Chihuahua

martes 8 septiembre, 2026

Leo Barro, comunicador ódami, estará hoy en la Cámara de Diputados para exigir ser escuchados

Patricia Mayorga / Raíchali

“Mi formación fue platicar con la naturaleza, pedirle permiso para convivir con los animales, creo que se llega a una conexión que las palabras no describen. Porque cuando tú andas con ellos, se comunican contigo, los reconoces y también les das su espacio, es algo muy bonito que me ha tocado vivir y creo que lo traigo marcado. Eso me ha permitido tener claridad en lo que busco y tener la fuerza para que siga vivo ese mensaje que no está escrito”.

Es la voz Leonel Barro Julián, administrador de empresas y reportero e intérprete originario del pueblo ódami. Hoy, con esa fuerza que le acompaña cada día, que le ha permitido enfrentar y superar la discriminación, la desigualdad y buscar las oportunidades a las que tiene derecho, llega a la Cámara de Diputados para dar un mensaje en ódami (tepehuanes del norte) y exigir la escucha a la tierra, al territorio y la lengua ódami como lucha por la existencia.

“En un inicio estaba pensado en platicar un poquito (en la Cámara de Diputados) qué es la importancia de nuestros pueblos o lenguas indígenas originarios que hay en nuestro país, y cómo nosotros podemos ocupar en los espacios que también nos pertenecen, y después decidí recordarles que aquí estamos, que estamos vivos y sobre todo, que hemos resistido por muchos años (…) con la colonización se perdieron muchas lenguas indígenas y los que quedamos, seguimos resistiendo y reforzando”.

Barro fue invitado a hablar ante las diputadas y diputados, a través del “Proyecto de reconocimiento de lenguas y pueblos indígenas” del Centro de Idiomas Extranjeros y Maternos del Tecnológico Nacional de México.

El joven ódami, quien forma parte del equipo de Raíchali, compartió en entrevista: “Aunque esté en un lugar donde casi no llueve, es muy seco, siento que traigo la memoria del agua que corre por los ríos de mi tierra, siempre la siento. Aquí lo traigo, a pesar de que ahorita hay sequía y los aguajes se están secando. Pienso, ¿cómo yo puedo también, de alguna manera ser la voz de ellos?, ¿cómo gritar lo que ellos también quieren hablar?”.

Leonel Barro es originario de la comunidad de Milpillas de Arriba, del municipio de Guadalupe y Calvo, el más golpeado por la ola de desplazamientos forzados masivos de los últimos años.

El inicio de su trayectoria, recuerda, inició en su comunidad, en la escuela primaria Emiliano Zapata de Milpillas. En su tierra también estudió la secundaria.

“Posteriormente me decido con mi familia, principalmente mi mamá, que me mandó a otro pueblo cercano donde podía yo seguir con mis estudios, y que no abandonara. A pesar de que no teníamos los recursos ni nada, quería seguir ahí en la comunidad apoyando a mi papá en lo que me gustaba hacer: sembrar el maíz, frijol, comer algo fresco y que sea hecho por nuestras manos para que no tengamos que estar comprando. En esa época pues había muy poca ayuda como becas para que siguieras estudiando y cosas así. Pero decidimos que siguiera mis estudios”.

Una vez que concluyó la preparatoria en la seccional de Baborigame, llegó a vivir en Chihuahua con muy poco conocimiento del español.

“Fue un gran reto para mí aprender español, sufrí la discriminación, además de adaptarme a una nueva cultura, una nueva vida. Pero no huí, no me fui de aquí. Resistí y al entrar a la carrera de Administración en el Instituto Tecnológico de Chihuahua, creo que en un principio también fue un poco complicado entender a los maestros”.

A sus compañeros también se les dificultó al principio convivir con él porque decían que era muy serio, pero él prefería no intentar hablar para evitar risas o burlas. Era su manera de protegerse.

“Hubo una maestra que me dijo: ‘No, pues es que tú no naciste para licenciado, ¿porque no estudias otra cosa? Y sí, en ese momento dije: ‘Pues yo voy a pensar que si nací para licenciado o nací para otra carrera (…) esta carrera está hecho para estar mucho en público, para hablar, para entablar una conversación clara y consistente”.

Leonel Barro explica que en ese momento no tenía conocimiento de la interculturalidad, del proceso de adaptarse a una nueva cultura, “donde te obligan a hablar una lengua que es el español y que no te entiendan, que nuestro proceso es un poco más lento para poder estar a su nivel de español. Claro, no soy experto todavía en hablar español, pero ahora me sé defender”.

Leonel Barro en Guachochi.
Foto: Patricia Mayorga

Con el paso de los semestres, se ganó a maestros, maestras, a compañeras y compañeros. “Yo creo que desde un principio tenía como esa idea de estudiar la carrera, pero no lo tenía con claridad en mi mente (…) Ahora yo quisiera que más jóvenes no pasaran esto. Creo que a partir de tercer semestre es cuando digo: ‘esta es mi carrera, es la que quiero y es lo que busco (…) en ese momento empiezo a hacer proyectos comunitarios para poder ir aportando poco a poco a mis comunidades indígenas, sin importar si haya terminado o no haya terminado la carrera, pero yo ya estaba trabajando en un proyecto”.

Su primer proyecto fue la certificación de técnicos para cultivos orgánicos de árboles. Ese proyecto lo llevó a que lo incluyeran en la plataforma que aprende.org de la Fundación Telmex y de ahí se motivó para generar más ideas.

“Dije: ‘¿qué puedo hacer en mi comunidad?, ¿qué es lo que ellos necesitan y que le pueda servir? No voy a imponer un proyecto sino de qué les va a servir, qué es lo que le funciona’. Estuve platicando con las comunidades, con otras comunidades para ver qué podíamos hacer. De hecho mi primer proyecto fue en una comunidad rarámuri, no fue en mi comunidad”.

Barro Julián detalla que aunque no hablaban el mismo idioma, con la comunidad que realizó su primer proyecto tienen en común su raíz, es cuidar la naturaleza, la conciencia de cuidarla. Sembraron 35 árboles frutales diferentes, como manzanas, chabacano, durazno, ciruelo y cereza.

El proyecto funcionó porque a la gente le gustó. Posteriormente lo llevó a su comunidad en Milpillas de Arriba. Primero les enseñó lo teórico y después sembraron.

“Una vez que fui a visitar a mi abuela. M mamá creció con ella porque su mamá de muy chiquita falleció, entonces ella se hizo cargo de mi mamá y ella me dijo: ‘Ya están dando fruto los árboles, ¿no quieres ir a agarrar uno para comerte. De los que tú nos trajiste, ahorita ya está dando frutos y ya nosotros lo cuidamos mucho y están muy bonitos, muy grandes’. Yo tenía como esa ilusión de tener otra fruta diferente en la comunidad”.

Y es que Leonel Barro creció en una tierra estigmatizada por la prevalencia del narcotráfico: Guadalupe y Calvo. Su familia sembraba maíz, frijol, papa, chícharo, trigo, chile, tomate, y otros alimentos cotidianos, pero no había muchas opciones, por eso soñaba con sembrar otros árboles frutales.

“Hay muchas cosas muy interesantes (en su cultura y territorio) que no se escuchaban: ¿Quién están ahí, cuáles son las comunidades indígenas que viven ahí?, ¿qué están haciendo?, ¿cómo viven?, ¿cuál es su educación?, ¿cómo trabajan?, ¿cuál es su organización? Y eso no se habla, no se conoce cómo han resistido allá, debajo de todo eso por lo que está en estigmatizando.

“Porque también me llegó ese estigma cuando llegué a aquí a Chihuahua, trabajaba en algunas maquiladoras y decían: ‘No, es que los de Guadalupe y Calvo son bien bravos’. Pero en mi caso no es así, generalizan todo y realmente pues no todo es así”.

Sin embargo, Leo Barro habló de las dificultades que enfrentan los y las jóvenes en su tierra por la situación de violencia generalizada y desplazamientos que se han registrado los últimos años.

“Y es que ahorita está difícil lo que está pasando en estas comunidades. Muchos jóvenes han desaparecido por muchas cuestiones y hay que buscarles. Muchos se han tenido que ir de la comunidades por riesgo, pero siempre se tiene claro es que no por el simple hecho de irse a una ciudad o a otro lado y de tener éxito profesional, vamos a dejar abandonados a nuestra comunidad. Aunque estemos lejos, podemos seguir resistiendo porque lo que queremos es regresar a nuestra tierra para vivir con más fuerza”.

Leonel Barro ha optado por ejercer también periodismo. “Creo que sí nací con eso, creo que ya lo traigo, es una necesidad de comunicar (…) todo el tiempo estamos comunicando, haciendo algo, pero no se documentaba, no se escribía, no se decía nada o las narrativas que eran cambiadas o las entrevistas que hacían los medios tradicionales eran diferente, por ejemplo, no se qué está pasando que no se dice todo, si hay muchos medios comprados o simplemente no tienen ética de decir lo que lo que realmente está pasando y lo que se necesita en las comunidades. Todo el tiempo estamos estigmatizados, que las comunidades somos lo todo el tiempo lo más pobres”.

Esta es la segunda vez que Leonel Barro estará ante legisladores federales, pero hoy llega con más experiencia, con mayor claridad y con un dolor más profundo, atravesado por las realidades de despojo, desplazamientos forzados, desapariciones, asesinatos de su pueblo que le ha tocado reportear y acompañar.

“En cualquier espacio que he estado siempre he tratado de preservar mi lengua, de dar un mensaje en mi propia lengua, aunque sea un una parte y y siempre me ha gustado estar participando en foros de lenguas indígenas, de decisiones que se toman aunque no se hace nada.

“Aunque hablemos, creo que tenemos muy poca voz en muchos decisiones que se toman desde escritorios, desde gobiernos, desde instituciones y sobre todo, no escuchan y no consultan bien a las comunidades, sobre todo como que tienen comprado a ciertas personas o cooptados a los que trabajan con ellos para que no puedan hacer más para sus comunidades, para simular.

“Toda esta esa riqueza, esta formación que ellos me han preparado y lo que yo ya traigo conocimiento, quiero que no solamente se quede dentro de la institución, sino que también se escuche al exterior de cómo es la vida de un estudiante indígena que han pasado por múltiples obstáculos, pero pues sigue vivo y sigue resonando su voz”.

Leonel Barro es el primer estudiante de pueblo originario del estado de Chihuahua que se tituló como segunda lengua el ódami. Es decir, “antes tenías que hablar otra lengua extranjera como el inglés, el chino mandarín, para titularte, pero a los pueblos originarios los olvidaban, o sea, no les daban importancia y es al contrario, estamos haciendo que no se acabe o no se muera una lengua”.

La coordinaciones y sus direcciones académicas del sistema de institutos tecnológicos, explica Barro, dialogaron el tema y propusieron cambiar esa forma de titularse. “Titularnos en nuestra propia lengua, un derecho que tenemos y que nos tenían quitado”

Hoy, 8 de septiembre, en la Cámara de Diputados está previsto el inicio del análisis y discusión de la glosa del Informe de gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, en un periodo donde también se procesan las agendas y foros relacionados con los derechos y las leyes secundarias de los pueblos originarios y afromexicanos.

En este enlace pueden escuchar el mensaje de Leo a las 11 horas de este jueves.

https://youtube.com/@canalcongresomx?si=tQc3w-d3J0Ri-TlL

banner donar

Déjanos tus comentarios

Recientes

spot_imgspot_img

Notas relacionadas