco tiempo.

“Se les ha hecho muy complicado adaptarse a una cultura diferente y agarrar el ritmo de una nueva vida”, relata la maestra en entrevista. Durante años, sus hijos e hijas nunca tuvieron acceso a la educación en su comunidad de origen. Hace apenas un año tomaron la decisión de registrarlos para ingresarlos a la escuela.

Hoy, esos niños tienen una maestra de CONAFE que habla su propia lengua, el ódami.

“Ya hasta me dieron ganas de bailar”

Una mujer de 55 años, abuela de varios de los niños y niñas, no pudo contener la emoción al verlos danzar.

“Se siente muy bonito ver por primera vez que mis nietos e hijos estén danzando, sobre todo en el lugar donde también están aprendiendo algo nuevo para su desarrollo. Tenemos muchos años sin disfrutar nuestras fiestas tradicionales, sobre todo ver la alegría de sus hijos”, expresó en ódami.

Recordó que sólo una vez en su vida había visto niños danzando, en una comunidad llamada Santo Domingo, pero solo los observaban de lejos porque sus hijos no iban a la escuela.

“Hoy me gustó verlos participar. Ya hasta me dieron ganas de bailar y sobre todo recuerdo con un tesgüino para danzar, matachines, algo que ya se está perdiendo. Lo podemos volver a rescatar, aunque queríamos hacerlo nos daba miedo y vergüenza que se burlaran de nosotros, ‘¿porque hacen esa danza?’, nos pueden decir los mestizos. Pero ahora veo que sí podemos hacerlo, porque la maestra nos regresó la confianza en nosotras mismas como comunidades y hablantes de una lengua indígena”, añadió.

Los niños, dice, “se ven bien contentos, les gusta bailar, aunque ahorita les da un poco de pena, pero querían bailar desde que nos dijo la maestra que quería que conviviéramos con todos nuestros hijos aquí en la escuela”.

Otra de las entrevistadas, una mujer de aproximadamente 23 años, también se mostró emocionada.

“Me siento bien alegre y contenta viendo bailar. Recuerdo mucho tiempo que danzaban allá, pero desde que fuimos desplazados ya no veíamos. Por eso me siento contenta de escuchar la música. También me gustaría danzar con tesgüino, es algo que nos dejaron los ancestros y debemos seguir con nuestras tradiciones, aunque estemos lejos de nuestro territorio”, afirmó.

La historia contada desde la otra orilla

Previo al convivio, la maestra de CONAFE ofreció una breve explicación sobre la Independencia de México: por qué se celebra, cómo se independizó el país y cómo cada estado, desde sus autoridades, da el grito la noche previa al 16 de septiembre, coreando “¡Viva México!”.

Pero su explicación fue más allá. Con un mapa en el pizarrón, narró la colonización española y señaló los lugares desde donde se conquistó el territorio mexicano. Habló de cómo las comunidades indígenas sufrieron, cómo fueron violadas las mujeres, esclavizadas las personas y enviadas a trabajos forzosos y pesados por el simple hecho de hablar una lengua indígena, como si valieran menos.

“Pero no es así. Nosotros somos originarios de nuestra tierra, donde vivimos llegamos antes que ellos. Ellos sólo vinieron a hacernos daños y apropiarse de nuestros recursos naturales y obligar a desplazar a los dueños de los territorios. Por eso muchas de las lenguas indígenas desaparecieron, por miedo a la discriminación y la forma en que nos enseñaron”, relató la maestra.

Mostrando un libro de historia, advirtió: “Mira este libro que les estoy mostrando, habla la historia de México, pero son hechos por mestizos. No sabemos qué tanta cierta sea lo que están hablando de nosotros porque no nos preguntaron y sobre todo no teníamos voz en aquella época. Pero logramos resistir y seguimos en la lucha para que no se pierda nuestra lengua”.

Insistió en que la educación debe impartirse en su propia lengua y también en español, porque “tiene la misma validez tanto en lengua indígena y el español. No nos avergoncemos por hablar, al contrario, debemos sentirnos orgullosos”.

“No somos un disfraz”

La maestra reflexionó sobre su labor:

“Este día nos reunimos en comunidad para recordar quiénes somos, que no somos un disfraz. Como educadora comprometida a siempre llevar palabras de aliento para mentalizar positivamente, ya que como indígena existen muchas barreras. La escucha del ‘no’ que recibe un niño indígena afecta muchísimo. Sin duda, como educadores de CONAFE somos los que estamos en territorio y llegamos a comunidades más alejadas donde ni siquiera hay acceso; a veces nos toca ir caminando varias horas o en caballos para llegar a una comunidad para dar clases, pero nuestro trabajo no es valorado y no contamos con las mismas prestaciones. Pero no dejamos de seguir trabajando para que ningún niño y niña se quede sin clases como la educación de SEP y SEECH”.

Comida, vestidos y tradición

El convivio fue acompañado por comida que las propias familias prepararon: frijoles cocidos, tortillas hechas a mano con salsa de tomatillo y lechuga. También lucieron vestidos hechos por ellas mismas, llenos de colores vivos con flores bordadas con sus propias manos.

Las madres de familia contaron orgullosas que cocieron sus propias faldas tradicionales y se presentaron con la vestimenta completa. Aunque algunas sintieron pena al momento de danzar frente al grupo, su participación reflejó el interés de la comunidad por mantener viva su identidad cultural.

El evento inició con los honores a la bandera y la entonación del Himno Nacional, para luego dar paso a la danza, la música y la reflexión sobre una historia que, por primera vez en mucho tiempo, se contó desde la voz de los originarios.

Falta de apoyo institucional

La maestra señaló que, pese a que representantes de la Secretaría de Educación Estatal de Chihuahua (SEECH) visitaron la escuela a principios del ciclo escolar y prometieron bancas, sillas, pizarrones y útiles escolares para los niños, hasta la fecha ninguno de estos apoyos se ha entregado ni ha habido seguimiento por parte de las autoridades.

“Nadie ha venido aquí. Estamos olvidados”, afirmó y señaló la falta de psicólogo para la atención de los niños y las niñas en la escuela, para una mejor incorporación y así sobrellevar la situación en la escuela y la vida diaria, ya que del contexto de la cual vienen es completamente otra realidad a la cual están actualmente.

Pese a la falta de recursos, la docente impulsa la conservación de la lengua y las tradiciones ódami entre su comunidad. “Lo único es animar a mi gente de la sierra”, concluyó.

La escuela ya prepara un nuevo encuentro con los padres de familia para el 20 de noviembre, fecha en que continuarán fortaleciendo estos lazos comunitarios.

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