Raíchali

Opinión: Quién decide de qué se habla

Columna de opinión por Alex Fish

Llegamos puntuales a la cita de las seis de la tarde en las oficinas céntricas de la ciudad. Hacía frío y los huesos lo sabían. Subimos escaleras y adentro ya había alrededor de veinte mujeres de diferentes feminismos y diferente edad, por lo visto esa era la novedad del momento.

Comenzó la discusión para intentar llegar a acuerdos de intenciones, contenidos y logística; por ser nueva me dediqué a escuchar propuestas, sin embargo no pude quedarme callada cuando noté que había un fuerte interés en cambiar horarios de una participación programada desde antes para que se acomodara con la participación y visibilización de otras.

Mi incomodidad surgió en el momento que esa acción ya programada era organizada por gente de clase trabajadora y que las otras que buscaban los cambios, no son clase trabajadora y la mayoría sino es que todas, tienen automóvil propio.

Y abrí mi problemática boca: ¨Aquí en este espacio ya triunfó el feminismo, aquí no hay violencia patriarcal aparentemente porque todas somos feministas, sin embargo la clase nos divide. Estoy entendiendo que desean cambiar el itinerario de la gente que anda a pie para que se acomode a los horarios de quienes andan en automóvil y eso me parece incongruente. Hablan del logro de que las jóvenes estemos aquí dialogando con ustedes porque lo que desean es que más personas se acerquen a las causas y luchas feministas, pero no son capaces de pensar en las que andan en vivebus para que les sea más sencillo acercarse. Les hago la recomendación de que se respeten las acciones que ya estaban programadas¨

Recuerdo los ojos muy abiertos mirándome y asintiendo, acababa de reventar una burbuja y el ¡plop! hizo un ruido ensordecedor, hasta que otra feminista joven institucional no perteneciente a la clase trabajadora, afirmó que ese no era el momento para hablar cuestiones de clase. Vi ese intento de volver a inflar la burbuja como quien pretende inflar un globo que ya estalló en pedazos. La discusión continuó y al final varias de esas mujeres se acercaron para ofrecernos un rait en caso de que anduviéramos en transporte público y sí, nos acomodamos como pudimos en los autos disponibles.

Días después me di cuenta de que al recordar ese momento una molestia muy grande iba creciendo en mí pero no alcanzaba a ponerle palabras. No sabía por qué, en verdad me sentía muy molesta y después de cuestionarme si era mi ego por sentirme contradicha, curiosamente vi un documental llamado ¨Feministas qué estaban pensando¨, en el que Funmilola Fagbamila  menciona que en una asamblea feminista le pidieron no hablar cuestiones de raza y ella también muy indignada cuestiona que ¿cómo es eso posible? si en las reuniones mixtas los hombres no le permiten hablar de género y en las reuniones feministas las mujeres no le permiten hablar cuestiones de raza, y ella no puede dejar de ser ni mujer ni negra.

Me identifiqué bastante con sus palabras y ciertamente encontré consuelo al enojo que traía cargando desde esa reunión feminista en la que hubo un intento por silenciarme. Pero es que yo no solo soy feminista, soy una mujer pobre, soy obrera, soy lesbiana y no tuve privilegio para acceder a educación media superior y superior como muchas de las asistentes a esa reunión.

¿Cómo le hago para quitarme las opresiones que me han definido y marcado durante toda mi vida para que tú feminista blanca privilegiada no te sientas incomoda?

Ser feminista es entender todo este sistema de opresiones y discriminación contra las mujeres, desmontarlo desde adentro del propio cuerpo pero sobre todo politizarlo para organizarse y luchar colectivamente contra ese sistema, porque el feminismo es un movimiento político, no un grupo de autoayuda como dijo Sandra Barba.

Sin embargo a pesar del patriarcado en el que todas las mujeres sufren discriminación, no todas viven opresión. Por ejemplo, aunque yo me haya sentido identificada con las palabras de la afrofeminista Funmilola Fagbamila, nunca entenderé lo que es el racismo porque no he vivido el odio hacia mi piel. El racismo es una opresión que no vivo aquí como mestiza, en un país gobernado por mestizos y blancxs.

Desgraciadamente no comenzó ni terminó ahí como un hecho aislado. Las relaciones de poder están en todas partes y desde luego entre feministas.

Si yo con toda la carga antes mencionada guardo silencio, entonces las lesbianas, las pobres, las feministas de a pie, las obreras, las autogestivas y empíricas quedan fuera de la discusión; pero si tú como feminista blanca, clase media, heterosexual y con licenciatura no guardas silencio para que las otras hablemos, entonces el patriarcado sigue intacto desde sus propias estructuras.

Porque tú no pierdes espacios por entrar en el canon de la buena feminista que no incomoda, a ti se te permite hablar en universidades, auditorios, la radio, televisión, medios digitales e impresos etc. pero además, incluso se te paga por ello.

Si entre feministas no podemos dejar de socializar ejerciendo relaciones de poder ya sea desde el clasismo, la heterosexualidad, el adultocentrismo, el capacitismo entre otros, entonces ¿cómo esperamos que este movimiento feminista avance al ritmo que se necesita? Porque al vivir en un sistema patriarcal, éste decide quién ocupa espacios, define a otrxs, quién habla y quien puede existir. Si no encuentras obstáculos para hablar de tu feminismo, si hay aprobación masculina entonces cuestiónate si lo tuyo no es supremacía blanca.    

Compañera, solo recuerda que no es más grave que se señale tu clasismo que andar con cincuenta pesos en la bolsa para transporte y comida, y todavía se espere que seas activista de alto rendimiento que además tenga tiempo, amor y paciencia para educar a las feministas privilegiadas. Lo grave es la estructura opresiva, no que se te señale una incongruencia.

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