Chihuahua

viernes 9 diciembre, 2022
Ver más

    Los escombros de violencia se levantan en pandemia, en Ciudad Juárez

    Este reportaje forma parte del proyecto “Desaparecer en pandemia”, un trabajo realizado en conjunto entre Raíchali, Elefante Blanco, Técnicas Rudas y la DW Akademie en Latinoamérica. Para revisar la publicación original, conocer más y adentrarte en la versión interactiva, visita https://desaparecerenpandemia.org/.

    Por: Patricia Mayorga

    CIUDAD JUÁREZ, Chih. Cuando llegó a Ciudad Juárez la orden de confinarse por la pandemia de Covid-19, el centro de esta frontera se paralizó de manera aparente. Con sigilo, continuaron abiertos los centros de prostitución regulados o no.

    A unos pasos del centro de esta frontera, se encuentra uno de los cinco puentes internacionales, el Paso del Norte, que recibe diariamente a cientos de migrantes deportados.

    La primera imagen que los recibe al cruzar el puente a Ciudad Juárez, es un monumento de memoria por los feminicidios ocurridos desde la década de los 90. Es una cruz negra con un fondo rosa rodeada de gruesos clavos con listones que llevan el nombre de cientos de víctimas niñas, adolescentes y jóvenes asesinadas en esta ciudad.

    Por la franja fronteriza, del lado de Ciudad Juárez se observan colonias terregosas acostumbradas a resistir a la precariedad laboral, a la impunidad y al dolor. Desde el horizonte de la frontera se alcanza a percibir la arquitectura pulcra y ordenada de la vecina ciudad de El Paso, Texas. Los habitantes de un lado y del otro, conforman la comunidad binacional que comparte empleos, escuelas y algunas costumbres.

    A poco menos de dos kilómetros del puente, se llega a pie al centro de Ciudad Juárez, donde los efectos de la pandemia se desdibujaron durante 2020 y 2021. En 2021, las principales calles se abarrotaron de mercancía formal e informal, y se puso en evidencia el movimiento sospechoso en hoteles, que junto con la proliferación de bares en la avenida Vicente Guerrero, aumenta el riesgo que representa esa zona para las mujeres.

    Un recorrido por las calles que se esconden en el pleno centro

    Unas letras grandes y coloridas con íconos juarenses, forman el nombre de Ciudad Juárez por la calle peatonal 16 de Septiembre. Ahí comienza a incrementarse el ruido por los vendedores y vendedoras que rodean las calles alrededor de la Catedral.

    En las calles laterales del sur de la Catedral, se amontonan puestos ambulantes donde los comerciantes venden de todo. Por calles como La Paz, Francisco Mina, Ramón Ortiz, Noche Triste, Rafael Velarde, entre otras aledañas, se esconden diferentes negocios clandestinos, como hoteles y bares. Detrás de las carpas que forman los puestos, se asoma otro Juárez del que nadie se anima a hablar.

    Los rostros amables de los juarenses que trabajan en las calles del centro responden con gusto a las preguntas de los visitantes y están dispuestos a orientar y a conversar con orgullo, de pequeños fragmentos de la historia de la ciudad. Lo paradójico de una ciudad donde coexisten varios mundos.

    Frente a la Catedral se puede ver una serie de comercios detrás de arcos históricos. A través de los arcos que ya sólo abarcan una cuadra, cuenta con orgullo un hombre de unos sesenta años, con bigote negro poblado, cómo era el centro cuanto llegó a trabajar su oficio ahí. “Eran esa cuadra y esa otra con arcos, se veía bien bonito. Pero vinieron gobiernos municipales quesque a modernizar y tiraron todo”. Él, igual que decenas de comerciantes a quienes se les preguntó por hoteles como el París o el Frontera, aseguró no conocerlos, a pesar de estar a sólo dos o tres cuadras de ellos.

    El renacimiento de los hoteles fantasma

    “Aquí a la esquina, doblas hacia la derecha, antes de llegar a la esquina está el hotel Plaza, a ver si tienen cuartos ahí”, “del París no sé, tal vez ahí le den información”, “sólo hay como dos hoteles nada más por aquí”, “puede quedarse también en otro cerca del puente”, respondieron al preguntarles la ubicación del hotel París y Frontera.

    En las calles céntricas de Ciudad Juárez conviven el miedo, la precariedad, la complicidad de redes de actividades ilegales y los edificios clausurados por efectos penales, con la vida, el empuje, el trabajo, la alegría y la solidaridad de la comunidad juarense.

    Los puestos abarcan banquetas y calles que abarrotan con ofertas anunciadas sobre maniquíes, puestos de ropa, artículos personales, comida y estilistas. Entre los amontonados puestos se asoma una pequeña puerta de metal desgastada sobre la calle La Paz. Hacia adentro se observa un pasillo angosto que lleva a un patio con habitaciones viejas y desatendidas a los costados. Su estructura es como un pequeño penal. Es el hotel París, del que nadie da referencias en el centro, pero su vida late como en un submundo en el primer cuadro de la ciudad. Ahí pasa las tardes y noches, un grupo de mujeres en espera de sus clientes. A unos diez metros hay otro grupo, en el hotel Frontera, que es sólo conocido en ese mundo sumergido.

    En esas calles desaparecieron decenas de mujeres jóvenes, entre 13 y 17 años, que eran reclutadas por una red de trata entre 2008 y 2011, así se demostró en el primer megajuicio efectuado en 2014. Los dos hoteles y otros del mismo giro que rodean la zona del mercado Reforma, se apagaron a partir del desmantelamiento de la red de trata. Los cuerpos de las niñas y adolescentes aparecieron entre 2011 y 2012 en el Arroyo El Navajo, en el municipio de Praxedis Guerrero, dentro del Valle de Juárez.

    Aún no cierran las cicatrices y sigue fresco el recuerdo del horror que develaron las mamás de las jóvenes desaparecidas. El miedo por el retorno del pasado reciente, alertó a vecinos del centro, quienes notaron movimientos extraños en el hotel París, e informaron sobre el asesinato de dos mujeres trabajadoras sexuales ocurridos el año pasado y de la proliferación de mujeres jóvenes que inician actividades en plena pandemia, por la precariedad económica y laboral que hay en la frontera.

    Sobre el hotel París alertaron que en octubre de 2021 observaron movimientos sospechosos. Algunos días, cuando las mujeres no asistían a trabajar, entraban y salían del lugar con mercancía cuyo contenido se desconoce. Pero la mayor preocupación fue cuando comenzaron a escuchar gritos por las noches. De esta situación no hay registro en las dependencias ni en medios de comunicación.

    Las cifras de las víctimas olvidadas entre el ruido de la ciudad

    Y es que morir de manera violenta en esa zona, es quedar en el olvido.

    Los homicidios que ocurrieron en los dos primeros años de la pandemia, 2020 y 2021, evidencian la indiferencia hacia las víctimas. Sólo en la zona centro, la Fiscalía General del Estado registró 59 homicidios dolosos de enero de 2020 al 13 de diciembre de 2021.

    De las 59 víctimas, las autoridades desconocen la edad de 25 personas, y de 47 desconocen la ocupación, es decir, sólo saben a qué se dedicaban 13 personas. La gran mayoría, 49, fueron asesinadas en la vía pública y 36 con arma de fuego, es decir, más de la mitad. Una muestra más de una realidad alimentada por la impunidad y la indiferencia, dónde no existe voluntad de llegar a la verdad, mucho menos a la justicia.

    Las cifras se desvanecen entre la algarabía de la vida céntrica de Juárez. Entre el ruidoso sonido de los camiones urbanos, se mueve un mundo paradójico.

    “Pásele amiga, ¿qué va a llevar?

    Pan ranchero-, se escucha en tono norteño por un altavoz ambulante, alrededor de los mercados del centro.

    Empanaditas rellenas de cajeta, lleve las empanaditas muchachos… lleve las empanaditas muchachas.

    Todo en oferta, todo en oferta, caballero. Todo lo que les agrade, pásele señorita, pásele.”

    Entre el ruido del día de Ciudad Juárez caminan mujeres muy jóvenes y adultas, que ofrecen servicios sexuales. Entre los puestos, por la parte trasera de estos, algunas se forman discretamente detrás de las puertas de los hoteles clandestinos que parecen pequeñas cárceles desgastadas. Una u otra deja de ir sin que nadie la extrañe, salvo sus compañeras que tienen prohibido dar datos o comentar los casos y están vigiladas constantemente.

    En cada esquina de la Catedral y de la plaza de armas, se escuchan las canciones “Amor Eterno” o “La Frontera”, que interpreta alguno de los imitadores de Juan Gabriel o imitadores de Tin Tan vestidos de “pachucos”. Se acompañan con bocinas para interpretar sus canciones. Pasos más adelante, un predicador advierte sobre las consecuencias de vivir en pecado. Es gente trabajadora y alegre que hace de la frontera un lugar fascinante.

    La amabilidad y la solidaridad de la gente es evidente, no sólo apoyan con señas sobre el centro, también comparten su historia y anécdotas. Sin embargo, nadie habla de la violencia, nadie reconoce la existencia de los hoteles clandestinos a pesar del flujo que se incrementó el año pasado en esos lugares.

    El tejido comunitario dentro de la precariedad

    Por las mismas calles deambulan adolescentes y jóvenes que no pierden de vista el movimiento de visitantes en la zona. De acuerdo con habitantes del mismo centro, la venta de droga interna ha proliferado durante la pandemia y con el cierre de escuelas.

    El criminólogo juarense Óscar Máynez dio a conocer que con la pandemia no se redujeron los homicidios, sobre todo los relacionados con el crimen organizado, sino que continuaron.

    “Uno pensaría que se iba a acumular la droga en la frontera porque se cerraron los puentes, pero si ves el flujo migratorio a Estados Unidos, continúa, porque se permite pasar a residentes y a ciudadanos norteamericanos. Ahí te das cuenta qué tan intercomunicadas están las dos comunidades, porque las líneas en los puentes están larguísimas. De cada cien carros, por lo menos uno lleva estupefacientes. Y no, no se reflejó en disminución de narcóticos ni sustancias prohibidas. No afectó la oferta de droga en Estados Unidos, no se disparó el precio”; advirtió.

    El especialista en seguridad de esa frontera, recordó que cuando estuvo en la cúspide la guerra contra el narcotráfico declarada por el expresidente Felipe Calderón Hinojosa, cuando estaban todas las ciudades cerradas, “estábamos prácticamente en estado de sitio por las desapariciones, las muertes y los secuestros; estaba la cosa terrible en México, y en Estados Unidos ni lo notaron, porque jamás hubo escasez ni disminución o aumento del precio de las drogas. Todo siguió igual, y esto te habla de cómo está estructurado el negocio del narcotráfico. Siempre tienen plan B para sus estrategias y ataques para continuar”.

    En esta pandemia, lo único que se alteró o colapsó fue el sistema de salud por el número de muertes que hubo en El Paso al inicio de ésta y por la llegada de oleadas de migrantes nacionales y centroamericanos, agregó Máynez.

    Respecto de los migrantes, la sociedad juarense es una de las más solidarias. Los ha acogido, apoyado y ha abierto refugios. “La sociedad se organizó para atenderlos, después los empezaron a deportar en forma masiva a México de Estados Unidos, fueron victimizados tanto por crimen organizado como por policías locales. Les robaban. Algunos encontraron empleo, muchas empresas les abrieron las puertas para empleo temporal”.

    Al continuar el recorrido por el primer cuadro de la ciudad y colonias aledañas, en las paredes proliferan grafitis artísticos y citas bíblicas en las bardas de las casas. El canto cristiano que más se escucha por las calles es “Más allá del sol”, que refuerza el mensaje de los grupos cristianos apostados también en las calles peatonales, mientras repican las campanas de la Catedral.

    Sin embargo, por lo menos dos inmuebles icónicos de criminales están ahí para recordar el dolor de decenas de adolescentes y jóvenes que desaparecieron en esa zona: el hotel Verde y la ex casa de seguridad de Los Aztecas, del grupo criminal La Línea, brazo armado del cartel de Juárez.

    A unas siete u ocho cuadras del centro y muy cerca del río Bravo, en la calle Mariano Samaniego de la colonia Buenavista, se ubica el hotel Verde, que está rodeado de casas particulares. Ahí reclutaron desde 2008 a 2011 a las jóvenes. La vida familiar alrededor del hotel continúa como si nada hubiera pasado. Niñas y niños juegan en las calles y en contraesquina del hotel, abrieron un local de evangélicos para orar por la paz de la zona y de Juárez. A una cuadra, una barda grita en letras rojas: JESUCRISTO: REY Y SEÑOR DE CD. JUÁREZ.

    La ciudad como testigo: paredes que gritan

    Las paredes del hotel Verde son testigas, permanecen pesquisas pegadas por las mamás de las jóvenes desaparecidas, que fueron recluidas en ese inmueble, según se demostró en el “mega juicio” que sentenció a seis integrantes de la red de trata. Las personas sentenciadas reclutaban a las víctimas, pero nunca detuvieron a los autores intelectuales o jefes de la red, tampoco a policías federales, estatales ni militares, es decir, los principales clientes de ese hotel .

    “¿Dónde están?, nuestras hijas, ¿dónde están?”, se lee en letras negras con fondo rosa. En una de las ventanas el letrero de clausura evidencia las consecuencias del horror de aquella época, cuando las mujeres entraban y salían con sus victimarios, a la vista de los vecinos.

    “La disposición o apoderamiento de este bien sin autorización legal, son delitos sancionados por los artículos 285 y 395 del Código Penal Federal, por lo que cualquier persona que sea sorprendida tratando introducirse o generando anomalías, será puesta a disposición de las autoridades correspondientes. No. de referencia 1751907”, se lee en el anunció de clausura efectuada por el gobierno federal.

    Y atrás de la Catedral, en la calle Melchor Ocampo número 133, quedan los restos de la casa de seguridad del grupo Los Aztecas de La Línea, brazo armado del cartel de Juárez. Esa casa también fue ubicada en el juicio, como “la vecindad”.

    Según los datos que se dieron a conocer en el juicio, ahí guardaban mercancía ilegal y también escondían a las mujeres víctimas de secuestro, dos de ellas fueron asesinadas ahí: Nancy Gómez Farías de 19 años y Jusalet Alejandra de la Cruz Lucio, de 16. Ambas fueron encontradas muertas el 12 de agosto de 2011 en el viaducto Díaz Ordaz, cerca del centro de la ciudad hacia el poniente.

    En esa casa de seguridad, ahora alquilan cuartos descuidados en el segundo piso. En el primero montaron un negocio donde se exhiben imágenes de santos y de la santa muerte. Es común observar cuartos en renta a lo largo del centro que muestran la precariedad incrementada por la pandemia.

    Los destellos de alerta por el retorno del pasado ahí están. La mayoría los ve en el centro de la ciudad pero el miedo y los altos índices de impunidad, parecen haber amordazado a quienes transitan, trabajan o habitan en esta zona fronteriza. Sin embargo, la confianza y solidaridad nadie la ha podido apagar.

    La precariedad que trajo la pandemia ha agudizado la situación con el incremento de jóvenes que inician en el trabajo sexual y el movimiento de estupefacientes, así como con el aglutinamiento de puestos y vendedores que transitan entre éstos para llevar un poco de dinero a sus hogares.

    La reapertura de focos rojos en la pandemia: hotel París y hotel Fortuna

    Sobre la impunidad del pasado y situaciones no resueltas, la pandemia movió la activación del mercado negro en Ciudad Juárez junto con la precarización de la economía generalizada que ha impactado con la pandemia de Covid-19.

    A principios de 2021 desapareció del centro de Juárez, por tres meses, una joven de nombre Sugey, así la conocían sus compañeras del centro. Ella se dedicaba a la prostitución y un día simplemente desapareció y posteriormente apareció muerta. Nadie supo su nombre verdadero ni sus apellidos, ni su edad ni procedencia.

    “A Sugey la mataron, no la encontraba nadie, duró tres meses desaparecida. Era una joven muy agradable, nadie supo por qué la mataron. Lo que sí ha pasado es que están matando a varias muchachas por estas áreas, a unas las conocemos, a otras no”, relata Norma, una de las mujeres que laboran en el centro de la ciudad.

    Recorrer las céntricas calles de Juárez con una mirada puesta en los recovecos de los puestos y mercados, es palpar el horror del pasado que amenaza con activarse. En otra parte de la zona, otra vecina que pidió guardar su identidad por seguridad, relata que a otra chica la asesinaron también el año pasado enfrente del hotel Refugio, a unas dos cuadras del hotel París.

    “No se ha podido saber quién era. Las chicas que trabajan cerca de ahí, no pueden decir mucho. Si las ven platicando mucho, hay riesgo. Hay ‘orejas’, algunas se atreven a llamarlas así. Si duras mucho tiempo ahí, te siguen o vigilan. Cuando mataron a una chica enfrente del hotel El Refugio, ahí la dejaron tirada, cuando nos comentaron dijeron que no podían decir más”, comentó otra vecina de la zona centro, quien pidió guardar su identidad por seguridad.

    No se sabe cuántos hoteles hay en esa zona, porque han surgido o reabierto más, sin que se note entre la actividad comercial informal y formal del centro. Así transcurre la vida de dos mundos paralelos y muy distintos.

    El hotel París se encuentra en la calle La Paz número 448, atrás del mercado Reforma. Fue uno de los inmuebles clandestinos que operó durante la peor época de violencia en Ciudad Juárez, pero su actividad bajó después del desmantelamiento de la red de trata de mujeres. Este hotel no tiene letrero. Por una estrecha puerta se observa un largo pasillo que da a cuartos laterales descuidados, es de un sólo piso.

    “Desde octubre del año pasado se observó movimiento de nuevo aunque supuestamente ya estaba cerrado. Como a mediodía se veían dos o tres mujeres afuera, esperando trabajo. Días después ya no se veían ellas por la tarde, pero cuando no están, se ven hombres que sacan cajas en ‘diablitos’. Decían que guardaban cosas del mercado, mercadería y que el dueño rentaba los cuartos y demás. Pero nos preguntamos, si guardan mercancía, ¿por qué a veces hay chicas y a veces no?”; reitera uno de los vecinos del centro.

    A unos diez metros del hotel París se encuentra el hotel Frontera. También se observa hacia adentro un largo pasillo. Ahí trabajan más mujeres que en el París, están formadas en hileras de sillas en un largo pasillo que igual lleva hacia un patio con cuartos laterales y más rejas. Frente a los hoteles hay puestos de ropa nueva, deportiva y casual, que hacen invisibles los pasadizos que hay entre estos.

    “Después del primer año de pandemia aumentaron mucho los puestos ambulantes, a veces no puedes ni caminar, está exagerado de gente. Hay mucho desempleo y se nota”, aseguran los entrevistados.

    A dos cuadras del hotel ensaya un grupo de matachines para una ceremonia, a unas cuatro cuadras las autoridades estatales y municipales acuden a inaugurar eventos festivos, dedicados lo mismo para mujeres que para pueblos indígenas, entre otros. Transitar el centro de Juárez es escuchar a todo volumen la música norteña, andina, baladas.

    Por la calle Francisco Mina operan por lo menos cuatro hoteles que, aunque no están escondidos detrás de los puestos ambulantes, tienen la misma función. Son los hoteles San Lorenzo, El Refugio, Fortuna y El Viajero. Afuera o alrededor de estos, cada vez hay más mujeres jóvenes.

    Placas Texanas marcan la ubicación de bares clandestinos

    Por la avenida Vicente Guerrero, que pasa a un costado de la Catedral, han reabierto varios bares maltratados y descuidados a lo largo de unas quince cuadras. La Vicente Guerrero es una avenida extensa y desolada, con viviendas abandonadas o en ruinas, negocios clausurados, con vidrios quebrados, que son testigos de una época de horror por la violencia expuesta que vivió Ciudad Juárez entre 2008 y 2011.

    Por el sistema de transparencia, la Secretaría de Gobierno del estado de Chihuahua, dio a conocer que en la dependencia sólo tienen registrado un bar en la Vicente Guerrero. La Secretaría de Gobierno respondió que en el centro y la avenida Vicente Guerrero, hay doce establecimientos autorizados como bar o cantina: Club del Buen Tiempo de la avenida Vicente Guerrero, que tiene permiso desde 2016.

    Los demás se encuentran en otras calles del centro: El Arbolito, Club 15, Club Las Pisca, Minerva Sport Bar y Restaurante, El General, Las Cubanitas, Club Bach autorizados en 2016; El Gran Moderno y Nuevo Vallarta, en 2017; Club Gallo Rojo, en 2018 y Club Intermezzo en 2019.

    Los mismos vecinos de la zona alertaron sobre la reapertura de bares y cantinas en la avenida Vicente Guerrero y de camionetas lujosas con placas de Texas, estacionadas afuera de los hoteles.

    En un recorrido realizado para este trabajo, se pudo comprobar que a lo largo de la avenida operan con sigilo varios bares y en efecto, con camionetas texanas en el exterior. “En las tardes los abren, ya están funcionando desde octubre de 2021, más o menos. Hay carros elegantes con placas de Texas afuera de estos lugares. Son detalles que te dicen mucho porque tienen buenas llantas, altas. Son bares que aparentemente son de mala muerte”, añadieron los entrevistados.

    “El bar Casa Colorada, que está por el gimnasio Josué Neri Santos, está muy feo por fuera y en la tarde también llegan camionetas de Texas. Por dentro es muy bonito, es un lugar donde bailan mujeres como negocio del lugar”, indican. El bar Casa Colorada se encuentra en la calle Melchor Ocampo a unas diez cuadras de la plaza de Armas.

    En entrevista con dos de las mujeres que trabajan en la zona, aseguran que en Ciudad Juárez no hay oportunidades que les permitan salir de esa situación. En el trabajo de limpieza de casas han sufrido abusos, a pesar de que la ley se modificó para garantizarles mejores prestaciones.

    “Y en las maquiladoras deben trabajar hasta once horas porque no se respetan las ocho reglamentarias. A pesar de los abusos contra trabajadores, dicen, la Secretaría del Trabajo no hace nada para solucionar el problema de fondo”.

    La apertura de estos bares se da en un contexto de precarización para la ciudadanía juarense, que aún no terminaba de recuperarse cuando llegó la pandemia para confinar y cerrar negocios, escuelas y centros laborales con el fin de evitar una crisis sanitaria.

    Megajuicio del pasado, quedó alerta en la actualidad

    Las calles La Paz y Francisco Mina, el hotel Verde, “la vecindad” o casa de seguridad de Los Aztecas y otras referencias que hoy son señaladas y como alertas, fueron mencionadas en el megajuicio de 2015 como los lugares en los que reclutaron, secuestraron, violentaron y asesinaron a por lo menos once jóvenes mujeres.

    Un Tribunal de Juicio Oral sentenció a 647 años a cinco hombres que formaban parte de una red de trata de mujeres, por los delitos de secuestro y homicidio agravado, de acuerdo con la causa penal 267/2014.

    Desde 2011, comenzaron a encontrar los restos de decenas de mujeres en el Valle de Juárez y otra zona de la ciudad fronteriza. Sólo de 11 casos pudieron demostrar la culpabilidad de los sentenciados, pero localizaron en ese tiempo, por lo menos a otras 16 mujeres asesinadas. Decenas más fueron reportadas como desaparecidas en el centro de la ciudad.

    Las primeras investigaciones se le deben a las mamás de varias víctimas, que recorrieron calles y establecimientos del centro, noche y día. Lograron llevar por lo menos, a los cinco delincuentes, aunque hasta ahora no se ha llevado a prisión a autoridades que permitieron el horror que vivieron las víctimas, quienes eran obligadas a realizar trabajos sexuales.

    Ellas eran reclutadas con engaños en tiendas de abarrotes, estéticas, tiendas de ropa y otros comercios del centro, alrededor del mercado Reforma. Los testimonios de víctimas y de los mismos detenidos, evidenciaron que a las jóvenes también las “usaban” elementos militares, policías federales y locales. En algunos casos, las mandaban pedir de la ciudad de Chihuahua y de Estados Unidos.

    En el megajuicio las mamás pusieron nombre y rostro al horror con una serie de detalles de los secuestros y violencia: María Guadalupe Pérez Montes (tenía 17 años), Lizbeth García (16), Perla Ivonne Aguirre González (15), Idaly Juache Lagunes (19), Beatriz Alejandra Hernández Trejo (19), Jésica Leticia Peña García (15), Daysi Ramírez Muñoz (16), Andrea Guerrero Venzor (15); Mónica Liliana Delgado Castillo (18), Jessica Terrazas Ortega (18) y Jazmín Salazar Ponce (17).

    Según un adolescente detenido que se convirtió en testigo protegido, Luis Raúl Ramírez Loera, además de las víctimas que formaron parte del juicio, en “La vecindad” asesinaron a Jusalet Alejandra de la Cruz de 16 años y a Nancy Gómez, de 19. La desaparición de las jóvenes y la localización de los restos ocurrieron entre 2009 y 2011, cuando los registros hemerográficos indican que llegaron los agentes federales y militares a esta frontera. Quien era fiscal especializado en delitos contra mujeres, Ernesto Jáuregui Venegas, reconoció que había autoridades involucradas.

    El tribunal ordenó que el Ministerio Público investigara a elementos policiacos, custodios y funcionarios carcelarios de los reclusorios de Ciudad Juárez, sobre su presunta participación o protección de la red de trata. Hasta ahora no hay nadie detenido.

    A la luz del día, trasladaron los cuerpos al Valle de Juárez, que supuestamente era vigilado por los cientos de militares y policías federales que inundaron Ciudad Juárez. Las palabras cargadas de miedo de las madres de las víctimas ante el tribunal y frente a los asesinos de sus hijas, aún resuenan en Ciudad Juárez:

    “Yo quisiera saber cuáles fueron las últimas palabras de mi hija (…) díganme cómo le hago para, para no pensar, cuando mis hijos salen a la escuela y mi esposo a trabajar, que ya no van a regresar (…) nunca pensé que hubiera gente tan mala, y menos porque ellos salieron de una mujer y ojalá que nunca sepan lo que se siente. Cuando siento esto, tengo deseos de quitarme la vida, de quedarme dormida para que esto ya no duela, para no pensar que ya no voy a besar a mi hija”: Norma Laguna Cabral, mamá de Idaly Juache Laguna.

    “Siento coraje, culpa. Mi familia se está desintegrando, yo no quiero ir a terapia psicológica, yo quiero justicia y aquí estoy. Yo quería estar aquí desde que la enterraron…Es desde que me entregaron los restos óseos. Me duele no haberle cerrado los ojos a mi hija en el momento que ella expiró, quiero que se lleven eso en su mente”: Dora Venzor, mamá de Andrea Guerrero Venzor.

    Y llevaron a los perpetradores a hablar al final del juicio:

    “Yo soy padre y no me gustaría que me hicieran lo mismo”, “yo la entiendo, también perdí a mi padre y a mi madre”: José Antonio Contreras, sentenciado.

    Las madres de las jóvenes insistieron en el juicio en que continuarían con la exigencia de justicia para que ni otra joven más viva lo mismo. Los feminicidios en la frontera no cesan. En 2019 asesinaron a 276 mujeres en Juárez, en 2020 la Fiscalía General del Estado registró 288 homicidios de mujeres y hasta noviembre de 2021, fueron 286.

    La misma dependencia estatal reconoce el centro de Ciudad Juárez como la colonia con mayor incidencia del delito de homicidio doloso en 2021, junto con Riveras del Bravo, Infonavit Casas Grandes, El Papalote y Sendero de San Isidro.

    Podcast: Voces de Juárez

    Este reportaje forma parte del proyecto “Desaparecer en pandemia”, un trabajo realizado en conjunto entre Raíchali, Elefante Blanco, Técnicas Rudas y la DW Akademie en Latinoamérica. Para revisar la publicación original, conocer más y adentrarte en la versión interactiva, visita https://desaparecerenpandemia.org/.


    TE PUEDE INTERESAR: La pandemia invisible en la Sierra Tarahumara: tala ilegal y desplazamiento forzado

    Déjanos tus comentarios

    Recientes

    spot_imgspot_img

    Notas relacionadas

    error: El contenido de Raíchali está protegido. Apoya periodismo independiente.