El joven ódami viajó con su hermano al estado de Sinaloa para trabajar como jornaleros y ayudar a su madre, quien también trabaja como jornalera al sur del estado de Chihuahua. Hace cinco meses, Alejandro de 15 años, fue atropellado. Sus patrones y la fiscalía de Sinaloa han tratado de desviar la causa de muerte y agilizaron su sepultura sin avisarle a su madre, para evitar la autopsia. Sin embargo, hubo testigos del accidente, entre ellos su hermano
Por Leo Barro/Raíchali
La madre ódami Guadalupe Hernández y su familia denunciaron irregularidades en la investigación del caso de su hijo Alejandro Chaparro Hernández, de 15 años, fallecido (o asesinado) el 5 de abril 2026 en el municipio de Juan José Ríos, Sinaloa. La Comisión Estatal de Derechos Humanos de Sinaloa y la Defensoría Pública Federal, ya han intervenido ante la falta de avances.
A cuatro meses de la muerte de su hijo menor, la señora Guadalupe Hernández, originaria del municipio de Guadalupe y Calvo y miembro del pueblo originario ódami, sigue sin respuestas. Lo que ocurrió la madrugada del 5 de abril de 2026, cuando su hijo Alejandro Chaparro Hernández, de apenas 15 años, fue atropellado en Juan José Ríos, se ha convertido en un calvario burocrático y una profunda herida cultural para su familia.
Aquella mañana, José Luis Chaparro, hermano de Alejandro, llamó a su madre para darle la peor noticia. Ambos habían viajado a Sinaloa para trabajar en la pizca de papa junto a otras personas, en condiciones que su familia califica como precarias porque no le pagaban su salario, sólo les dan un préstamo de cien pesos para que se compren algo para comer, pero nunca les pagaron, solo le decían que ya debían mucho y donde vivían, dormían en el camión donde se trasportaban.
Cuando Alejandro Chaparro fue atropellados, la tragedia se agravó porque sin su consentimiento, el cuerpo de Alejandro fue sepultado en Los Mochis.
“Allá en Los Mochis a mi hijo José Luis no le explicaron nada, no le dieron chance de hablar con nadie. El patrón, un tal Ángel, se encargó de todo. Ya hasta sepultaron a mi hijo ahí mismo, sin autorización mía ni de nadie”, denuncia Guadalupe Hernández en entrevista con este medio.
El joven no estaba casado ni tenía hijos, por lo que la decisión del entierro, según la familia, debía recaer en ellos. Además de la falta de información, la familia señala que José Luis fue amenazado con consecuencias legales si continuaban indagando.
Nos hablaron del campo porque pedíamos el cuerpo que nos mandaran, pero ellos ya lo habían enterrado me dijeron que ya no lo movieran con las autoridades porque si seguían las consecuencias, la culpa iba ser todo para su hermano José Luis porque lo llevó siendo menores de edad y la familia lo iba a acusar por el Desarrollo Integral de la Familia DIF, y que allí se los iban a quitar todos sus hijos y que irían a la cárcel, agrega Guadalupe Hernández.
Por otra parte, José Luis Chaparro, quien estuvo en el lugar del accidente de su hermano, dijo en entrevista para Raíchali, que al momento de la tragedia él pidió a sus patrones que le ayudaran para su traslado al estado de Chihuahua, donde vive. No tenía para su pasaje porque no le pagaron las semanas trabajadas ni le dieron indemnización.
“Mi mamá dijo que batallando consiguió el dinero, ya completo el dinero para mandarme para que me viniera porque en ese momento no contaba con los recursos económicos, no sé cómo le hizo. La verdad me vine bien triste porque mi hermano se quedó allá y más porque sé que no está vivo y su cuerpo quedó lejos de su tierra, por eso estamos haciendo todo para que no las traigan”, externó en su idioma, el ódami.

Foto: tomada de la página de Facebook del municipio
Irregularidades y lucha legal
La denuncia, que inició con el apoyo del visitador de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos (CEDH) en Parral, Juan Portillo, y que fue trasladada a la visitaduría de Derechos Humanos en Delicias, se centra en un cúmulo de irregularidades jurídicas. “El vehículo lo atropelló y fueron ocultando todo”, comenta José Luis.
La principal inconsistencia señalada es la causa de muerte. Mientras que el hermano de Alejandro y su familia sostienen que fue un atropellamiento, las autoridades de Sinaloa habrían determinado que se trató de una “muerte natural” por cirrosis hepática. Guadalupe Hernández cuestiona: “¿Cómo mi hijo de 15 años va a morir de cirrosis? No sabemos ni quién fue la doctora que lo determinó, no se hizo la necropsia que marca la ley. Tampoco encuentran acta defunción, está lleno de irregularidades, no sabemos que es lo que paso y como se determinó su fallecimiento para decir que fue muerte natural de cirrosis”.
Ante la negativa de las autoridades de Sinaloa para trasladar el cuerpo a su lugar de origen, en Guadalupe y Calvo, la familia ha iniciado una batalla legal. Interpusieron una denuncia penal por homicidio imprudencial en contra del conductor, Víctor Quiñonez, y un amparo, con número de expediente 1569/2026-VI, en la Defensoría Pública Federal. Tras una audiencia en los Tribunales Federales, se ordenó a las autoridades competentes realizar el traslado de manera urgente, pero la familia asegura que las fiscalías de Sinaloa y Chihuahua no han cumplido. “Las autoridades ya fueron condenadas mediante una suspensión, pero no han hecho nada. No hay avances ni respuesta”, lamenta la madre.

Foto: Especial
El significado cultural del regreso
Para la comunidad ódami, la sepultura en un lugar distinto al de origen tiene un profundo significado espiritual. “Para nosotros es importante apoyarlo en su regreso para que descanse bien”, explica Guadalupe Hernández.
En los rituales funerarios del pueblo ódami, primero tienen expuesto el cuerpo de la persona de dos a tres días para que los familiares y conocidos lo visiten y se despidan por última vez. Colocan veladoras todo el tiempo flores junto a su caja y una cruz en la parte de la cabeza del difunto.
Una vez que lo sepultan en el panteón, realizan sus rituales tres días que inician por la tarde y lo velan por toda la noche. Le colocan comida de lo que le gustaba, sin sal y hasta el día siguiente la familia le deja comida para acompañarle. Y el último día, en el altar colocan los objetos con los que él trabajaba, como su morral, talacho, azadón, arado, mecate, ropa, calzado y también con los que usan en sus juegos tradicionales como la bola de madera, entre otros. Una vez que cumplen el ritual, el alma se va al cielo y descansa. Sin embargo, si no realizan el ritual ni lo sepultan en su lugar de origen en la comunidad ódami, no se le puede acompañar a su regreso para que descanse bien.
“Necesitamos tenerlo cerca para poder hacer nuestros rituales. Mientras no se haga eso, la persona sigue entre nosotros buscando sus cosas”, señala la familia.
“Quiero que me lo traigan, está sepultado muy lejos de su familia, en Sinaloa. No queremos que estéN contando mentiras de que murió por cirrosis, que se sepa la verdad de lo que pasó”, exige Guadalupe Hernández.
El tiempo corre y, mientras la familia espera la sentencia del amparo, el dolor se acrecenta con la incertidumbre. La familia Hernández hace un llamado a las autoridades para que se coordinen de fiscalía a fiscalía y, finalmente, se haga justicia, permitiendo que Alejandro descanse en su tierra.
Están en espera de la respuesta del amparo y de que las autoridades cumplan, que las fiscalías del estado de Sinaloa y de Chihuahua, se coordinen para el traslado de los restos de Alejandro Chaparro Hernández, es el clamor de Guadalupe Hernández.
El municipio de Juan José Ríos, donde murió Alejandro, es un municipio nuevo relativamente. En marzo de 2021 se convirtió en el número 20 del estado de Sinaloa, una vez que el Congreso del Estado aprobó su desincorporación de los municipios de Ahome, Guasave, Sinaloa y El Fuerte.

Foto: Especial
