Chihuahua

jueves 24 junio, 2021
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    Educación en la Sierra Tarahumara, resistir a la castellanización y pandemia

    Docentes, investigadores y un funcionario público, mestizos y rarámuri, reflexionaron y discutieron sobre los procesos de educación en la Sierra Tarahumara, sus logros y dificultades a un año del inicio del confinamiento por COVID-19.

    Texto y fotografías por Raúl Fernando

    ¿Qué tipos de educación debemos de promover en el contexto de la Sierra Tarahumara y en la pandemia? ¿cómo logramos la cobertura de los servicios educativos en comunidades indígenas? ¿cómo mejoramos la calidad de los servicios? ¿cómo logramos mayor participación de las familias y la comunidad en la educación? ¿cómo capacitamos a los docentes? ¿cómo mejoramos la infraestructura? ¿qué necesitamos aprender de estas experiencias?

    Estas fueron algunas de los cuestionamientos planteados en el quinto episodio de “Aquí Estamos”, los Foros de Dignidad para la Sierra Chihuahuense organizados por la Consultoría Técnica Comunitaria AC (Contec), moderado por el antropólogo Juan Loera y transmitido en las redes sociales de la asociación civil.

    “En relación con la pandemia, culturalmente no nos afectó… yo creo que todo lo contrario, con la cultura rarámuri nos está yendo muy bien porque vemos a los niños que están viviendo su vida rarámuri. Ellos están en sus casas realizando sus actividades de acuerdo a la edad que ellos tienen. Los vemos cuando los visitamos, están viviendo la vida en comunidad, lo que realmente se es como rarámuri, la vida como se vive acá”.

    Así lo plantea María Antonia Barragán Cruz, rarámuri docente de preescolar en el poblado de San Ignacio de Arareco y pasante del doctorado en educación en la Universidad Mundo Nuevo.

    Las clases presenciales se suspendieron desde el inicio de la pandemia y María Antonia, así como muchos otros docentes indígenas y mestizos en zonas remotas, sin acceso universal al internet o los medios de comunicación masiva, ha tenido que adoptar nuevas estrategias educativas y, sobre todo, escuchar las necesidades de la comunidad.

    La maestra María Antonia en su salón de clases, cerrado a los alumnos desde hace un año.

    El cierre físico de los planteles escolares obligó a María Antonia a visitar los hogares de los niños, respetando las medidas básicas de sanidad, dándole la oportunidad de conocer a las familias de sus alumnos y así trabajar en conjunto con ellas para mejorar los procesos de aprendizaje.

    “Yo creo que ese plan nacional se aplica tanto a comunidades indígenas como comunidades no indígenas y es algo que siempre nos están midiendo con esa vara, y las condiciones en las que vive un niño en la sierra, o la manera en que piensa un indígena que vive en la ciudad, son bien diferentes. No cumple con las necesidades de aprendizaje que le pueda servir para la vida”.

    La pandemia llevó a la comunidad en general, pero sobre todo a los padres de familia, a involucrarse más en la educación de los niños y las niñas.

    “En lenguaje y comunicación trabajamos sobre los cuentos inventados o de la comunidad, las historias de los abuelos, algo que venga de casa y que las familias puedan apoyar”, agregó la docente.

    Además de Antonia, en el foro estuvieron presentes José Isidro Morales Moreno, rarámuri de Norogachi licenciado en educación primaria, maestro de linguïstica indoamericana por el CIESAS; Aitza Miroslava Calixto Rojas, quien es maestra en antropología social por el CIESAS y coodirectora de la organización Investigación y diálogo para la autogestión social; José Armando Rey Manríquez, director de atención a la diversidad y acciones transversales de Servicios Educativos del Estado de Chihuahua (SEECH).

    Por su parte, la investigadora Calixto Rojas cuestionó el sistema educativo en general para los pueblos indígenas e hizo una crítica al papel que sirven en el proyecto de nación mexicano.

    “Estamos con una escuela que fue profundamente castellanizadora, que buscó corresponder a un proyecto de nación que no contemplaba las diferencias socioculturales como algo valioso sino como algo que se tenía que erradicar”, comentó.

    Las sillas escolares de San Ignacio de Arareco, apiladas desde hace meses.

    De acuerdo con la investigadora, la escuela muchas veces tiene una tendencia a “castellanizar” a los pueblos indígenas sin respetar su cultura y cosmovisión, lo que termina por desanimar a los padres de familia de mandar a sus hijos a la escuela.

    “Es como un sabor ambiguo en donde puede haber la posibilidad del futuro pero también la posibilidad de perder a esa persona que se manda a la escuela porque se va a transformar en ese otro que no se conoce y desprecia su origen”, dijo.

    A través de su organización, Calixto Rojas ha tenido la oportunidad de trabajar en comunidades indígenas en Chihuahua y Oaxaca.

    La llamada “educación intercultural” también fue criticada, pues es común que el sistema educativo mexicano sólo imponga este modelo en los pueblos indígenas, como si las comunidades mestizas urbanas y rurales no tuvieran la necesidad de recibir “educación intercultural”.

    “No hay interculturalidad en el mundo mestizo… pareciera que la interculturalidad es para ellos y no para todos, como si fuera un tema nada más indígena, no un tema para toda la sociedad en general”, dijo Rey Manríquez, funcionario de la SEECH.

    Hablando sobre la educación en el contexto de violencia en la Sierra Tarahumara, el investigador rarámuri José Isidro Morales hizo énfasis en promover una crianza rarámuri basada en la cosmovisión y filosofía rarámuri para mantener una vida comunitaria en buenas condiciones y así evitar que sus miembros caigan en la delincuencia organizada.

    “Según la cosmovisión y la filosofía rarámuri, un niño o una niña tiene que ayudar a sostener el mundo, ayudar a que esté sano, ¿y cómo se hace? a través de las celebraciones, a través del yúmari, de la carrera de bola, de la carrera de ariweta, todo esto parece que son solamente fiestas y no, tiene un significado que va mucho más allá del divertirse… todo esto está ayudando a que el mundo siga existiendo, siga estando sano”.

    Estos conocimientos, dice el maestro en lingüística indoamericana, se transmiten a los niños en su día a día y forman parte de la crianza básica del rarámuri, más que de la educación impuesta desde el exterior.

    Niñas rarámuri juegan en el atrio de la Misión de San Ignacio, en la Sierra Tarahumara.

    “Todo este pensamiento se transmite a los niños no a través de clase… sino a a través del practicarlo, de decirle ‘niño vente vamos a hacer esto, ya cuando tengas la fortaleza de llevarlo a cabo, pues adelante’. Estaríamos aquí hablando de una crianza rarámuri más que de una educación”.

    “Esta crianza… esta forma de ser rarámuri tiene que ver con esto que he mencionado, que es seguir haciendo comunidad, que es seguir haciendo el kórima, y tomar muy en cuenta la cosmovisión rarámuri, la filosofía rarámuri… que son contenidos que no se trabajan en las llamadas escuelas, porque el beneríame, el aprendizaje, pues se aprende en cualquier parte del mundo, no necesariamente en una construcción de cuatro paredes y frente a una persona que es el maestro o la maestra”.

    Los foros organizados por Contec buscan visibilizar algunos de los problemas actuales que se viven en la Sierra Tarahumara en Chihuahua, como la armonización legislativa, servicios de salud, medio ambiente, seguridad y justica y educación.

    Los días 11 y 18 de mayo se llevarán a cabo las discusiones sobre violencia de género y defensores de derechos humanos, respectivamente. El 1 de junio será sobre desplazamiento forzado.

    Las discusiones se transmiten los martes de cada semana a las 5:30 de la tarde vía la plataforma de Facebook de Contec.

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