Raíchali

“Hijos de las Estrellas”, la exposición rarámuri que refleja una cruda realidad

Texto y fotos de Adriana Esquivel

Chihuahua.- En las pinturas de las niñas, niños y jóvenes de la comunidad rarámuri de Choréachi, municipio de Guadalupe y Calvo, los bosques tienen nuevos elementos: helicópteros, fuego y tala desmedida.

Esa visión de los cuidadores del bosque más jóvenes fue recopilada en la muestra pictórica “Hijos de las Estrellas” (Sepoli Kuchuwala), la cual estará disponible en la plaza cultural Los Laureles hasta el 30 de enero.

Cayetano y Prudencio, autoridades de Choréachi durante la inauguración

El proyecto nació por iniciativa de las autoridades indígenas de la región con el apoyo de la organización Alianza Sierra Madre, con la asesoría de la antropóloga Paloma Chavira y Lourdes Sosa, quien fue tallerista, promotora y curadora de las obras.

En la descripción de la muestra se destaca que Choréachi es una comunidad 100 por ciento rarámuri, con una población de 850 personas, aproximadamente. La mayoría de ellos es monolingüe y un alto porcentaje de sus habitantes carece de educación escolarizada. Tampoco hay acceso a servicios básicos.

En esta zona de la sierra tarahumara no hay intervención de la iglesia, pues, desde la colonización, sus ancestros rechazaron el bautismo, por lo que su calendario ritual lo marca la siembra-cuidado-cosecha.

“Para el hablante
de Choréachi no hay palabras diferentes para mundo y montaña, tampoco hay
separación entre el arte y la vida. En la cotidianidad de la gente de esta
comunidad se detectan formas de arte, las cuales no están separadas como
objetos o conceptos artísticos”

Para realizar las pinturas, explicó la curadora Lourdes Sosa, acudieron a platicar con la comunidad sobre su entorno, algunos mitos que giran alrededor de la cultura rarámuri y que fueron documentadas por el maestro Enrique Servín en su libro y se les proporcionaron materiales para comenzar las obras.

“La idea no era enseñarles a pintar o de llevarles ideologías del arte a un lugar que ya lo tiene, que lo llevan desde su nacimiento. Ellos trabajan con lo que tienen en su vida diaria y entender eso fue lo más importante porque trabajamos con ellos sin trastocar su cultura”

El equipo acudió a la comunidad en marzo y julio. Por visita permanecieron entre cinco y seis días, con una participación de entre cuarenta y cincuenta asistentes desde los cuatro hasta los 14 años.

En los talleres se logró establecer un diálogo entre las nuevas generaciones y sus autoridades, en el que hablaron sobre la lucha que han enfrentado por defender “su cuerpo bosque y su cuerpo naturaleza”, detalló.

Históricamente, Choréachi ha sido una comunidad que se ha dedicado a la defensa legal de su territorio y el bosque, lo que ha cobrado la vida de varios de sus líderes, entre ellos, Juan Ontiveros, asesinado el 1 de febrero de 2017.

El resultado va más allá de una pintura, Sosa hizo hincapié en que se trata de documentos históricos o códices en el que los participantes plasmaron su historia, sus costumbres y vidas espirituales.

“En cada pintura podemos ver que hay diferentes niveles de percepción, no es horizontal como en las ciudades grises en las que nos toca vivir. Hay elementos que ponen en los paisajes sobre una clara convivencia en su día a día con el narcotráfico, por ejemplo, helicópteros con dientes filosos como los tiburones, otros como tolvaneras en las que sale fuego”

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