Familia sotolera de Chorreras busca preservar cinco generaciones de tradición ante el cambio climático

Texto y fotos Karla Quintana/Raichali

Productores del ejido Chorreras, en el municipio de Aldama, trabajan en la reproducción de la planta y buscan adaptarla a las nuevas condiciones de sequía; el proyecto familiar suma cinco generaciones dedicadas a la elaboración de sotol.

La disminución de las lluvias y las condiciones de sequía  del desierto en el estado de Chihuahua comenzó a dificultar la producción de sotol en el ejido Chorreras, municipio de Aldama, donde familias dedicadas desde generaciones atrás a la elaboración de esta bebida buscan mantener viva la planta y el conocimiento ancestral de su aprovechamiento.

Noema Ortega Reyes, productora de sotol en el ejido Chorreras, cuenta que ella y su esposo, el maestro vinatero Salvador Derma, comenzó con este proyecto en 2003. Alrededor de 2014 se constituyeron formalmente, mientras avanzaban en la obtención de los permisos necesarios para la extracción y aprovechamiento del sotol, comenzaron también a trabajar en la producción y mantenimiento de su propia planta.

Parte de este proceso consistió en realizar obras para disponer de agua y establecer un espacio donde pudieran reproducir y cuidar las plantas durante un periodo determinado, hasta que alcanzaran las condiciones necesarias para continuar con su crecimiento.

Sin embargo, las condiciones climáticas de los últimos años han dificultado este proceso.

“Con el cambio climático no se ha logrado que se adhiera mucha planta; se secan porque ya nuestro ciclo hídrico del agua […] prácticamente aquí nos llueve a lo mejor una o dos veces al año. Para el área donde estamos nosotros es puro desierto. Entonces, ahorita pues la planta se seca”, explica Ortega Reyes.

Ante esta situación, la familia trabaja en un proyecto con la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH) para estudiar alternativas que permitan germinar la planta bajo condiciones que favorezcan su resistencia.

“Para ver si se puede germinar la planta, pero de una manera estresada para que pueda soportar el cambio climático, que es lo que está pegando mucho”, señala

La familia actualmente cuenta con plantas de uno,  hasta cuatro años de edad que han logrado crecer dentro de su proyecto de reproducción.

“Quisiéramos plantar mucho más, pero tristemente el cambio climático nos pega muy fuerte en ese aspecto. Pero sí, ahí vamos con ese proyecto avanzando”, relata.

Para Ortega Reyes, el aprovechamiento del sotol también implica una responsabilidad con la planta y con el territorio. Explica que el conocimiento sobre el sotol forma parte de una tradición familiar que su esposo recibió de sus antepasados.

El área donde se encuentra el ejido Chorreras cuenta con presencia de sotol silvestre y, de acuerdo con Ortega Reyes, la familia de su esposo se ha dedicado durante generaciones a la elaboración del sotol. Norma Ortega explica que la planta utilizada para la elaboración de sotol es llamada dasylirion conocida como sotol o sereque en la región. 

Su esposo, Salvador Derma, es la cuarta generación de vinateros de la familia. Ese conocimiento, explica, fue transmitido desde sus antepasados y se convirtió también en una relación de respeto hacia la planta.

“Su abuelito se volvió vinatero, todos ellos fueron vinateros  de corazón de toda la vida, tienen mucho conocimiento, él ya lo traía de sus ancestros, él empezó a agarrar la pasión, el amor y el respeto a cada planta,”expresó. 

A este conocimiento se sumó el acompañamiento de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), institución con la que, señala, han trabajado en procesos relacionados con el aprovechamiento y cuidado de la planta.

“De acuerdo a toda esa información y a todo ese apoyo por parte de la Conafor, estamos muy agradecidos porque nos han enseñado también a cuidar y valorar aún más”, expresa.

Norma Ortega
Foto: Karla Quintana

Un proyecto que se convirtió en familiar

Además del proyecto de producción de sotol que iniciaron Noema Ortega y Salvador Derma, la familia decidió crear una marca propia hace aproximadamente cuatro años.

La iniciativa surgió a propuesta de su hija, quien creció dentro de la vinata y decidió continuar con la tradición familiar mediante un proyecto propio.

“Esta nueva marca, Sotol Lazo de Mi Vida, platicó con mi hija conmigo y nos dijo: ‘¿Saben qué? Pues vamos a formar nuestra propia marca, ¿por qué no de familia?’”, recuerda Ortega Reyes.

La marca pertenece a su hija, quien también participó en la creación de su identidad visual. El nombre y el logotipo están vinculados con la historia de su familia y con el lugar donde creció.

“El logo lo hizo mi hija y el nombre se lo puso ella porque creció prácticamente en la vinata”, cuenta.

El diseño, explica, tomó elementos que recordaba del lugar donde vivió parte de su infancia, entre ellos la casa del rancho y una maceta que su madre acostumbraba colocar en la ventana.

“Yo soy tu capullo, dice, yo aquí crecí, y este lazo que me enreda como enredadera, es el lazo de mi vida. […] Son las raíces que me unen a ustedes, a mi legado, de lo que yo traigo y pues que es algo que yo quiero que siga, que nunca pare, porque ya soy quinta generación y esto nunca se va a acabar, al contrario”, relata Ortega Reyes al explicar las palabras de su hija.

Actualmente, la familia comercializa distintas presentaciones de sotol, entre ellas el blanco o tradicional, también conocido como joven; un curado de damiana; un reposado con 26 plantas medicinales y una presentación con veneno de víbora.

“Es un trabajo de familia y hace cuatro años que estamos con este proyecto. Apenas les damos a conocer nuestro producto, nuestra marca y gracias a Dios hemos sido muy aceptados”, comparte.

Para la familia que ha producido sotol cuatro generaciones en el ejido Chorreras, mantener la producción no depende únicamente de la conservación de las conocimiento del quehacer de la bebida. También implica sostener el crecimiento y la continuidad de la planta, creciendo en un territorio donde las condiciones climáticas han cambiado.  

“Los principales retos […] ha sido el cambio climático porque en los últimos años que se ha trabajado con el sotol, los últimos destilados, dijéramos así, no han dado rendimiento”, explica.

Mientras las plantas que comenzaron a cultivar continúan creciendo y algunas ya alcanzan cuatro años de edad, la familia busca ampliar su producción y encontrar alternativas para que el sotol pueda desarrollarse bajo las condiciones actuales de sequía.

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