Persisten la falta de médico permanente, medicamentos y atención de urgencias en la clínica de Baborigame; familias indígenas caminan horas para recibir consulta y denuncian abandono por parte de las instituciones de salud.
Karla Quintana/ Raichali
Un niño de tres años fue llevado a Baborigame, del municipio de Guadalupe y Calvo, con fiebre de 38 grados, inflamación y falta de apetito, con necesidad de hospitalización. Sin embargo, personal de una caravana de salud le dijo a su madre que no podían atenderlo porque “no les toca”.
El menor ya convulsionaba, fue trasladado al hospital de la cabecera de Guadalupe y Calvo, donde permaneció internado tres día. Fue dado de alta sin una recuperación completa y sin seguimiento médico posterior. Esa es sólo una de las historias que viven en las comunidades de la región.
Habitantes de Baborigame, en el municipio de Guadalupe y Calvo, continúan sin acceso a servicios de salud dignos. La clínica de la comunidad tiene varios años sin médico permanente, sin medicamentos suficientes y con una atención irregular, denunciaron pobladores y organizaciones civiles a través de un comunicado difundido por Consultoría Técnica Comunitaria (CONTEC).
De acuerdo con un pronunciamiento público hecho por CONTEC, en febrero pasado la población indígena y mestiza ha solicitó nuevamente, a los tres niveles de gobierno, garantizar atención médica adecuada, llpero la situación no ha cambiado.
Actualmente, sólo hay un doctor que acude dos días por semana, aunque no siempre se presenta y no permanece de forma fija porque no ha sido contratado formalmente.
Las organizaciones señalaron que, aunque durante una campaña de donación realizada meses atrás, la ciudadanía respondió con apoyo de medicamentos y material de curación, los insumos ya se agotaron y nuevamente los anaqueles de la Clínica de Salud de Baborigame se encuentran vacíos.
“Cientos de familias indígenas deben caminar por horas para llegar a la clínica, tan sólo para escuchar que no hay medicinas disponibles o que no hay material para curarlos”, expusieron y añadieron que incluso faltan sueros y desparasitantes para niñas y niños.
También denunciaron que, aunque existe una ambulancia, ésta no se encuentra disponible las 24 horas para emergencias, lo que representa un riesgo para pacientes que requieren ser trasladados a la cabecera municipal o a Guachochi para recibir atención hospitalaria.
Los pobladores informaron además, que una doctora del programa Medi Chihuahua acude únicamente durante los primeros días de cada mes, pero antes del día 20 ya no se encuentra en la comunidad. A esto se suma que las brigadas médicas no visitan regularmente las comunidades y, cuando lo hacen, no alcanzan a atender a todas las personas.
En comunidades como Los Otates y San Juan tampoco hay doctor. Según denunciaron, a algunas familias se les ofrece transporte desde Santa Rosa hasta Guachochi por hasta 2 mil pesos, un costo imposible de cubrir para muchas personas.
Una habitante de Baborigame también señaló que en la clínica de Llano Grande, aunque a veces brindan atención, frecuentemente permanece cerrada o solicitan demasiados requisitos para recibir consulta.
“Incluso, es común que las mujeres parturientas se alivien afuera, en la banqueta de la clínica, porque está cerrada o no hay quién atienda”, expuso.
Ante esta situación, las organizaciones civiles acusaron abandono institucional y señalaron directamente al IMSS-Bienestar, responsable de la Clínica Rural, así como a la Secretaría de Salud del Estado de Chihuahua, Servicios de Salud de Chihuahua y Medi Chihuahua, por deslindarse de responsabilidades mientras la población permanece vulnerable y sin atención.
Por ello, hicieron un llamado al gobierno del estado, a la Secretaría de Pueblos y Comunidades Indígenas, a la Secretaría de Salud de Chihuahua y al IMSS para que atiendan de manera urgente la situación y garanticen servicios de salud dignos, suficientes y con pertinencia cultural, como establece la obligación constitucional.
Asimismo, solicitaron nuevamente a la ciudadanía apoyo mediante donativos de medicamentos, desparasitantes, sueros y material de curación para abastecer la clínica mientras se resuelve la crisis sanitaria en la región.

