Raíchali

Devoción a la virgen une a dos pueblos en el corazón de la Sierra

Texto y fotos: Adriana Esquivel / Raíchali

Cerocahui, Urique.- La música de los violines y guitarras anuncian la celebración. Por la carretera de Bahuichivo a Cerocahui, municipio de Urique, miles de fieles rarámuri y mestizos de todas las edades danzan matachín para pedir perdón y agradecerle su ayuda a la virgen de Guadalupe.

En esta parte de la Sierra Tarahumara la ceremonia es dirigida por los gobernadores indígenas de cada comunidad con el apoyo de Los Fiesteros, un grupo de personas que, como una manda, se encargan de conseguir alimento y bebida para los guadalupanos.

Ellos inician con los preparativos una semana antes. Se dedican a juntan leña para las fogatas, compran la vaca que darán en sacrificio y contratan músicos para acompañar a los matachines y pascoleros desde la velación el 11 de diciembre, hasta la misa de mediodía el 12.

Las autoridades indígenas tampoco se detienen. El gobernador rarámuri Martín Cadena permanece en la iglesia para tocar la campana y llamar a misa, mientras que la monarca Margarita Quintero encabeza la danza de matachín y cada que le es posible va a el comerachi para ver cómo va la comida.

Durante la fiesta no hay distinción entre chabochi y rarámuri. En Cerocahui todos ayudan, trabajan y danzan por igual y, aunque la velación inicia después de las 18:00 con los primeros matachines y pascoles, llegan desde temprano para convivir y tener todo listo.

Para el padre jesuita Javier “Gallo” Campos, hacer comunidad y vivir como una verdadera familia era lo que la virgen de Guadalupe quería construir cuando buscó a Juan Diego: “no es el templo, sino convivir como hermanos y hermanas, hijos e hijas de Dios”.

Devoción que une a dos pueblos

En 2017, Norberto “Beto” Herrera aceptó recibir de Los Fiesteros la pata de la vaca que sacrificaron para esa ceremonia, con lo que se comprometió a realizar la fiesta por los siguientes tres años.

Aunque sale caro, a él no le gusta pedirles dinero a los demás fiesteros, por lo que sólo les pide que le ayuden a preparar la comida y a cuidar que nadie la pruebe hasta la madrugada del 12 de diciembre cuando se ofrece a la virgen.

“Aquí estamos chabochi, rarámuri y todos los que creemos, no hay ninguna división y lo que me queda a mi es poder cumplir, es una manda, me hace sentir satisfecho en la religión, no tanto por quedar bien con la gente sino ante nuestra madre que es la virgen de Guadalupe”

Para ellos el ritual inicia con la matanza del animal a las 11 de la mañana. Se destaza, se guarda la pieza que entregarán a los próximos fiesteros. Lo demás se lava y se cocina en menudo para el desayuno y barbacoa para después de la comida.

En esta ocasión se sirvió con arroz, tortillas y se prepararon 200 litros de tesgüino para alimentar a los cerca de mil 500 asistentes de las dos comunidades. Pero también prepararon tortillas, café y albóndigas con papas para la velación.

“A mi todavía me falta un año, pero puedo hacerlo después. Hoy vamos a entregar una pata de la vaca para los fiesteros del próximo, podemos decir que ahí se marca el inicio de próximo ritual”

El gobernador no tiene tiempo ni para platicar. A Martín se le observó subir y bajar al campanario para anunciar la misa de las 00:00 del 12. En ratos se detenía a ver las danzas y a platicar con el “Gallo”.

La misa se alterna en español y rarámuri, estuvo detrás de las mujeres que realizaron el ritual de purificación y limpia, tarea que sólo pueden hacer ellas por ser las que dan la vida.

Ya desayunados, entre las 9:00 y 10:00 del jueves 12, los fieles de Bahuichivo y Cerocahui se alistan para iniciar la procesión que los encontrará en el Paso de la Virgen, en donde se encuentra la capilla que queda casi en medio del camino que une a los pueblos.

De Bahuichivo queda más lejos, como a 8 kilómetros, pero de Cerocahui el camino es más pesado por las subidas en la carretera, por lo que a cada comunidad le toma llegar de dos a dos horas y media, cuentan los peregrinos.

En el lugar todo es fiesta. Ambos grupos de peregrinos llegan bailando matachín hasta que las dos vírgenes se encuentran. De ahí danzan hasta una explanada en donde son colocadas al frente para la misa.

Los matachines continúan hasta la misa en la que el padre vuelve a recordar la importancia de la comunidad y se procede a la limpieza y purificación. Al concluir, los fiesteros salientes y entrantes, para reencontrase en el mismo punto el próximo 12 de diciembre.

Al final de la procesión Martín estaba muy contento. Mientras ofrecía tesgüino bromeaba con los presentes porque la fiesta salió bien, aunque “los músicos se nos fueron pa’ otro lado” y tuvieron que bailar en la iglesia con una grabación.

“Aquí lo importante es velar a la virgen, acompañarla, estar con ella, es lo que importa. Bailamos hasta la mañana, estuvimos toda la noche con ella”

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