Chihuahua

jueves 8 diciembre, 2022
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    Personas venezolanas varadas en México: en el sur les impiden el paso; en el norte las expulsan desde EEUU

    Miles de personas provenientes de Venezuela están varadas en Tapanatepec, en Oaxaca ante el llamado de Estados Unidos de no intentar llegar por tierra a su frontera. Mientras tanto el país norteño expulsó ya a cientos de personas venezolanas que pernoctan en las calles de Ciudad Juárez, Chihuahua, ante la saturación de albergues

    Texto y fotos: Diana Manzo / Istmo Press y Verónica Martínez / Rey R. Jáuregui / La Verdad

    TAPANATEPEC, OAXACA y CIUDAD JUÁREZ, CHIHUAHUA.– Mientras esperan obtener su Formato Migratorio Múltiple (FMM), que les permite circular por territorio oaxaqueño durante 7 días sin ser detenidos, miles de migrantes venezolanos están en la incertidumbre en Tapanatepec, Oaxaca, tras el anuncio que realizaron las autoridades estadounidenses de que abandonen su camino y regresen a su país para incluirse en el programa migratorio que les permita ingresar al país norteamericano vía aérea.

    Mientras tanto, en Chihuahua, más de 600 migrantes venezolanos han sido retornados de Estados Unidos por Ciudad Juárez desde el 12 de octubre, cuando los gobiernos de ese país y México pusieron en marcha un acuerdo que busca reducir el flujo migratorio de personas procedentes de Venezuela en su frontera común.

    “Queremos cumplir el sueño americano”, insisten mujeres y hombres al señalar que su único propósito es trabajar y vivir dignamente ante la crisis económica que enfrenta este país sudamericano.

    Desde el pasado 5 de agosto, el Instituto Nacional de Migración (INM) instaló un campamento móvil en Tapanatepec, Oaxaca, con la intención de detener el flujo masivo de migrantes, y a cambio entregan permisos para circular. Durante los dos primeros meses fueron por 15 días y abarcaba el territorio nacional, ahora, es por 7 días y solo válido para Oaxaca.

    Al día, el INM entrega un aproximado de 250 permisos; sin embargo, es una cantidad que aseguran los migrantes es insuficiente, pues durante casi 8 horas los tienen resguardados en el sitio sin permitirles salir ni probar alimentos, lo cual denunciaron es una violación a sus derechos humanos.

    De acuerdo con las autoridades han llegado 100 mil personas, el 80 por ciento de origen venezolano, dejando una derrama económica de 200 millones de pesos.

    El presidente municipal, Humberto López Parrazales, informó que al día llegan entre 3 mil a 3 mil 500 personas migrantes, y se van mil 500 migrantes.

    “La vida de Tapanatepec ha cambiado, tenemos saturado todos los servicios, la gente renta sus casas, sus patios, unos han optado por vender comida, realmente el flujo monetario es alto, y estamos ayudando brindando seguridad y agua para todos ellos, son nuestros hermanos”.

    Humberto López Parrazales, alcalde de Tepanatepec, Oaxaca.

    En las calles y avenidas, así como espacios públicos, negocios y establecimientos el incremento de personas es demasiado.

    A las afueras del campamento, hay infinidad de comercios móviles, unos habilitados por los propios habitantes y otros por los migrantes, quienes venden alimentos, agua y comida tradicional venezolana, cigarros y hasta realizan cortes de cabello.

    Migramos con el corazón

    Las mujeres venezolanas que viajan solas con sus hijos son las más afligidas por la nueva decisión del gobierno estadounidense de que retornen a su país.

    “¿Qué voy hacer con dos chiquitos?, soy madre soltera, y no podemos regresar, no tengo dinero, estoy realmente preocupada, y mi sueño es llegar allá y trabajar, dejarles a ellos una buena enseñanza”, Yonali Jiménez.

    La mujer se quejó también del trato que les brindan dentro del campamento, en donde aseguró no hay baños, y tampoco les brindan comida ni agua, además de tener que soportar las altas temperaturas.

    Un joven de 22 años también de origen venezolano lamentó que el permiso que le entregaron haya sido roto en la frontera mexicana, y es la segunda ocasión que regresa a Tapanatepec en busca de su permiso.

    Para lograr unos cuantos pesos y juntar para su pasaje, Joandry Montilla Ramírez vende cigarros.

    Con su bandera venezolana como sello distintivo vende sus cigarrillos, pues requiere 2 mil 700 pesos, que es el costo de su pasaje de Tapanatepec a Ciudad Juárez.

    Además, tendrá que pagar un taxi que le cobra 500 pesos para llevarlo a la frontera y de ahí intentar cruzar.

    “Es la segunda vez que estoy en Tapanatepec, la primera vez me detuvieron en Monclova y de ahí me llevaron a Villahermosa, estuve encerrado 10 días y después me liberaron y nuevamente sigo acá, no es posible que las autoridades mexicanas nos hagan esto”, refirió.

    En el acceso a Tapanatepec hay una veintena de autobuses, los boletos se venden en varias partes, asimismo en las casas hay avisos para hospedaje, algunos les cobran 100 o 200 pesos la noche.

    Los vendedores de ropa y comida también se han beneficiado, inclusive se han intercambiado recetas de comida, algunos ya preparan arepas o empanadas venezolanas con la tradicional salsa de ajo, y los migrantes ya comen tlayudas oaxaqueñas.

    También se rentan claves de internet y fuentes de energía para cargar los teléfonos celulares. La llegada de personas migrantes a Tapanatepec por la frontera sur ha sido un fenómeno nuevo para este poblado, que ha recibido desde el 2018 a la caravana de migrantes, pero que solo pernoctaban de dos a tres días, ahora llevan dos meses y medio de estancia.

    Con albergues saturados, venezolanos pernoctan en las calles de Ciudad Juárez

    Mientras en el sur de México, las personas venezolanas no pueden continuar su paso al norte, más de 600 venezolanos han sido retornados a Ciudad Juárez desde el miércoles pasado, cuando los gobiernos de Estados Unidos y México pusieron en marcha un acuerdo que busca reducir el flujo migratorio de personas procedentes de Venezuela.

    Sobre cartones acomodados en la banqueta, en bancas públicas o bajo las escaleras de la oficina escaleras que dan acceso al Centro de Atención Integral al Migrante (CAIM), que opera el Consejo Estatal de Población, decenas de migrantes venezolanos expulsados por Estados Unidos pernoctan en la vía pública.

    Algunos usan sus mochilas y chamarras como cobertores y cobijas para no recostarse en el piso frío, por el clima que se registra en la región en esta época de otoño. Los albergues para migrantes en la ciudad están saturados.

    En las afueras de las oficinas del Consejo Estatal de Población, ubicadas a un lado del puente internacional Paso del Norte y a metros del puerto de entrada por el que fueron retornados desde El Paso, Texas, unas 40 personas permanecen a la intemperie sin saber a dónde ir.

    “Dormir en el suelo ya se está volviendo una costumbre para nosotros”, dijo Segundo, unos de los venezolanos que pernoctó a las afueras de las oficinas estatales. Durante su trayecto por Centroamérica y México también llegó a dormir en campamentos improvisados, pero describe que las peores noches las vivió en la Selva de Darién, un área selvática y pantanosa en los límites de Panamá y Colombia.

    Otros de los migrantes reportaron que en la ciudad han dormido en edificios religiosos o espacios que migrantes de origen haitiano les compartieron temporalmente donde ellos habitan, en el área de la zona centro.

    Siendo Juárez una de las ciudades más peligrosas, las personas expulsadas desde Estados Unidos están expuesta a secuestros, extorsiones y amenazas del crimen organizado, como lo han documentado organizaciones defensoras de los derechos de migrantes. Además, a las condiciones climáticas que en esta época del año provoca temperaturas frías durante las noches y madrugadas.

    Karla, migrante venezolana de 33 años, narró que después de ser retornada por autoridades estadounidenses, ella y un grupo de migrantes se acercaron al CAIM donde recibieron ropa nueva, comida, agua y pudieron usar el baño en las instalaciones. Sin embargo, les informaron que no había lugar en los espacios de acogida, por lo que debían buscar por su cuenta habitaciones disponibles en hoteles.

    “No tenemos plata y nos tendremos que quedar aquí”, dijo Karla al referirse al exterior del CAIM. La mujer comentó que ella y las personas con las que viaja temen quedarse en la intemperie, pero no tienen otra opción.

    Los migrantes se movilizan en grupos por protección y desconocen a dónde acudir por ayuda porque no conocen la ciudad.

    La noche de este viernes, venezolanos refugiados en la ciudad y voluntarios, que se hacen llamar Grupo Chévere, llevaron cajas con pizza para ofrecer como cena a sus connacionales que permanecen en la vía pública luego de su retorno de El Paso, Texas.

    Grupos cristianos también les ofrecieron cobijas y oraron junto con ellos para levantar los ánimos.

    Hasta ahora el gobierno de Chihuahua no ha fijado una postura ante la nueva crisis humanitaria desatada en esta frontera por el cambio de políticas migratorias de Estados Unidos, que comenzó a expulsar a México a los venezolanos que crucen la frontera por vía terrestre. El Gobierno de México solo dio a conocer que aceptaba a los migrantes, sin mencionar algún programa de ayuda especial para atender la nueva contingencia.

    Estados Unidos reiteró este viernes su llamado a los venezolanos: “No vengan a la frontera con Estados Unidos.  Serán regresados a México”.

    Advirtió que si entran de manera irregular a Estados Unidos, a México o a Panamá, no podrán participar en este nuevo programa libre de peligro.  “No se arriesguen.  No se lancen al peligroso viaje, nada más para que los envíen de regreso”, difundió en un comunicado.

    Migrantes frente al muro de Estados Unidos con Ciudad Juárez

    Cifras del Instituto Nacional de Migración (INM) indican que 130 personas fueron retornadas el miércoles, 288 el jueves y 200 este viernes.

    Desde el 12 de octubre, autoridades del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) anunciaron un nuevo proceso de Control Migratorio para venezolanos que expulsa inmediatamente a las personas que intenten cruzar de forma irregular por medios no aéreos.

    Las personas venezolanas que intenten ingresar al país de forma irregular por la frontera terrestre serán devueltas a México bajo el Título 42. Esta nueva disposición deja a Ciudad Juárez en alerta por la gran necesidad de brindar apoyo humanitario a los recién retornados.

    Organizaciones de sociedad civil, organizaciones humanitarias, grupos religiosos e iglesias dieron a conocer que actualmente gestionan acciones necesarias para brindar apoyo a las personas en movilidad en Ciudad Juárez, pero reconocen cada vez se encuentran barreras para brindar una atención digna.

    Los migrantes ya retornados reportaron haber permanecido en detención por tres días antes de ser retornados por autoridades estadounidenses, por el puente internacional Reforma, ubicado en la calle Lerdo. Se les informó que se les retornaría de forma voluntaria a México, aunque muchos de los migrantes declararon no estar enterados de que el proceso al que accedían era su expulsión.

    Por parte de autoridades mexicanas los migrantes recibieron un oficio que solo les da 15 días para gestionar su salida de México. Al ser retornados, los migrantes son dirigidos a las oficinas del Consejo Estatal de Población donde reciben alimento y orientación sobre sus opciones en México.

    Organizaciones exigen acciones de gobiernos

    La organización Derechos Humanos en Integrales en Acción (DHIA) reportó diversas irregularidades en el proceso de retorno de venezolanos bajo el Título 42, entre ellas está la separación de algunas familias, traslados de Estados Unidos a México en el que no se les informa a las personas retornados sobre su situación migratoria, falta de claridad de los procesos, así como las opciones que hay en México y solo mencionan la salida del país como la única opción.

    La organización hizo llamó a los tres niveles de gobierno en México a atender a la población retornada sin que se considere el contexto de necesidad humanitaria en la frontera.

    “Desde nuestra organización, consideramos que es fundamental la gestión de un tercer espacio público digno y seguro, donde las personas puedan hacer frente a las condiciones climáticas y de inseguridad que la ciudad enfrenta”, informó DHIA a través de un posicionamiento difundido en sus redes sociales.

    El albergue Kiki Romero, administrado por el Gobierno de Ciudad Juárez, empezará a recibir de cuatro a cinco familias diarias durante un periodo de una semana, declaró Santiago González Reyes, director de la Dirección de Derechos Humanos Municipal.

    Sin embargo, se le dará prioridad a familias consideradas de alta vulnerabilidad. El albergue que tiene una capacidad de 200 personas cuenta actualmente con 60 espacios disponibles.

    “Estamos enfocándonos en familias con niñas en situación económica que no puedan solventar una estancia”, dijo.

    La dirección municipal de Derechos Humanos también cuenta con un programa de retornos asistidos en los que facilitan descuentos de 50 por ciento para pasajes de autobús. El director mencionó que se facilitaran viajes a la Ciudad de México y Guadalajara y está abierto a toda la población en movilidad que requiera el transporte.

    El funcionario público agregó que el flujo de devoluciones a Juárez es una significativo que rebasa las capacidades del albergue, por lo que la autoridad no apuesta por abrir más espacios de acogida si no incentivar un flujo migratorio que no permanezca en Juárez.

    “Lo que se tiene que hacer por parte de las autoridades correspondientes es acelerar la circulación de personas o hacer los acuerdos necesarios para que se detengan las devoluciones por título 42, pero eso no está en manos del municipio”, agregó.

    La Verdad consultó a autoridades de COESPO sobré próximas acciones para atender las necesidades de acogimiento de migrantes venezolanos, sin embargo, no dieron respuesta.

    Cambio migratorio los pesca en el camino

    Migrantes venezolanos expulsados de Estados Unidos a su arribo a Ciudad Juárez

    José lleva consigo una fotografía familiar en su celular. El migrante con nacionalidad venezolana y colombiana, posa con su hija de tres años en brazos, a su derecha aparece su esposa y su hija de siete años, a su izquierda su hermano, su cuñada y su sobrina.

    Ambos hermanos fueron retornados el viernes por la mañana y ya solo cuentan con 480 pesos que, en vez de gastar en un cuarto de hotel, decidieron guardar para poder comer el sábado. Decidieron volar de regreso a Colombia, pero con pasaportes extraviados y vencidos, José y su hermano no pueden tomar un vuelo de regreso a casa.

    Ambos pernoctan en las calles de Ciudad Juárez en espera de definir a dónde ir.

    “Sí me da mucho miedo, pero es lo que hay”, dijo José sobre quedarse a descansar en la calle. “Estás en la intemperie y nosotros hemos visto muchos casos de asalto y crimen sobre todo con los inmigrantes que nos afecta más”.

    Unos metros se encuentra Eliazar. Él carga en una bolsa de plástico sellada su celular, cargador, un billete de cinco bolívares, una biblia y más de cien dólares en efectivo. Es todo lo que los oficiales de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP por sus siglas en inglés) le entregaron a su salida del centro de detención.

    El hombre de 39 años planeaba viajar a Florida donde vive su prima y un sobrino. Pensaba trabajar en el país estadounidense para así mandar dinero a su familia en Venezuela. Eliazar se entregó a autoridades de migración estadounidenses el 11 de octubre y dijo que lo procesaron la madrugada del miércoles.

    A pesar de que autoridades estadounidenses y mexicanas anunciaron el nuevo esquema migratorio para venezolanos al medio día 12 de octubre, Eliazar y decenas de otros migrantes no entraron en el programa de protección temporal que les permitiría ingresar y trabajar en los Estados Unidos.

    “Siento que fue un engaño de los dos países. No nos trataron cómo debían y no siguieron el proceso”, dijo el hombre.

    En Venezuela, Eliazar se dedicaba a la venta de quesos en la ciudad de Caracas cuando la inseguridad en su país y la falta de servicios básicos y gasolina le hacían imposible generar algún tipo de ganancia.

    “No te daba para trabajar, me toco dejar eso y venir para acá”, dijo Eliazar. “Yo decidí salir, pero el culpable es el gobierno de Venezuela. No tenemos seguridad y el presidente que tenemos no sabe manejar el país.”

    Para hacer el viaje de Venezuela hasta la frontera norte de México gastó cerca de 5 mil 500 dólares. Vendió su auto que usaba como medio de trabajo para distribuir los productos de la región de Apura para vender en Caracas y pidió prestado. Con tantas deudas y sin opciones en México Eliazar se siente desolado.

    “No sé qué hacer. Prácticamente vine a botar la plata”, dijo.

    En un comunicado difundido por autoridades estadounidenses, aconsejan a los venezolanos a no realizar el peligroso trayecto pues si entran de forma irregular a Panamá, México y Estados Unidos serán descalificados para poder participar en el nuevo programa.

    “Aquellos venezolanos que vengan a la frontera con Estados Unidos serán regresados a México. No se les permitirá ingresar. Ya está funcionando un nuevo proceso que les permite hacer una solicitud por internet para viajar por avión a los Estados Unidos desde donde se encuentran. Esa es la ÚNICA manera de entrar”, se indicó en el documento difundo.

    Aquellos interesados en aplicar para el programa, informaron, deberán estar pendientes a la siguiente liga donde más información sobre el proceso que estará disponible en los próximos días: www.uscis.gov/es/venezuela

    La vía aérea será la única disponible de entrada para las personas venezolanas, sin embargo, para muchos financiar este viaje y actualizar pasaportes ya vencidos es una barrera.

    Alexander, migrante venezolano que también deportaron, narró que en Venezuela llegaba a ganar un salario de entre 25 y 30 dólares semanales. Con la inflación y devaluación del bolívar, el hombre, que trabajaba como auxiliar de farmacia, veía difícil financiar un vuelo internacional o renovación de pasaporte venezolano.

    El hombre de la ciudad costeña de Cabimas se encuentra varado en Ciudad Juárez. Llegó a pedir mil 200 dólares para hacer el viaje y vendió las pocas pertenencias que tenía entre estas una bicicleta y una tableta electrónica. Ya saliendo de Venezuela desde el 7 de septiembre, Alexander no lamenta haber cruzado la frontera buscando asilo, pues no había forma de que supiera que su suerte cambiaría con las nuevas disposiciones implementadas por Estados Unidos.

    “Yo voy a hacer todo lo posible. Voy a volver a intentar y si llegó a trabajar lo voy a mandar a mi familia que esta allá, pero yo a Venezuela no puedo regresar. Tengo deudas que no sé cómo las pago ganando 150 dólares al mes”, dijo Alexander.

    *Esta nota fue realizada por ISTMO PRESS y LA VERDAD, integrantes de la Alianza de Medios de la Red de Periodistas de A Pie. Aquí y aquí puedes leerlas.

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