Chihuahua

sábado 4 diciembre, 2021
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    Unidos por la esperanza de encontrarlos vivos

    En la búsqueda de sus hijos, hermanos o padres, familiares de víctimas de desaparición forzada crearon el Colectivo Familias Unidad por la Verdad y la Justicia en Ciudad Juárez, desde donde hace más de 10 años caminan juntos hasta encontrarlos.

    Texto: Karen Cano / La Verdad Juárez

    Ciudad Juárez – La mañana del jueves 9 de enero del 2020, Darío Alexis Nava Nava salió de su casa rumbo a una estética a cortarse el cabello. Tomó prestado el teléfono celular de su hermano y, apresurado se despidió de su mamá. Esa fue la última vez que su familia lo vio, tenía 17 años.

    Un año y medio después, nadie sabe nada de él, dice la mamá de adolescente, quien pide se reserve su nombre por seguridad.

    “Trabajaba de 3 de la tarde a 1 de la mañana en un Circle K, pero siempre se quedaba horas extras, saliendo venía a dormir, luego en las mañanas se iba a ver a su esposa y a su hijo, y luego se iba a trabajar; no hacía otra cosa, no le conocí enemigos ni gente con la que tuviera problemas, no sé porque pudo pasar esto”, cuenta la mujer.

    Durante la búsqueda, la familia de Darío Alexis se unió al Colectivo Familias Unidad por la Verdad y la Justicia, al que se agrupa otras 11 familias de hombres que fueron víctimas de desaparición forzada. El grupo, cobijado por el Centro de Derechos Humanos Paso del Norte, tiene más de 10 años activo e impulsa el acompañamiento entre sí en diversas actividades que lleve a la localización de sus desaparecidos.

    Mamá de Darío Alexis Nava muestra fotografías de su hijo desaparecido el 09 de enero de 2020. Fotografía: Karen Cano

    La mujer cuenta que tras las denuncia de desaparición de su hijo, el caso fue cambiado de ministerio público de manera frecuente. “Los ministeriales vinieron solo dos veces y eso cuando apenas pasó, parece como si ya no hubiera nada más que hacer, que ya se desapareció y ya. Luego supe del colectivo y entonces aprendí muchas cosas”.

    Refiere que, al momento de interponer la denuncia de desaparición de su hijo las autoridades debieron de haber activado la Alerta Amber, pues Darío Alexis era menor de edad, y no lo hicieron; sin embargo, ella no supo eso hasta que se unió al colectivo y se lo explicaron, por eso en ese momento no lo exigió

     “Cuando salió se llevó el teléfono de su hermano, lo quito del cargador. A las 12 (del día) empezamos a llamarle, pero ya no contestaba, estaba apagado; ni siquiera fueron para intentar rastrear en que momento y lugar el teléfono quedó sin señal”, recuerda sobre el inicio de la búsqueda de su hijo.

    Este viernes por la mañana las familias del colectivo acudió un predio en la calle Pavorreal, entre Cuarta y Flamingo, de la colonia Granjas de Chapultepéc, con la intención de hacer un rastreo. Se tienen indicios de que en ese sitio pueden encontrarse los restos de personas desaparecidas; sin embargo, el rastreo no se llevó a cabo debido a que la Fiscalía General del Estado en la Zona Norte no les proporcionó la maquinaria que requerían para poder excavar.

    “Nos dijeron que la estaba usando la JMAS, así que no pudimos hacer mucho, solo limpiamos”, explica la madre de Darío Alexis.

    La mujer considera que los esfuerzos de las autoridades por encontrar a su hijo siempre han sido deficientes, pues durante 9 meses no tuvo ningún avance en el caso, y fue hasta que se asesoró con los miembros del colectivo cuando empezó a sentir que no estaba sola.

    “Ha sido muy doloroso, luego te llegan pensamientos, no sabes si seguir teniendo esperanza o no, comenta. “Me están atendiendo tres psicólogas, una del colectivo, una del IMSS, y una que es por fuera; me dan medicamentos para la depresión y los nervios”.

    UNA BÚSQUEDA PERMANENTE

    Rastreo realizado por integrantes Colectivo Familias Unidad por la Verdad y la Justicia. Fotografía: Favia Lucero / YoCiudadano

    Los rastreos, caravanas de búsqueda, visitas a reclusorios y hospitales mentales, así como las mesas de diálogo con autoridades forenses, son actividades constantes que las familias del Colectivo realizan no solo en Ciudad Juárez, sino también en otras partes del estado y del país.

    “A veces van las familias por su cuenta, a veces como una actividad en colectivo, a veces porque alguna familia tiene indicios de que su familiar podría encontrarse ahí y vamos”, explica Daniel Alejandro Durán Calderón, quien dirige este colectivo. Él también busca a su hermano desde hace casi 10 años.

    El 17 de julio del 2011 desapareció César Gonzalo Durán Calderón. Tenía 25 años. La última vez que fue visto fue en la colonia Álvaro Obregón, en el municipio de Cuauhtémoc, Chihuahua, comenta Daniel.

    “Mi hermano ya tenía 10 años en Estados Unidos, regresó (a Ciudad Juárez) queriendo encontrar la ciudad que había dejado, pero eran los años de violencia, muchos de nuestros amigos de la infancia ya habían muerto, no había la libertad que quiere todo joven de salir y divertirse, por lo que decidió ir a Cuauhtémoc, donde nació, pensado que ahí sería mejor”, relata.

    El plan de César Gonzalo era trabajar de mecánico durante un tiempo en aquella ciudad, para reunir dinero y regresarse a Estados Unidos; no tenía ni un mes trabajando cuando unas personas fueron hasta su taller y se lo llevaron.

    “Entonces Cuauhtémoc era conocida como la capital de la desaparición, porque eran tantas en una ciudad con tan poca población que era imposible que las autoridades no se dieran cuenta”, explica Daniel Alejandro.

    En la búsqueda de su hermano conoció otras familias con historias similares, orientadas en el proceso por el Centro de Derechos Humanos Paso del Norte. Se dio cuenta que casi todos los hombres que se desaparecían, lo habían hecho en situaciones muy parecidas.

    Así se conformó el colectivo. Este, además de las actividades de búsqueda, les permite acceder a información sobre el fenómeno de la desaparición forzada, reciben orientación sobre la forma en la que deben proceder para encontrar a sus familiares, y también son asesorados psicológica y legalmente.

    Daniel Alejandro Durán Calderón. Fotografía: Rey R. Jauregui

    “Ahora sabemos que a los jóvenes que tienen un tipo de oficio como mecánico, o que arreglen tuberías o antenas, los desaparecen, pero nunca vuelven a aparecer ni vivos ni muertos porque los someten a trabajo forzado. En la sierra y otras partes del estado, hay lugares donde el crimen organizado los tienen trabajando para ellos”, explica.

    La organización se enfoca en la búsqueda de hombres desaparecidos quienes, en su gran mayoría, fueron ‘detenidos’ por personas identificadas como policías, ministeriales o militares; o fueron secuestrados prácticamente frente a estas autoridades sin que las mismas hicieran algo por evitarlo.

    “Es una búsqueda en vida y en no vida, hay familiares que solo están preparados para la búsqueda en vida, y se respeta”, añade.

    LA ESPERANZA

    Hay casos de personas que se encuentran encarceladas con otro nombre, y de otras que se han encontrado en psiquiátricos tomadas como enfermas mentales; del mismo modo existe gente que ha sido alejada de su familia para trabajo forzado, y se les amenaza con hacerle daño si se comunica con ella, menciona Daniel Alejandro.

    Por esas situaciones que señala Daniel, Hildelisa Ávila López dice que tiene el presentimiento de que su hermano, desaparecido hace más de una década, está vivo y con bien, en algún lado.

    “Gracias a Dios que mi mamá murió antes y que no se dio cuenta de todo lo que pasó. Es doloroso”, expresa la mujer de 65 años.

    Su hermano se llama César Ávila López y aunque desde hace más de 11 años no se sabe de su paradero, Hildelisa lleva la cuenta de su edad: tiene 52 años, dice.

    La historia de la desaparición de César comenzó el 31 de enero de 2010, día en el que 15 personas, entre menores de edad, estudiantes universitarios y adultos, fueron asesinados durante una fiesta en una casa en la colonia Villas de Salvarcar.

    Dos de los asistentes a esa reunión son sobrinos de Hildelisa; uno de ellos murió. El que sobrevivió, es hijo de César, razón por la que él, su esposa y sus dos hijos decidieron irse de Ciudad Juárez y estuvieron radicando en Fresnillo Zacatecas.

    Apenas un año después de este episodio, exactamente el 7 de febrero de 2011, César fue interceptado por elementos que aparentaba ser ministeriales, cuyas unidades tenían placas del estado de Chihuahua y fueron a buscarle hasta el lugar donde se encontraba viviendo en aquel estado.

    Preguntaron por el dueño del carro que el usaba, luego lo esposaron y se lo llevaron argumentandp que necesitaban hablar con él para unas investigaciones. Luego de eso fue buscado en la Fiscalía General del Estado de Chihuahua y en otras instancias públicas de esta entidad y de Zacatecas, sin que se diera razón de donde se encuentra, y hasta la fecha su familia no sabe nada de él.

    Hildelisa recuerda que quince días antes de que se lo llevaran su hermano le había dicho que lo estaban siguiendo en un carro chico con placas de Chihuahua.

    “Decía: ‘me estan siguiendo cuando voy a la escuela o al mandado, pero no sé quien sea, nada más me siguen’ y mi cuñada decía que estaba loco, no le dio importancia”, relata.

    Desde entonces la búsqueda de César ha sido constante. Con esperanza, la mujer cuenta que su hermano ha sido visto en otras partes del país, según le han comentado al menos en un par de ocasiones durante las caravanas de búsqueda en las que ha participado a lo largo de México.

    “En una de esas veces unas señoras veían la pesquisa de mi hermano, me acerqué y me dijeron que lo había visto, yo pregunté que en dónde, me dijeron que ahí (en Michoacán), me dijeron que lo traían trabajando”, relata, se refiere a presuntos grupos del crimen organizado.

    Esos comentario mantiene su esperanza, asegura. Un día creyó haberlo visto entre la gente, recuerda, pero tuvo miedo de acercarse, pues no estaba sólo.

    Se mantiene firme en que él se encuentra en algún lugar sin poder comunicarse y sin poder regresar.

    “Tanta gente que anda en los carteles, haciendo tanta cosa ¿De dónde salen? No salen de la tierra ni caen del cielo, sino los encontramos no vivos, ¿dónde están?” dice. “Uno mantiene esa esperanza, ya ha pasado que hasta encuentran a las personas de indigentes”.

    UNIDOS CONTRA EL SISTEMA

    Fotografía: Favia Lucero / YoCiudadano

    Luego de mantener la búsqueda de su hermano, junto Daniel Alejandro y otras familias que estaban pasando por la misma situación, vieron la necesidad de agruparse.

    Después de coincidir en búsquedas o a través de la asociación del Centro de Derechos Humanos Paso del Norte, se conocieron entre si y conformaron el colectivo.

    “Si no existieran estos grupos no pasaría nada, porque las autoridades no hacen nada, aunque se supone que es su trabajo el darnos seguridad en la búsqueda”, señala Hildelisa.

    Las familias de personas desaparecidas aseguran que duran meses o hasta años sin saber nada sobre el expediente de familiares y consideran necesario ejercer presión e insistir activamente en la búsqueda para poder obtener resultados.

    “Cuando empezábamos creíamos que era la persona que te atendía la que no sabía, o que era mala, o que tenía algo personal contra nosotros, después nos dimos cuenta que es todo un sistema, y que la intención es desgastarte para que no sigas buscando”, asegura Daniel Alejandro.

    Por eso, al agruparse, pronto descubrieron que también tenían que capacitarse sobre los protocolos de seguridad y el proceso de denuncia de desaparición; así como también sobre sus derechos humanos.

    “Lo primero que te dice el ministerio público es que ya no se puede hacer nada, ‘no señora, supérelo’, ‘Déjelo en las manos de Dios’, ‘No tiene tanto tiempo desaparecido’, o también quieren echarle la culpa, ahora sabemos que eso es revictimización”, apunta.

    Derivado de esta organización que realizan las familias, tanto en la localidad como en el país, se ha logrado el recientemente el reconocimiento de la desaparición forzada como un delito a nivel nacional; localmente, se pudo establecer mesas diálogo con autoridades forenses.

    “Pero hemos estado presionando, al principio como hace tres años que se hizo la primera, el forense no tenía ni pies ni cabeza, no sabían ni cuanta gente tenían ahí; luego hacíamos manifestaciones para que nos recibieran”, relata.

    Con la pandemia, todo ha sido obstaculizado ante los protocolos de sana distancia. En lo que refiere a las mesas de trabajo con el equipo forense, se les empezó a impedir el paso a todas las familias.

    Se les pedía que no se manifestaran para no aglomerar personas y se les impidió viajar a otras ciudades.

    “Entonces entraban solamente dos personas a las mesas, pero esas dos personas que traían los casos de todas las familias del colectivo; dejaron de recibirnos, así que hicimos manifestaciones, pero sin convocar a gente ni a medios de comunicación, cada obstáculo que se nos ha puesto lo hemos sorteado; porque a las madres no las detiene nada”, cuenta.

    Datos de la Fiscalía General del Estado refieren que al 20 de abril se han reportado como desaparecidas a 207 personas; principalmente en Chihuahua, Juárez, Cuauhtémoc, Nuevo Casas Grandes y Parral.

    Por otro lado el colectivo sostiene que existen más de tres mil cuerpos y fragmentos humanos sin identificar en la entidad, y qué de la misma forma, existe una cantidad similar de personas desaparecidas en todo el estado.

    “No te reciben abriéndote la puerta, tienes que estar ahí, planeando, poniéndote de acuerdo, y no es fácil hacerlo y menos en medio del dolor”, reconoce.

    Este texto lo publicó La Verdad de Juárez, integrante de la Alianza de Medios de Periodistas de a Pie. Ve aquí la publicación original.


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