Chihuahua

martes 8 septiembre, 2026

“La Palabra es la Defensa” mensaje íntegro del comunicador ódami Leo Barro ante la Cámara de Diputados

La mañana de este jueves 8 de septiembre, Leonel Barro, comunicador ódami y colaborador de Raíchali , se presentó ante la Cámara de Diputados, en el marco Día Internacional de las Lenguas Indígenas, para dar un claro mensaje. Publicamos íntegro su discurso

Diputadas, diputados y autoridades del pueblo de México:

Soy Leonel Barro Julián, estudiante de tercer semestre de la Maestría en Gestión Administrativa en el Instituto Tecnológico de Chihuahua, y egresado de la Licenciatura en Administración por la misma institución y el Tecnológico Nacional de México.

Pero esos títulos no son lo más importante. Lo importante es saber de dónde vengo y qué quiero poner todo lo que he aprendido al servicio de mi pueblo. Hablo la lengua Ódami (Tepehuanes del Norte).

No vengo a pedir un favor, sino a ejercer un derecho que me asiste: el derecho a ser escuchado. Soy la voz de la tierra, de la gente y de mi historia. Porque si nuestra palabra no se escucha, ¿quién hablará por nosotros? Si nuestras historias no se cuentan en nuestra lengua, ¿cómo saber que existimos?

La lengua indígena no es una barrera para llegar hasta aquí. Es precisamente lo que hoy me trae hasta aquí. Procedo de la Sierra Ódami del municipio de Guadalupe y Calvo, territorio reconocido por el INPI como hogar de los pueblos Rarámuri, Guarijío, Ódami, Oichkama y, recientemente, también de la Nación N’dee o Apache.

La tierra es el suelo que piso, el agua que bebo, el aire que respiro, el canto de los pájaros y el susurro del viento entre las hojas. Lo que ustedes llaman pobreza, para nosotros es vida: es tierra, es agua, es memoria, es identidad, es lengua. Una lengua encendida. Y mientras yo tenga voz, no permitiré que se apague.

Salí de mi comunidad siendo muy joven, sin hablar español. Enfrenté la discriminación en la ciudad, pero no hui; respondí a un llamado de servicio: traducir e interpretar en hospitales, narrar las historias de mi gente en su propia lengua y auxiliar a paisanos desplazados como yo.

Porque si nuestras historias no se cuentan en nuestra lengua, ¿quién las contará? Si nuestra palabra no se escucha, ¿quién hablará por nosotros?.

Hoy, desde escritorios y asientos cómodos, toman decisiones sobre nuestras vidas, sin consultarnos. Dicen respetar nuestra cultura, pero solo en papel, sin conocimiento real de nuestra forma de vida.

Mientras tanto, nuestras comunidades son desplazadas: queman sus casas, roban sus tierras, el agua y nuestros bosques. Y a nosotros, los que vivimos libres entre montañas, se nos llama “pobres” por no poseer riquezas materiales. Permítanme decirles algo: en nuestras comunidades no hay estrés, no hay preocupación; el agua es más pura que la que ustedes beben y vivimos sin cadenas.

Eso también es riqueza. Una riqueza que no se mide en posesiones materiales, sino en la tierra que habitamos, en el agua que bebemos, en los bosques que cuidamos y en la libertad con la que vivimos.

Dividieron a nuestras familias, arrebataron nuestra medicina tradicional y, mientras nuestros niños esperan sentirse libres y las mujeres lloran en silencio, ustedes siguen legislando contra nosotros.

Me dicen que tengo derechos. Que el artículo 2° de la Constitución me protege, que el Convenio 169 de la OIT y la ONU me amparan. Pero cuando modifican las leyes solo a su favor, cuando simulan consultas sin respetar nuestras decisiones, pregunto: ¿De qué sirven los derechos si no se cumplen? ¿De qué sirve el reconocimiento si no hay respeto? A pesar de todo, sigo en pie. Porque la tierra y las personas de pueblos originarios son primero. Preservar nuestra cultura, idioma, tradiciones, rituales, danza, cosmovisión, identidad e historias en nuestra propia lengua no es un capricho: es nuestra vida, nuestra existencia.

No queremos que nos digan cómo vivir; queremos que nos escuchen. No queremos imposiciones; queremos respeto a nuestro gobierno autónomo. No queremos desplazamiento; queremos regresar a nuestras tierras. No queremos que nuestros abuelos y abuelas mueran esperando volver; queremos que los dejen vivir.

Hoy hablo desde el corazón de mi pueblo. No pido limosna, pido justicia y respeto. Pido que me vean como soy: un hombre Ódami que camina libre por sus montañas, bebe agua pura, respira aire limpio y no se callará mientras su tierra sea arrebatada y su gente siga llorando en silencio.

La palabra es la defensa: la tierra, el territorio y la lengua Ódami como lucha por la existencia. No se puede defender una lengua si no se defiende el territorio donde se habla. No se puede preservar una cultura si se permite el desplazamiento forzado de sus comunidades.

Así como nuestros ancestros defendieron estas montañas, así como mis abuelos cuidaron el agua y los bosques, yo, joven Ódami, estoy aquí para decirles: No somos un problema, somos una nación. No somos un folclor, somos una fuerza viva. No necesitamos que hablen por nosotros; necesitamos que nos escuchen.

Hoy, desde esta tribuna que representa la soberanía de México, les digo: la defensa del territorio y la conservación de nuestras lenguas son una misma lucha. Quien ataca nuestra tierra, ataca nuestra palabra. Quien despoja nuestro territorio, silencia nuestra voz.

Mi lengua Ódami es mi palabra, y mi palabra también es mi forma de defender mi tierra, mi territorio y a mi comunidad. Por eso estoy aquí. Soy Ódami. Soy de la montaña. Y mientras tenga voz, mi pueblo tendrá voz.

Muchas gracias por invitarme.

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