Chihuahua

miércoles 21 febrero, 2024
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    Hikuri a demanda: ser vivo en subordinación y tensiones

    Hikuri payeniere yuheiwerie hetsienamieme memuyukwit+wek+

    En medio del conflicto de potencias, de las humanas contra las naturales y espirituales entre pueblos originarios y mestizos sobre el uso de una cactácea con componentes psicoactivos, se abre un marco propicio para desfavorecer a la planta convertida en droga.

    Por: Jade Ramírez, Adrián Montiel, Bianca América y Paujarito. Foto: INPI. 14 agosto, 2023 / Perimetral

    La omisión y no protección gubernamental, el saqueo cultural y la comercialización global de unos de los pilares de la cultura wixarika, dañan un ecosistema importante en la Sierra Madre Oriental y el Altiplano mexicano.

    “Desde que me acuerdo he vivido muchas ceremonias pero el recuerdo más viejo que tengo, era muy niña: iban llegando los peregrinos y mi papá masticó algo, lo escupió en el centro de mi cabeza, pensé que era hikuri pero era otra raíz sagrada porque traen muchas raíces, era para fortalecer mi energía; en ese momento me dieron un pedazo bendecido, me lo tenía que comer, recibir, que entrara al cuerpo. Lo que hacen algunas niñas es esconderlo y yo me lo comí”, es como trae al tiempo de ahora Paulita, una defensora del territorio wixarika donde se vive la amenaza de quedarse sin el elemento crucial de su cultura, el hikuri, la primera vez que lo recibió.

    Wa+kawa teteayexeiya meripait+pai pa+ netikueriwat+ nemuyeika, karik+ meripait+ akuxi ne nunutsikaitsie ya nera´eriwa ta kie meya´ax+akak+ k+kamete, kwit+wa ne yeu tixa+ tiutakei m+k+k+ta nemu´utsie hix+apa kaneneuti´ip+tsa, hikuri ne ne´eriekai, meta nana p+ta h+k+kai waniu aix+ nereueriekak+ ya netsiuyuri ne yeu; manata ne tsiere netiyatuiriyarie chipeme, nemitakwanik+ tsiere nemutitanakek+. X+ka hikuri peútuit+arieni hipat+ t+ri mepi´awiwieta ne paunekwa´+y+ p+ta nepitakwai”, Pa+ tiyukuxata Paulita kehapa+ m+y+ mat+ari hikuri mu takwaitsie nunutsiyari.

    Sonreír entre suspiros es lo que le pasa a la maestra de primaria Paulita Carrillo Carrillo, cuando habla de esa plata. Es originaria de San Andrés Cohamiata en el municipio de Mezquitic, México. 

    Ha sido profesora 16 años y está titulada con Maestría en Construcción del Conocimiento en una universidad a cargo de los jesuitas. Ahora también es funcionaria.

    Es tesorera de los Bienes Comunales en San Andrés Cohamiata, comunidad wixárika en Jalisco, México. 

    Es “líder entre los líderes” dice, siente cómo la cuidan los marakaates, sabios wixaritari cuyo pilar cosmogónico es la flor de cinco colores, el hikuri. 

    Sobre su nueva encomienda entiende “no es solo cuidar los dineros de la comunidad sino los recursos naturales, la gente”.

    Fue clave hablar con ella para este reportaje para dimensionar el conflicto socio-ambiental pues su gran maestro, un ser vivo protegido por normas mexicanas y leyes hasta prohibir su uso, es consumido por adeptos al peyotismo como una droga de alto impacto.

    La alucinación que experimentan teiwarixi -mestizos en wixárika-, ha sido plenamente documentada en artículos publicados en ciencias sociales, así como instantáneas en redes sociales.

    Pero nada iguala cuando kauyumari -venado azul- habla a los peregrinos tras varias horas de ceremonia hasta encontrar el sitio sagrado, el hikuri y comerlo.

    Respeto al hikuri es respeto a una misma

    Paulita Carrillo Carrillo es parte de una familia con una importante potencia, a nivel comunidad es reconocido ese linaje de peregrinos, marakaates y jicareras.

    Su hermana Marcelina, la mayor de cinco, vive dedicada a preparar las ceremonias, entrar en trance y hablar con el dios. 

    “Hablamos mucho del hikuri mi hermana y yo, pero le tenemos mucho respeto y a ella no le gusta profundizar”, me aclara. 

    Incluso dice Paulita que Marcelina habla una lengua que muchos ni entienden, cree viven estresados por todo lo que sueñan jicareras y marakaates y debe cumplirse.

    El recuerdo más viejo lo conserva con claridad, dice que el hikuri le ayuda a decidir bien.

    “Primero me lo comí con un poquito de miedo porque había escuchado que unos veían víboras, pero fue muy sagrado, no vi nada de eso, solo me fortaleció en mi intuición”.Paulita Carrillo Carrillo, tesorera wixaritari en San Andrés Cohamiata

    Foto: Plaza del tupika, San Andrés Cohamiata. Autor: Ramón Jiménez, 1978. DR. Fototeca Nacho López, INPI.

    Al hablar lo que enfrentan se desespera, pues los no wixaritari y algunos de ellos, toman el hikuri en Wirikuta sin rituales de por medio.

    Tenemos templos o centros ceremoniales, en el camino se van confesando, lo saludan, le piden permiso para agarrarlo y cuando se vienen ya se despiden…y al saber que no lo hacen de esa manera, si da mucha tristeza porque para nosotros es un elemento de la naturaleza respetado”.Paulita Carrillo

    Despojo físico y simbólico

    Se trata del territorial, por las 10 mil 500 hectáreas que les han invadido y bajo litigio en 17 juicios agrarios.

    Llevan 50 años peleando y hasta ha cobrado vidas de defensores del territorio.

    También el despojo cultural a causa de la extracción ilegal del hikuri nombrado en wixárika, peyote es el término mestizado que proviene del náhuatl.

    En todo el mundo resonó ¡Salvemos Wirikuta! una campaña magnanima contra la explotación minera en 142 hectáreas en San Luis Potosí, México.

    La multinacional First Majestic Silver Corp -canadiense-, tiene 72 concesiones mineras entre 55 sitios sagrados de pueblos originarios en Durango, Nayarit, Jalisco y Zacatecas.

    La subsidaria Minera Real Bonanza, posee 35 concesiones en la reserva natural, reconocida desde 1994 y la mitad son sitios sagrados. 

    Cada comunidad tiene un territorio que les corresponde para peregrinar, dotarse de hikuri y hacer su práctica ceremonial. 

    Lee el resto de este trabajo especial en Perimetral, integrante de la Alianza de Medios de la Red de Periodistas de a Pie

    **Reportaje resultado de la beca otorgada por el Fondo para Investigaciones y Nuevas Narrativas sobre Drogas gracias a la alianza Fundación Gabo y la Open Society Foundations, en su cuarta edición**


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