Chihuahua

martes 5 marzo, 2024
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    A trece años sin Ernesto Rábago, comunidades rarámuri exigen justicia

    Los fuertes vientos no impidieron que comunidades rarámuri y familiares del activista Ernesto Rábago, se mantuvieran unidas en una misa y marcha para exigir castigo a los autores de su asesinato. El trabajo del defensor impulsó la recuperación de 21 mil hectáreas de territorio indígena en la Sierra Tarahumara.

    Texto por Óscar Rosales

    Fotografías por Raúl F. Pérez Lira

    CHIHUAHUA.- “Delito que no se castiga, delito que se repite”, fue una de las tantas frases con las que familiares, comunidades indígenas y organizaciones de la sociedad civil exigieron justicia este miércoles por el activista, Ernesto Rábago, asesinado el 1 de marzo del 2010 en la capital.

    Ernesto Rábago fue un defensor del territorito indígena de la Sierra Tarahumara. Acompañó y defendió a la comunidad rarámuri de Bakeachi, municipio de Carichí, quien el primer día de marzo de 1928 le dieron la figura de ejido, por resolución presidencial.

    De acuerdo con Estela Ángeles Mondragón, representante legal de la organización Bowerasa y viuda de Ernesto, fue con esa decisión que el Estado mexicano despojó a Bakeachi de su territorio ancestral, “a los auténticos dueños de la tierra”.

    A Ernesto lo asesinaron el 1 de marzo de 2010 en Chihuahua capital, unos días después de un atentado contra su hija. Un año antes, su despacho en la ciudad había sido incendiado con bombas molotov por su trabajo de defensa del territorio.

    La jornada para recordar al activista comenzó con una misa a medio día, oficiada en rarámuri y en español, por el padre Javier “El Pato” Ávila, en el Sagrado Corazón de Jesús de Chihuahua.

    En el templo se presentaron personas de las comunidades de Bakeachi, Chinéachi, Bakuseachi y Huehuechérare, así como activistas del Centro de Derechos Humanos de las Mujeres (CEDEHM) y del Centro de Capacitación y Defensa de los Derechos Humanos e Indígenas (CECADDHI).

    Durante la ceremonia, el padre Ávila señaló que pese a que se tienen identificados quienes fueron los autores del crimen contra Rábago, las autoridades siguen sin llevar a cabo ninguna detención. Enfatizó que lo sucedido no fue una decisión de Onorúame (el nombre de Dios en rarámuri), sino de personas con “mal corazón, que no saben vivir en comunidad”.

    “Mataron a Ernesto, pero Ernesto sigue caminando junto con nosotros. No lo desaparecieron del pueblo ni de la historia, ni lo sacaron de nuestras corazones”, reflexionó el padre Ávila.

    Terminada la misa, los asistentes marcharon con lonas y flores desde la iglesia hasta Palacio de Gobierno. Sin embargo, antes de su llegada, realizaron una pequeña parada frente a las oficinas de la Fiscalía General del Estado (FGE), donde mezclaron el sonido de tambores y los gritos de “justicia” para expresar su inconformidad antes los nulos avances en la investigación del caso de Ernesto.

    En la Cruz de Clavos, frente a Palacio, las comunidades rarámuri que acompañaron realizaron una ceremonia de “curación” a personas cercanas a Ernesto, en la que utilizaron humo de resina de pino para purificar y llegar con “el corazón limpio”. Este material era el equivalente al incienso para el “chabochi” (la persona no indígena).

    Con una pequeña cuchara rociaron “meke”, el corazón del maguey, entre las ofrendas florales y fotografías que se colocaron en el lugar. Bajo la figura de Ernesto Rábago figuró el retrato de Miroslava Breach, periodista asesinada el 23 de marzo del 2017, quien cubrió de manera cercana a las comunidades indígenas presentes.

    De acuerdo con los rarámuri, si bien no había nada que curar, la ceremonia servía como una forma de reconciliación del ser humano con la naturaleza.

    Tras el ritual, Estela Mondragón tomó el micrófono y manifestó la molestia de ella y de las comunidades indígenas al ver como, administración tras administración, no hay avances en las investigaciones del caso.

    “No existen palabras para dimensionar la ausencia de Ernesto y la impotencia que sentimos cada día por no ver luces de justicia”, manifestó la representante de Bowerasa.

    Estela señaló que desde su asesinato, hay falta de voluntad política para generar respuestas que lleven a la detención de los asesinos de Ernesto, pues incluso en un primer momento las autoridades habían perdido la carpeta de investigación.

    “Hoy estamos aquí para mostrarle a las autoridades que permaneceremos fuertes, juntos y juntas; firmes en contra de que la impunidas persista”.

    La comunidad de Bakeachi, aquella que Ernesto defendió, se ha convertido en referente nacional e internacional al haber recuperado 21 mil hectáreas de su territorio ancestral. A finales del año pasado, les fueron entregadas las últimas partes de dicho territorio que estaban en manos de once ganaderos mestizos.

    La comunidad se encuentra en las profundidades de la Sierra Tarahumara, a 207 km de la ciudad de Chihuahua, un recorrido aproximadamente de cuatro horas en automóvil.


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