Chihuahua

jueves 25 julio, 2024

Somos todos iguales, nomás que fuimos regados en distintos lugares

Esa es una crónica del proyecto periodístico colaborativo Bordes Fronterizos, historias de migración indígena, realizado por periodistas de los estados de Oaxaca y Chihuahua, integrantes del Raíchali, El Muro Mx y El Universal Oaxaca.

Por Raúl F. Pérez Lira

Ciudad Juárez.- Judith González recibió una llamada de su prima en marzo de 2023. Una sobrina de Judith estaba resguardada en el albergue “Nohemí Álvarez Quillay”, en Ciudad Juárez y su familia le pedía que fuera por ella. Había intentado cruzar la frontera, pero fue detenida por las autoridades de los Estados Unidos y deportada a México. Como era menor de edad, no podía salir del albergue por su propia cuenta.

De inmediato Judith llamó a la directora de la asociación civil donde trabaja en la ciudad de Chihuahua. Le explicó que tendría que ausentarse al día siguiente por una emergencia familiar y dejó todo listo para partir por la mañana. Llegó a Ciudad Juárez al medio día y se dirigió al albergue. Para su sorpresa, ahí ya se encontraban dos hombres de San Miguel Panixtlahuaca, la comunidad chatina de donde Judith es originaria, quienes también acudieron a ayudarla a ella y a otra menor de edad originaria de la misma comunidad.

—¿Ustedes vienen de allá de la comunidad nada más para hacer esto? —les preguntó Judith.

—No, tenemos aquí como dos años. Trabajamos aquí en los ranchos de Anapra. Vivimos en un hotel y de ahí nos vamos a trabajar directo para allá —le contestaron.

A Judith le enviaron fotografías de las actas de nacimiento necesarias para validar el vínculo familiar con su sobrina y sus paisanos fueron a imprimirlas (a color, como les solicitaron) pero no las hicieron válidas por un error en el acta de su madre. Tampoco pudo ver a su sobrina ni hablar con ella, por protocolos de seguridad del albergue.

Le dijeron a Judith que así era imposible que se llevara a su sobrina, pero que podía iniciar un trámite en el DIF de Oaxaca para solicitar que la llevaran hasta allá, donde pudiera recogerla otro familiar, así que optaron por iniciar el trámite. La menor de edad, quien habla chatino y un poco de español, estuvo un mes resguardada en el albergue antes de poder salir y regresar con su familia por esa vía.

“En mi comunidad se da mucho la migración hacia Estados Unidos porque no hay tantas fuentes de empleo y entonces la gente se ve obligada a desplazarse a la ciudad o a EE.UU.”, explicó Judith, quien tiene veintiocho años y vive desde hace quince en la ciudad de Chihuahua. “La gente se va desde muy chica, desde los catorce años, sobre todo los hombres, pero más recientemente la migración ha aumentado en niñas y adolescentes”.

Judith migró hacia el otro lado del país cuando tenía trece años. Como esa repentina llamada que recibió desde Oaxaca para ayudar a su sobrina, un día su hermana también le habló desde Chihuahua con una propuesta que le cambiaría la vida.

—Oye, está la prima allá para que te vengas con ella. Sale mañana a las 5 de la mañana. Ya trae el dinero para tu pasaje —le dijo su hermana.

Su madre la animó. Tenía dificultades económicas y en San Miguel Panixtlahuaca ya no podría ayudarla a terminar la telesecundaria. Como ella quería seguir estudiando, aceptó irse.

“Me acuerdo que estábamos en un funeral y ya terminando los rituales de ahí ya nos fuimos a agarrar la suburban”, recordó Judith. “Llegué aquí el seis de agosto de 2008. Todavía me acuerdo, porque marcó un antes y un después para mí”.

El cambio no fue fácil. De pronto el español desplazó al chatino en su vida diaria y eso la volvió callada al principio, pero logró adaptarse y terminó la secundaria y la preparatoria. Después estudió una licenciatura en ciencias de la información en la Universidad Autónoma de Chihuahua —aunque en un principio quiso estudiar derecho— y al mismo tiempo comenzó a trabajar como reportera en un periódico digital.

Entre las aulas de la universidad y el reporteo en las calles de Chihuahua, Judith apenas si podía descansar. Le parecía difícil tener que hablar en español con tanta gente que ella no conocía, sobre temas que no dominaba, dentro de su timidez. Cubría una gran variedad de fuentes: activistas de la comunidad LGBT+, el congreso, el ejecutivo, la Secretaría de Energía, el Tribunal Supremo de Justicia y personas indígenas defensoras de su territorio en la Sierra Tarahumara.

En los más de cuatro años que trabajó como reportera, escribió sobre las victorias de la comunidad rarámuri de Choréachi en el tribunal agrario, sobre el asesinato del rarámuri defensor del bosque de Coloradas de la Virgen, Julián Carrillo, sobre la premiación a Prudencio Ramos como “Guardián de la Palabra” por su trabajo de fortalecimiento de la lengua rarámuri, entre otros temas que la acercaron a las comunidades indígenas de la Sierra Tarahumara.

Aunque pertenecen a culturas muy distintas, Judith siente que hay una conexión entre los pueblos indígenas, la cual se hacía evidente cuando entrevistaba a personas rarámuri.

“De verdad que la conexión se hacía muy rápido. Yo hablaba de mi comunidad, de las costumbres y de la cosmovisión y de ahí nos soltábamos hablando sin necesidad de algo más cuadrado. Sólo hablábamos y sentía esta aceptación, como si fuera mi casa”.

En una ocasión tuvo la oportunidad de ir hasta Rochéachi, una comunidad a más de 400 kilómetros de la capital, entrevistar al poeta y músico tradicional rarámuri Erasmo Palma.

“Me dijo ‘es que somos todos iguales, nomás que fuimos regados en distintos lugares’, y fue algo que se me quedó muy grabado. Fue bien impresionante, bien interesante todo lo que estábamos compartiendo, porque era una plática de ida y de venida”.

Judith dejó el periódico donde trabajaba pero buscó seguir cerca de las comunidades indígenas de Chihuahua. A los seis meses —y después de trabajar brevemente en una financiera— consiguió un empleo en Alianza Sierra Madre, una asociación civil que acompaña y asesora a comunidades indígenas en su lucha por defender su territorio, como Choréachi y Coloradas de la Virgen.

“Yo estaba buscando desesperadamente algo que me llevara a mi comunidad, a lo que se vive en la comunidad y Alianza Sierra Madre trabaja con comunidades indígenas aquí y trabajan en acompañamiento a las personas defensoras. Todo eso me interesaba también porque me surgió del periódico y también por de dónde vengo”.

Judith regresó a su comunidad por primera vez siete años después de su partida. “Todo lo que conocía ya no estaba”, dice en la oficina donde trabaja. Sus amistades, su familia, la comunidad y ella misma habían cambiado. Algunas personas se habían ido a otras ciudades o a los Estados Unidos. Otras, habían fallecido. Sus compañeras y compañeros de la escuela le reclamaron por haberse ido sin despedirse.

—¿Todavía hablas chatino? —recuerda que le preguntaban sus familiares.

—Pues claro. Viví aquí trece años —respondía ella.

Desde entonces vuelve más seguido a San Miguel Panixtlahuaca. A veces le dan ganas de regresar, aunque sea temporalmente, para retribuir algo a su comunidad, y desde la distancia ayuda cada vez que puede, así como viajó a Ciudad Juárez para ayudar a su sobrina.

Habla con su madre en chatino, quien a veces le pasa recados de la comunidad. De pronto alguien tiene duda de cómo hacer un trámite o resolver un problema, y acuden a Judith u a otras personas con estudios y otras experiencias que puedan ayudarles.

“Algunas personas nos sentimos obligadas a salir de donde somos, pero al final también es conocer otras cosas que nos llenan de saberes, conocer a otras personas, otros lugares, y también cuando regresamos esas cosas que conocemos se vuelven parte de la comunidad. Ese conocimiento que llevamos, ya sea de Chihuahua, de Guadalajara, o de donde decidimos migrar, incluso de allá del otro lado, de EE.UU., la gente regresa con otros conocimientos y la comunidad cambia con ese conocimiento. Esa nueva forma de ver la vida, pero también con nuestra forma de ver la vida, se hace un complemento de todo eso”.

Esta investigación fue realizada gracias al apoyo del Consorcio para Apoyar el Periodismo Regional en América Latina (CAPIR) liderado por el Institute for War and Peace Reporting (IWPR).

El proyecto colaborativo completo encuentra en los siguientes enlaces:

https://bordesfronterizos.elmuromx.org/

https://raichali.com/bordesfronterizos


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